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Cultura empresarial: LEY DE LA TRICOTOMÍA

Escrito por Jorge Alberto Vale Sánchez en Sábado, 07 Marzo 2020. Publicado en Columnistas BCS , Cultura, Cultura Empresarial, Cultura Empresarial, Cultura empresarial , Desarrollo organizacional, Jorge Alberto Vale Sanchez, Jorge Alberto Vale Sanchez

¿Cuántas veces en nuestra vida nos hemos propuesto cambiar? Recuerdo varios momentos en los cuales me he propuesto cambiar radicalmente mi modelo de vida. Ello ocurre con frecuencia cuando se da una fecha especial, como por ejemplo cuando formulamos nuestros propósitos de año nuevo. En otras ocasiones, cuando se han derivado cambios drásticos que acompañan a un nuevo puesto en el trabajo y, desde luego, también cuando los problemas cotidianos llegan al nivel de crisis,  obligándonos a examinar el “fondo”, es decir lo sustancial de nuestra vida. Creo que esto es común a todas las personas.

Cambiar un modelo de vida siempre es deseable cuando queremos orientar mejor el rumbo y alcanzar mayores éxitos. Lo mismo sucede en nuestra familia, en nuestros equipos, en la empresas y en las organizaciones públicas. También los cambios de modelo organizacional se dan como consecuencia de  procesos de reflexión o bien de momentos críticos y, desde luego, también como consecuencia de los cambios drásticos que operan desde el exterior de la organización, al cambiar los modelos de organización política, económica o social de su entorno.

Resultan cada vez más evidentes los grandes cambios que ocurren en nuestro tiempo, tales como la globalización económica, la transformación política de México y la forma de comunicarse hoy en día, como efecto de una profunda revolución industrial. Ya hemos explicado, en esta columna, nuestra opinión al considerar que esta tercera revolución industrial, similar a aquellas generadas por la introducción de las máquinas de vapor y posteriormente la aparición de los motores de combustión interna, es un proceso iniciado a principios de la década de los ochentas que ha llevado a la humanidad a iniciar un nuevo siglo iniciando también una nueva época, con el inherente cambio de paradigma y lo que esto implica en nuestra forma particular y colectiva de ver el mundo y nuestra propia  vida.

Al cambiar la época nos enfrentamos a un difícil proceso de transición, pues nos ha tocado descubrir y construir los nuevos modelos mentales que nos permitirán dirigir nuestras vidas y las de nuestras organizaciones en ese entorno.

Esta profunda revolución científico-tecnológica exige, desde el exterior de nuestras instituciones, un cambio de modelo organizacional. Para reconocer el nuevo modelo al que queremos dirigir la organización de nuestras instituciones debemos de tomar muy en cuenta la realidad de las mismas y muy especialmente lo que queremos y no queremos que contenga el nuevo paradigma.

Los antiguos griegos ya identificaban que no todo en la vida puede ser visto como blanco o negro y analizaban las formas de vivir de las personas a partir de ciertas relaciones numéricas, haciendo referencia en particular a los números que cumplían con la Ley de la Tricotomía. Según esta ley, todo número es positivo, negativo, o bien igual a cero, sin quedar otra opción. Desde luego no pretendo dar una clase de numerología ni mucho menos considerar que las propiedades numéricas definen nuestras vidas organizacionales, pero me parece que esta ley es útil para ejemplificar y caracterizar tres modelos de pensamiento que pueden arrojarnos información sobre lo que queremos y no queremos en nuestras organizaciones. Estos tres modelos vienen a obviar que en el plan organizacional no todo puede ser visto también como blanco o negro, es decir con visiones antagónicas.   Pensemos que —al menos en teoría— el desarrollo de las acciones en una organización pueden ser consideradas como “jugadas” que realizan los diferentes “jugadores”, es decir quienes participan en un juego. 

Pensemos que las diferentes jugadas le permiten a cada “jugador” obtener al final un número que identifica su “ganancia” y pongamos atención al número que resulta de sumar las ganancias de todos los jugadores que participan en dicho “juego”. Más aún, consideremos que dicha suma caracteriza el tipo de paradigma de la organización que el propio juego simula. Siguiendo la referencia de los griegos, desde luego este número —que corresponde a la suma de las ganancias de los jugadores—, debe cumplir con la ley de la tricotomía, así que en consecuencia tendremos juegos con suma positiva, negativa o igual a cero.

Un juego en el que la suma resultante de las ganancias da un número negativo, necesariamente significa que todos obtuvieron ganancias negativas —es decir, perdieron—, o bien  que las pérdidas son mayores que los éxitos. Este juego de suma negativa puede muy bien caracterizar aquellos escenarios que derivan de organizaciones en donde se le da mayor peso a los aspectos subjetivos que a los objetivos y define claramente un escenario de lucha feroz y rapaz, en donde lo más importante es que el adversario pierda. La organización que resulte de un modelo de juego de suma negativa tendrá como paradigma un modelo perdedor- perdedor. Es claro que este tipo de modelo puede simular con precisión aquellos escenarios organizacionales en los cuales se favorece más lo político que lo institucional y en el cual no importa acabar con la propia institución con tal de acabar con el adversario. Desde luego que este modelo, por su propia irracionalidad, no es deseable para nuestras instituciones.

Consideremos, por otra parte, el caso de un juego en el que la suma de la ganancias de los jugadores es cero. En este juego existe un equilibrio entre los éxitos y las pérdidas. Dentro de una organización caracterizada por este modelo se puede ver claramente un esquema de fuerte competencia; sin embargo, esta competencia no acaba con la propia institución. Dicho paradigma define un modelo ganador-perdedor, con el cual podemos identificar a instituciones en las que se favorece más la competencia que la propia productividad. En este modelo hay quienes ganan y quienes pierden, pero al resultar la suma igual a cero se tiene que la institución es echa a un lado por esta feroz lucha entre competidores, resultando en una poca o nula productividad institucional. Si bien este no es un modelo deseable, considero que desafortunadamente muchas de nuestras instituciones públicas han sido presa de este tipo de abuso de la competencia, que ha derivado en poca efectividad y eficiencia institucionales.

Habiendo considerado los casos correspondientes a juegos de suma negativa y cero, siguiendo la ley de los griegos, nos queda una sola opción:  la que resulta de un juego en donde la suma de las ganancias de todos los participantes es positiva. Para que esto suceda es necesario que todos los jugadores obtengan éxito, o bien que las pérdidas sean menores a las ganancias. Este juego de suma positiva puede ser utilizado para modelar un paradigma ganador- ganador.

La organización que adopta este paradigma establece una cultura con mentalidad de abundancia, en la cual no es necesario acabar con el opositor, sino alcanzar la misión institucional, pues lo importante es el resultado positivo de la suma. Desde luego que este es el paradigma deseable para nuestras instituciones.

El establecimiento de un modelo ganador-ganador como paradigma requiere de una cultura fundamentada en el claro conocimiento de la misión institucional, su correspondiente visión de futuro y el núcleo básico de principios que fundamenta la toma de decisiones. Todo ello mediante el ejercicio de la planeación, la coo-petencia (cooperación + competencia), la proactividad, la sinergia, la evaluación y el aprendizaje continuos.

Acerca del Autor

Jorge Alberto Vale Sánchez

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