Y seguimos pidiendo la palabra: BUCANEROS SIN PAGA

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Que detuvieron el mar para beber su propia sangre llena de estrujo.

Mis ancestros, a quienes debo la malaria barba de antiguas sales marineras.

Aquellos, por los que aún hoy, pago sus pecados de errantes y nauseabundos hijos del misterio.

Algún día fueron caballeros. En algún momento llenaron de aromas sus alforjas para llevarlas a su amada, para llevarles el santo grial sin tocar jamás su vino.

Y yo, aun sigo sin su pañuelo a la arena, ni siquiera un asiento en la esquina del camión, para ser su caballero. A quién contarle estas historias mientras llego a la casa, el mapa oculto mientras los hijos, como corsarios que son, me abordan; el potaje crepita embrujos en la llama, y la cerveza cae, como cadenas sobre sus caderas a la deriva, para echarme al mar una vez más.

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