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Y seguimos pidiendo la palabra: OJOS DE PERRO

Escrito por Abril Tejeda Rodríguez en Martes, 22 Mayo 2018. Publicado en Cuento, Literatura, Y Seguimos Pidiendo la Palabra

Era de noche cuando llegó el amigo de mi abuelo, un tal Abundio Lima. A mi no me caía bien, tenía una mirada pervertida como de perro; siempre se me quedaba viendo. Todas las noches acudía puntual a tomar café.

— Buenas noches, como dice que le va Lolita, ya  se está poniendo rete bonita— dijo. 

— Bien, gracias. Le respondí yo.

— ¿Qué se le antoja Abundio, unas galletitas o unas empanaditas de cal?

— Deme una buena ración de estiércol Eloísa. ¡Cómo dice usted! Estiércol Eloísa, de ese que las vacas desechan de su cuerpo, es bueno para las reumas.

A pocos minutos  del diálogo absurdo de mi abuela y Abundio sobre la cena, se fue la luz  y el cielo se puso negro, como si Dios le hubiera puesto pintura, para que no pudiéramos ver el desaparecer del crepúsculo arrebolado. Yo pensaba en  ti  Cristian, de cuando te agarraste a trancazos con el ojos de perro. De pronto sentí unas manos detrás de mí, acariciando mi espalda.

— ¿Eres tú  Cristian? ¿Has aprovechado la obscuridad para estar cerca de mí?  Puedo sentir la fuerza de tus manos acercándose a mi cuerpo,  pero por favor, contéstame.

— Sí, sí mmm.

— Yo también te quiero sabes, siempre desde aquella vez que… Abundio  ¿Qué hace usted aquí? suélteme deje de mirarme con esos ojos de perro.

— Lolita, déjese querer mija, ya verás que yo te voy a hacer feliz, tengo mi tiendita y yo te podría dar todo lo que te mereces.

— Suélteme, suélteme, Satanás, ojos de perro, déjeme maldito, déjeme no lo quiero cerca, usted siempre me ha parecido un hombre sin ley, mala leche que es lo que busca en esta casa.

— A usté  mi Lolita y si no me quiere en su vida pues ¿Cómo ve que me descuento a su abuela Eloísa,  eh? como la  ve  desde ahí  nomás mi Lolita, si usté no es mía no es pá nadie me ¿oye? pá nadie.

De pronto volvió la luz y me di cuenta que don Abundio no tenía ojos de perro, estaba sentado en la silla junto a mis abuelos, comiendo galletas y no estiércol, riendo y no mirándome con ojos de perversión, su mirada era distinta, ya no era mirada de perro rabioso, si no la de un pobre viejo cansado que venía a tomar el café. 

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Comentarios (2)

  • José

    José

    18 Enero 2014 a las 15:59 |
    que bonito me encanta
  • Tatyanne

    Tatyanne

    28 Enero 2014 a las 18:58 |
    Bonito e interesante.
    ¡Felicidades!
    Mucho éxito.

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