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Hecho para la grandeza

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Lunes, 01 Junio 2015. Publicado en Aventura, Cultura, Medio Ambiente

Lo que es la ignorancia. Uno piensa que cima se escribe con C, pero esta se escribe con ese, con S, para que no me vaya usted a salir con alguna procacidad Orizabeña. Sí, la Sima según San Güiqui es una cavidad que se abre al exterior mediante un pozo o conducto vertical o en pendiente pronunciada, originada por un proceso erosivo kárstico en la roca calcárea o derrumbe del techo de una cavidad por el que el agua se filtra o percola a niveles inferiores. Suele ser la degeneración de una dolina.
 
Si usted se quedó igual que yo, es que no ha ido a uno de los lugares más hermosos de la tierra, más sorprendentes y más aleccionadores. A la Sima de las Cotorras en el Municipio de Ocozocuautla donde hay unas pinturas rupestres y un paisaje tan excepcional que sin no fuera por el famoso expedicionario, espeleólogo y atleta Francisco ´Paco´ Méndez no hubiéramos podido disfrutar a plenitud los de la fraternidad rupestre, en esta ocasión representada por Arturo Cota el arquitecto, Francisco Rincón el diseñador gráfico y Manuel Bobadilla, el elegido del señor para liderar proyectos demiúrgicos, aparte de dedicarse a la gastronomía para vivir como Humboldt.
Pero no nos desviemos. Paco Méndez, famoso en todo el mundo no nada más porque ha sido descubridor de múltiples sitios, entierros, arte rupestre, vestigios, joyas, y el famoso espejo hexagonal prehispánico de pirita y cráneo humano, nos llevó bajo su cuidado por el peligroso desfiladero. No pude llegar al final, a medio camino, cuando encontramos las primeras pinturas rupestres a una profundidad o altura, según se vea, de unos quinientos metros a contraplomo, fue tanta nuestra emoción que me entró un ataque de miedo o de acrofobia o ambos, que yo ya no pude seguir. Descubrí que no soy tan machito como creía. Me dio terror al precipicio y lo único que deseaba era regresar al Mirador desde donde nos observaban con binoculares y solo veían a un tipo que se agarraba a las rocas con las uñas como si fuera la pantera rosa y ese era yo muerto de miedo.
 
Guillermo Toledo se llama el amigo diputado que me había regalado el fabuloso libro sobre los trabajos que el Grupo italiano realiza en la sorprendente Cueva de la Venta y ya sabe usted, allí vamos los Indiana Jones de petate cabeño a pegarle de cachetadas al peligro. Paco Méndez, el espeleólogo mexicano más admirado en Europa, valientísimo, templado y profesional, se ponía más y más magnesia en las manos suspendido de los cables y daba instrucciones a Pancho Díaz Román el de Ocozocuautla para que me calmara y me diera confianza.  Imposible, A mi mente venían los recuerdos de San Juan Chamula y de quien nos hizo las deliciosas tortillas en medio del humo y los cafés deliciosos e hipnotizantes de la inmortal San Cristóbal o de la bragadísima Anahit Reyes Aguilar originaria de la Frailesca y amiga de Hernán y que reía de que fuera uno tan zacatón.
 
Vino a mi mente lo que en la cima, con ce, en el albergue hermosísimo de madera tipo suizo que consiguió Paco levantar y defender para apoyo de los amantes de la naturaleza y la cultura con el apoyo de  un empresario de NL cuyo nombre no quiere que se difunda y de la señora Divina Morales de Gutiérrez Barrios que es del pueblo más cercano a ese paraíso chiapaneco y que conservan con muchísima dignidad. Una joven pareja neozelandesa que llegó por allí después de más de 21 horas de vuelo lo confirmó entusiasmada. Y yo allí varado en la roca, en la cueva a medio precipicio, viendo las pinturas rupestres y miles y miles de hermosos loros o cotorras verdes revoloteaban en el cilindro embelezante. Por eso se llama la Sima de las Cotorras, con s.
No vaya usted. No vaya, no vaya, por favor. No querrá salir de allí.
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Ramón Ojeda-Mestre
Guadalquivir 94
Col. Cuauhtémoc

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Ramón Ojeda Mestre

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