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Cultura empresarial: EVALUACIÓN ORGANIZACIONAL

Escrito por Jorge Alberto Vale Sánchez en Sábado, 24 Marzo 2018. Publicado en Cultura Empresarial, Cultura Empresarial, Desarrollo humano, Desarrollo organizacional

Pareciera ser una regla general el temor a la evaluación. Desde pequeños nos acostumbramos a ver en ella la parte final de un proceso dentro del cual nos jugábamos a todo o nada el resultado de una sola calificación: aprobar una materia, pasar de grado, ser aceptado en algún equipo deportivo representativo de nuestra escuela, y así sucesivamente, hasta obtener un grado profesional, pasar el período de prueba para lograr un empleo u obtener una posición dentro de la organización en la que se trabaja. 

Para muchos de nosotros la experiencia escolar nos fue llevando a participar en clase sólo cuando conocíamos con toda seguridad la respuesta a la pregunta del maestro, o bien, cuando sabíamos lo que el maestro quería escuchar. De esta forma, aprendimos también a esconder nuestras dudas sobre determinados temas para no ser objeto de la burla del grupo y en muchas ocasiones incluso del mismo profesor. Lo anterior nos fue llevando poco a poco a adquirir el hábito de reaccionar, es decir, a prepararnos más para dar respuestas que para adquirir conocimiento, a simular más que a enfrentar la realidad de nuestras necesidades o expectativas, a criticar como mecanismo de defensa, en vez de hacer propuestas o involucrarnos en la búsqueda de soluciones a los problemas.  

En el ámbito organizacional el hábito de actuar reactivamente puede ser ejemplificado por la costumbre de resolver un problema sólo hasta que hace crisis. Esto es, arreglar un transformador eléctrico hasta que nos deja sin luz o un aire acondicionado hasta que no enfría, o a reconocer una debilidad o falla en la organización hasta que se tiene un estallamiento de  huelga. Además del hábito de ser reactivo, otros elementos se suman al distanciamiento de los procesos de evaluación, como lo son: los pretextos, el temor a que otros conozcan a profundidad el desarrollo de nuestro trabajo, la falta de claridad en las estrategias desarrolladas para alcanzar la misión institucional, la incorrecta división del trabajo interno en la organización, el juego de territorios, etc.

El proceso de evaluación es la etapa más importante para el desarrollo organizacional y su etapa final, pero también la primera dentro de un ciclo de evolución organizacional que genera la espiral ascendente de crecimiento. Dicho ciclo está conformado por tres etapas: evaluar, organizar, actuar; y de nuevo evaluar, organizar, actuar; y así en forma continua, hasta ir alcanzando el mejoramiento y el crecimiento continuo en la institución o empresa.

Este ciclo de desarrollo organizacional es un ciclo completo de aprendizaje que asegura a la organización aprender de sus procesos y con base en una evaluación final de cada ciclo, contar con el diagnóstico o la evaluación inicial para el siguiente ciclo de su evolución. Ello posibilita ir enfrentando nuevas etapas en la cultura organizacional. En la medida que se avanza en el número de ciclos, es decir, de procesos completos de evaluación, organización y acción, se llega a la esencia de lo que es la institución o empresa, logrando con ello su re-creación y aumentando la capacidad organizacional para realizar lo que nunca antes pudo realizarse durante las etapas o ciclos anteriores.

La etapa más difícil de alcanzar en el desarrollo de una organización es aquella en la cual se alcanza el reconocimiento de la importancia del proceso de evaluación. Esto sucede cuando una organización alcanza su madurez, en forma similar a como ocurre con las etapas del desarrollo del ser humano. Mediante la evaluación cíclica, al inicio y al final de cada ciclo, se alcanza el autoconocimiento y se educa la conciencia colectiva, creando hábitos efectivos que aseguran procesos centrados en el mejoramiento de la calidad y el crecimiento institucional.

 

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Jorge Alberto Vale Sánchez

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