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Crisol Internacional:” ¿¡Nuestro incansable Ser?!”

Escrito por Andrea König Fleischer en Viernes, 04 Septiembre 2026. Publicado en Andrea König Fleischer, Crisol Internacional


¡Vaya! Nuestra existencia podría reducirse a un constante ser y hacer, casi en piloto automático como robots, realizando tareas y actividades de diversa índole día tras día, año tras año. De este modo, la cotidianidad se teñiría de matices grises y tristes para algunos, y coloridos y emocionantes para otros. ¿Qué es lo que marca la diferencia con respecto a lo rutinario, lo acostumbrado, lo repetido o tal vez ordinario? Reflexionar sobre este espíritu —aparentemente incansable— de la especie humana puede permitirnos comprender mejor nuestra existencia, por no decir nuestra misión, aquí en la Tierra.
En primera instancia, veamos el significado del término «incansable». La Real Academia Española lo define como: «infatigable, inagotable, resistente, laborioso, tenaz, voluntarioso, diligente». Estos sinónimos nos ayudan a comprender el posible alcance de «lo incansable» e invitan a revisar si nuestra naturaleza humana coincide con alguna de estas características, y en qué medida.
El filósofo alemán Immanuel Kant afirmaba que «el ser humano es insocialmente sociable». A partir de esta aparente contradicción, podemos plantearnos interrogantes sobre nuestro Ser, útiles para conocernos más a fondo e indagar en nuestra esencia. En efecto, somos seres sociales y gregarios —según la biología— que necesitamos de los demás para sobrevivir. Sin embargo, todos poseemos una tendencia al egoísmo y a imponer nuestra voluntad, lo cual genera tensiones, fricciones e incluso conflictos con los demás. Kant opinaba que «este antagonismo saca al ser humano de su pereza» —justo lo contrario de la acción y lo incansable—. «La resistencia de los demás nos obliga a esforzarnos, a desarrollar talentos, la inteligencia y las normas de convivencia». Es más, precisamente debido a estos choques y confrontaciones se han cimentado diversas culturas con sus tradiciones, costumbres, leyes e instituciones para mantener un orden relativo.
En medio del ajetreo diario, cuando corremos de un lado a otro, con o sin rumbo, siempre es saludable hacer una pausa. No solo para respirar, reconfortarnos, beber o comer algo, sino también para hallar ese espacio mental de reflexión que nos plantee nuevas interrogantes y nos ayude a obtener una visión más clara de nosotros mismos, permitiéndonos descifrar «Nuestro incansable Ser». Durante estos momentos de introspección, es bueno preguntarnos si realmente creemos en nosotros mismos o si albergamos dudas, y de ser así, ¿cuáles son?
En medio de cualquier trajín, ¿tomamos acción o esperamos a que otros den respuestas y resuelvan pendientes por nosotros? Sin duda, una de las preguntas centrales de la actualidad es este planteamiento crítico: ¿cómo resistimos las tormentas y tempestades de la vida misma?, ¿con qué facilidad nos adaptamos al cambio?, ¿somos conscientes de nosotros mismos, asumimos responsabilidades y nos comprometemos con nuestra vida, tanto personal como laboral?
Bien aconsejaba Confucio en este contexto: «Nuestra mayor gloria no consiste en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos».
Ahora bien, nuestro estilo de vida moderno, tan acelerado y lleno de tecnología y estímulos, puede cansarnos, por no decir fatigarnos e incluso enfermarnos. Por lo tanto, es muy relevante cuidar de nosotros mismos, llevar una vida equilibrada y, sobre todo, desarrollar resiliencia y robustez mental para resistir los vaivenes de la cotidianidad.
Si revisáramos la evolución de la especie humana, veríamos imágenes de los primeros humanos frotando dos palos para hacer fuego, seguidas de una serie de inventos magníficos: desde la rueda hasta la imprenta, pasando por la máquina de vapor, la electricidad, las vacunas, la tecnología de punta, entre muchos otros. El ser humano jamás ha descansado durante este proceso evolutivo; siempre ha estado dispuesto a buscar nuevas soluciones a problemas y retos emergentes. Realmente, como especie, la mayoría no nos hemos conformado y siempre buscamos más; poseemos una motivación intrínseca y, en gran parte, somos aprendices voraces a lo largo del tiempo.
Ahora bien, la ciencia ha podido comprobar que un ser humano, aun estando en reposo, requiere la misma cantidad de energía que una bombilla incandescente tradicional para sostener su metabolismo; es decir, unos 90 vatios (julios por segundo). Imaginemos la cantidad de energía que se requiere para movernos, trabajar y realizar todas las tareas y actividades a lo largo de un solo día. El resultado es impresionante y podría alcanzar hasta diez mil vatios o más. Esto explica mucho sobre «Nuestro incansable Ser», nuestra biología, resistencia, nuestra civilización entera y también el estilo de vida que llevamos. Prácticamente a diferencia de los demás seres vivos en la Tierra, nosotros los humanos hacemos mucho más con la energía que impulsar nuestro metabolismo, lo cual nos convierte en una especie muy singular, extraordinaria, incansable y definitivamente única. Para concluir, nos quedamos con la cita reflexiva de Ernest Hemingway: «El hombre puede ser destruido, pero no derrotado».

P.S.: https://emprendedor.com/15-rasgos-de-las-personas-imparables/
https://www.bbc.com/mundo/noticias-56566743
https://www.elconfidencial.com/bienestar/2024-04-07/opinion-enrique-rojas-alegria-y-felicidad_3861024/
https://www.las2orillas.co/ser-humano-es-relativamente-facil-el-verdadero-desafio-es-ser-persona/

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