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México alcohólico

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Lunes, 13 Abril 2015. Publicado en Cultura, Noticias, Opinión, Sociedad

Las vacaciones de Semana Santa sirvieron para mostrar una vez más nuestra ancestral propensión al festejo, a la disipación y a la francachela. No digo que las iglesias católicas no se encontraran con afluencia considerable; los amontonamientos del viernes dieron cuenta de lo que son los ritos respetables, aunque los curas se quejen de la evidente paganización de los festejos y la impresionante derrama económica de la clase media y alta en estos asuetos anuales.

Pero lo que peor evidenciamos esta semana fue el apabullante alcoholismo, la vergonzosa decadencia social en la que hemos caído al mostrar los padres a los hijos menores en el consumo etílico desde la mañana hasta altas horas de la noche. Lo mismo en las playas que en los bares, en los restaurantes o en las plazas públicas, en los parques la ingesta de alcohol se ha tornado en una enfermedad colectiva inocultable. El alcohol no solo nos embrutece, sino que nos envilece, y nos hace cometer barbaridades y tonterías que derivan en un incremento de los accidentes viales y carreteros y en una violencia intrafamiliar y hacia la mujer que debería prender los focos rojos de las comisioncillas de derechos humanos.

Los gobiernos, no nada más no desincentivan el uso de bebidas estupidizantes, sino que las fomentan con su socarrona omisión, pensando que un pueblo borracho y crudo, se vuelve dócil y conformista. El alcoholismo bárbaro que padecemos genera ausentismo laboral, daños muy fuertes e irreversibles en la salud y una desintegración familiar, afodongamiento, riñas, endeudamientos permanentes de tomadores contumaces y una cultura social de legitimación del antro, del findesemanismo reventonero y de una gregariedad lúdica que hace de la bebida alcohólica el factor axial de una complicidad basada en las premisas de "todos somos decadentes, todos somos pítimos y todos somos ángeles caídos".

Más alcohol: más tontos, más alcohol: más posibilidades de caer en otras drogas, más alcohol: más economía a pique. Más alcohol entre los gobernantillos y Camaristas, juzgadores y dirigentes partidistas: más desprestigio, menos legitimidad, más enajenación y más problemas. Toma demasiado el pobre, toma demasiado el rico, toma demasiado el clasemediero. 

Algo mucho más grave: los niños, adolescentes y jóvenes están cayendo tempranamente en la vorágine destructiva del ciclo perverso de borrachera-cruda-borrachera y esto se está manifestando en una evidente baja del rendimiento escolar. A los más altos niveles de gobiernos y empresas privadas se padece un alcoholismo patológico que ya no podemos soslayar.

Es obvio que las secretarías de salud y de educación no funcionan para evitar esto. Los libros de texto apenas si manosean con desdén el flagelo. No digo que deba prohibirse la tomadera, sino disminuirse al máximo posible porque le está haciendo demasiado daño al país. Nos daña a todos y ya se ha visto el desfiguro de los corruptos y de los incultos, que no camelan que México consume más de cinco mil millones de litros de bebidas alcohólicas al año. ¿Qué?

Sí, como lo oye, digo, como lo lee. 5,000'000,000 de litros de bebidas alcohólicas al año. Por eso actuamos como tontos colectivamente, individualmente y grupalmente y todo lo terminado en mente que empiece con P.

Salve a sus hijas, salve a sus hijos, salve a quien usted más quiera. Aléjelos del alcohol. Aléjese del alcohol que genera estulticia, pobreza y flacidez. Sálvese el que pueda. He visto mujeres hermosas y buenas hacer los peores ridículos intoxicadas por el alcohol, hemos oído las confesiones de las jovencitas y de los muchachos, avergonzados y deprimidos por lo que hicieron o sufrieron en las parrandas o en los reventones. Otros países padecen esto. Mal de muchos consuelo de lerdos.

 

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Ramón Ojeda-Mestre    

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Ramón Ojeda Mestre

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