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Huele a miedo

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Jueves, 20 Noviembre 2014. Publicado en Historia, Opinión, Política

Pérdida total de la confianza en el gobierno. Rabia y rencor. La noche de los cuchillos largos reaparece. Se dijo mil veces. Todos lo escribieron o comentaron en todos los medios y en las reuniones de todo tipo. No era posible dejar que se acumulara tanta pobreza, tanta corrupción e impunidad sin que algo grave pasara. Hoy México se revuelca de indignación. Huele a la Batalla de Argel de Costa Gavras. Huele a Muerte Sin F o a que la Muerte Tiene Permiso. Huele a venganza y a incendio. Huele a "toque de queda", a estado de excepción. Ya no solo son Ayotzinapa o Tlatlaya, la Guardería de Sonora, las muertas de Juárez o del Estado de México. Se juntó todo y ahora quieren que el Estado pague los platos rotos. Sí, el Estado en la más amplia acepción que incluye al gobierno y a la sociedad civil. El enojo deviene ya en batalla campal.

Son Dies Irae que diría el Requiem de Mozart. Todos los muertos han resucitado para clamar justicia. Los miles y miles de desaparecidos nos pasan la factura del descuido investigatorio y de punición. Pedro Páramo habla fuerte otra vez en estos Tiempos Nublados. La Calavera Azul de Raymundo Ramos lanza aullidos tétricos. Todos los Hamlets se rebelan hoy incluso contra sí mismos. Las armas se velan, se desvelan, se rebelan. La vida no vale nada, sentenció como crítico político, José Alfredo. Tanta violencia y muerte en la TV durante tantos años, no fueron en vano. Tantos secuestros y extorsiones permitidos, tolerados, impunizados, no fueron en balde. Tantos y tantos dizque "ajustes de cuentas" entre narco pandillas frente a los oídos sordos o la ceguera policial de todo el país, hoy lo pagamos todos. En la antes apacible y bucólica ciudad de la La Paz, Baja California Sur, van más de cuarenta muertos en estos dos meses. Cero gobierno. Todo empezó cuando en Cabo San Lucas un sicario vestido de payaso entró en una fiesta infantil y acribilló a uno de los capos más famosos del país. Hoy nadie para allá a la Sonora Matancera. Lo mismo en Veracruz que en Tamaulipas, en Sinaloa que en Michoacán donde tan mal se manejaron las cosas, igual o peor que en Guerrero. México está hecho un muro de las lamentaciones. En todo sentido.

Lo peor que podemos hacer es callarnos. Bob Dylan lo cantó a tiempo: Cuántas veces puede el hombre voltear la cabeza y fingir que no se da cuenta de nada: La respuesta está en el viento. Hoy veo aquí, en Nagoya, que el periódico Japonés le dedica media plana al asunto grave, cruel, aberrante de Iguala y siento una tristeza infinita. México nos duele a todos, en cualquier parte que estemos. José Revueltas escribió "El luto humano" el año en que yo nací. Era entendible, el mundo olía a guerra. Pero hoy también. Hay muchas manos que mueven las cunas. Hay quien está lucrando políticamente con todos estos avatares contristantes. Qué asco.

Crecimos oyendo el si me han de matar mañana que me maten de una vez o, malhaya quien dijo miedo, si para morir nací. Ayotzinapa no es La muerte de Artemio Cruz, es la Oración fúnebre de Amado Nervo a la muerte de Gutiérrez Nájera o la de Andrés Eloy Blanco o la de la muerte del Mayor Sabines. Cien años de Soledad arranca con una frase mortuoria: "Frente al pelotón de fusilamiento..." México Tzompantli. México de Mictlántecuhtli. El México de Xipe Tótec, nuestro señor el desollado, está aquí. Nos enseñaron que los gachupines eran unas bestias por quemarle los pies a Cuauhtémoc. O que los sacerdotes de la inquisición nos quemaban para salvar nuestra alma. El 68 cabalga de nuevo o el 71, en las ancas del pegaso fúnebre de Ayotzinapa. Hasta que la muerte nos separe, ha llegado ya. José Guadalupe Posadas es involuntario cronista de nuestro tiempo. La tragedia ya no es solo griega. Estamos Al filo del Agua, huele a Toque de Queda, artículo 20 Constitucional. Huele a renuncias. Huele a cambios profundos. Esquilo, Sófocles y Eurípides ya están en el Zócalo. Tragedia significa El canto del macho cabrío.
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Ramón Ojeda-Mestre
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