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Y seguimos pidiendo la palabra: POR CURIOSO

Escrito por Fernando Cázares en Lunes, 26 Marzo 2018. Publicado en Cuento, Literatura, Y Seguimos Pidiendo la Palabra

Era lunes, me era habitual salir temprano ese día. Ya me lo habían advertido en el trabajo, una falta más y ¡pumm! Quedaría despedido. La noche anterior había dejado  mi auto del otro lado de la calle, es un sedan rojo, muy bonito. Tomé ese café que me pone en funcionamiento cada mañana y salí volado.

Salí de casa, crucé la calle, abordé mi auto y lo puse en marcha. Había olvidado mi cartera, tendría que regresar, así que dejé calentando el motor de mi bólido y volví a mi hogar. Regresé al coche, esta vez para emprender mi travesía.

Pisé el acelerador y apenas al avanzar unos metros sentí arrollar algo pequeño con las ruedas delanteras. Al principio no reparé en ello, pensé sería alguna piedra o algo así, pero no. Mera curiosidad, me detuve, bajé un poco la ventana y saqué mi gran cabeza, no vi nada. Pero quise asegurarme; me bajé con cautela, y un poco de miedo, revisé el frente y lo que vi alborotado en mi neumático derecho me dejó atónito. Era el gato de mi vecina, o lo que quedaba del gato de mi vecina.

Pobre Bigotes, quien se iba a imaginar que acabaría así. El muy sonso debió meterse al motor durante la noche. En ese momento hubiese deseado que ese gato tuviera ocho vidas, tal vez cien o doscientas, fuera como fuera yo había acabado con todas sus vidas de un tajo. Siempre había sentido temor de mi vecina, ¿Cómo no? Una bruja de dos metros que vive con gatos. Una vez casi me mata por pisar su horrible jardín. Para mí era algo de menos, pero, ¿Explicárselo a ella? ¿Cómo? De seguro si le dijera la verdad jamás me lo creería.

Tomé al pobre Bigotes, que más bien de tener bigotes ya no le quedaba  ni rastro, lo puse en una cesta y lo llevé a la entrada de la casa de la arpía. Ese día no fui a trabajar, me quedé haciendo jardinería, esperando por mi vecina. Cuando por fin salió de su hoyo, vio a Bigotes y pegó tremendo susto, despegó cual cuete, dando brincos incesantes. Ella jamás sospecharía de mí, no, yo me había lavado las manos. Junto con Bigotes había una nota, escrita con mí más fino bolígrafo, en ella citaba la frase:

"LA CURIOSIDAD ESTUVO AQUí".

 

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