
Crisol Internacional: » Los Willy-Willy: torbellinos y tormentas en Oceanía»
Bien dice una frase anónima: «Las tormentas no duran para siempre; nuestro presente no es nuestro futuro». Así, todo puede cambiar de un instante a otro y, también como afirma la vox populi: «Después de la tormenta, viene la calma». Si somos conscientes de que nada dura para siempre y que los problemas (o más bien retos) forman parte de nuestras vidas y de la cotidianidad, seremos capaces de superar las adversidades que se nos presenten.
Indiscutiblemente, el mundo actual está marcado por el cambio climático y todos tenemos que afrontar sus consecuencias, tales como el aumento de la temperatura global, el deshielo de los polos, la subida del nivel del mar, las sequías extremas, la escasez de agua, las tormentas e inundaciones severas, y la pérdida de flora y fauna, fenómenos que afectan la salud y la producción de alimentos. Estos hechos nos dan motivos suficientes para profundizar en la reflexión e investigar más sobre los fenómenos naturales, sus causas, características y consecuencias, así como sobre la cultura de la prevención.
Prácticamente el mundo entero se ha visto afectado por las tormentas desde tiempos remotos. En la antigüedad, se buscaban explicaciones a través de la mitología y las creencias ancestrales; se aseveraba, por ejemplo, que la tormenta era una expresión de la ira o del poder de deidades como Zeus, Tláloc o el dios maya Huracán. Por lo tanto, también surgieron rituales y prácticas espirituales, incluyendo ofrendas y oraciones, para calmar las tempestades y pedir protección para las cosechas. Efectivamente, en maya, huracán significa «el de una sola pierna», y era el dios del rayo, el viento, la tormenta y el fuego. Los huracanes no fueron conocidos por los europeos hasta que Cristóbal Colón se encontró con ellos en sus viajes hacia el Nuevo Mundo. En Oceanía, especialmente en Australia, se les conoce como «Willy-Willy»; en el Pacífico se denominan «tifones», y en Filipinas, «baguio».
Con el paso del tiempo, la evolución de la ciencia y, especialmente, de la tecnología, hemos aprendido más sobre los fenómenos naturales y, particularmente, sobre el pronóstico de tormentas y huracanes alrededor del mundo. Tanto los satélites meteorológicos de alta resolución como los radares Doppler y los drones marinos son capaces de medir la temperatura y los vientos en tiempo real desde el interior de las tormentas. Asimismo, la inteligencia artificial ayuda a anticipar los huracanes y, de esta manera, a reducir drásticamente las posibles afectaciones y daños.
Ahora bien, en Oceanía se conocen estos fenómenos, tanto sobre la tierra como sobre el mar, como «Willy-Willy». Este término proviene de los pueblos originarios de Australia o, en una versión más moderna, deriva del inglés whirlwind para nombrar a estos torbellinos caprichosos. Sin embargo, para evitar confusiones, cabe mencionar que cuando se trata de un huracán, la ciencia lo clasifica en cinco categorías según la escala Saffir-Simpson. Esta escala indica los daños potenciales que puede provocar un huracán teniendo en cuenta la presión mínima, los vientos y la marea de tormenta causada por el sistema.
Tradicionalmente, se utilizaba el nombre «Willy-Willy» para describir a los pequeños remolinos de polvo o viento que se forman en las zonas áridas y desérticas del país, los cuales suelen levantar el polvo rojo típico de la región hacia el cielo azul. Según el Servicio Meteorológico de Nueva Gales del Sur, en Australia, estos fenómenos meteorológicos son mucho más frecuentes durante las temporadas secas y en zonas relativamente despobladas, lo que evita mayores daños a la población. No obstante, nunca hay que subestimar su fuerza e intensidad, ya que son capaces de levantar pequeños objetos del suelo y arrojarlos a varios metros de distancia, con lo cual pueden golpear a personas o propiedades, aunque esto no es muy usual. Como bien expresaba el pensador inglés William George Ward ante este tipo de tempestades: «El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas».
Para sorpresa de algunos, cabe señalar que los pueblos originarios de Oceanía han aprendido a convivir, comprender y superar los fenómenos naturales. Para muchos habitantes nativos, los fenómenos meteorológicos están relacionados con manifestaciones de los dioses que les advierten sobre algo en el futuro, y los Willy-Willy no son la excepción. Así, entre ciertas supersticiones, creencias y tradiciones muy arraigadas, y la ciencia, se ha cimentado una cultura de la prevención en el continente oceánico. Por lo tanto, se han creado leyes, instituciones y redes de apoyo comunitario, especialmente para las islas remotas; existen protocolos de mitigación para los hogares y también kits de emergencia que incluyen suministros de agua, alimentos, radios de pilas y linternas para varios días. A la vez lo que se ha denominado «resiliencia local» en las islas del Pacífico oceánico se basa en el reconocimiento de la vulnerabilidad geográfica e involucra a los habitantes en la creación de rutas de evacuación y el fortalecimiento de refugios seguros contra marejadas e inundaciones para, así, superar el contratiempo, peligro o adversidad, llámese «Willy-Willy», whirlwind, torbellino, ciclón o de otra forma...
P.S. www.onu.org
https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2012_063.html
https://www.uv.mx/universo-hemeroteca/64/vuelo/vuelo01.htm
https://bryghtpath.com/hurricane-preparedness/








