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Crisol Internacional: “Tumultuosas contradicciones o el mundo al revés”

Escrito por Andrea König Fleischer en Viernes, 12 Junio 2026. Publicado en Andrea König Fleischer, Conoces a Nuestros Colaboradores, Crisol Internacional


En el complejo y cada vez más tecnificado mundo actual, es fácil enredarse y perderse en un mar de contradicciones, incoherencias y confusiones que pueden alcanzar el estatus de engaños, simulaciones y mentiras. Es más, para algunos, estos "efectos secundarios" ya empiezan a formar parte de sus hábitos y, para bien o para mal, de su rutina cotidiana. Bien lo expresaba el poeta y escritor alemán Johann Peter Eckermann al recoger ideas de Goethe: "Aunque nunca nos deje en paz, la contradicción es lo que nos hace productivos".
Consciente o inconscientemente, incluimos las contradicciones en nuestro menú diario; por lo tanto, resulta valioso dedicarle un tiempo de reflexión para preguntarnos por qué nos contradecimos. Comprender las posibles causas de nuestras contradicciones puede hallarse en el hecho de que nuestros pensamientos, emociones y acciones no siempre están alineados, ocasionando lo que se conoce en la psicología moderna como "disonancia cognitiva". Esta es una especie de achaque psicológico que ocurre cuando actuamos en contra de nuestros propios principios y valores, enfrentando internamente una batalla entre la razón, la pasión y la necesidad de adaptarnos a un entorno en constante cambio.
Curiosamente, observamos con mayor facilidad esta inconsistencia en otros que en nuestras propias incongruencias, recordando situaciones precisas como: "¡Ay!, dijo o prometió aquello e hizo lo contrario". Sin lugar a dudas, es válido incurrir en semejantes contradicciones, siempre y cuando se mantenga una autoconsciencia y una comunicación clara y abierta sobre el tema, por no mencionar una disculpa si el evento lo requiere. ¿Por qué? Para no lastimar las relaciones humanas, que se basan en la confianza; cuando esta se ve afectada, es más difícil recuperarla. Por lo mismo, existe el riesgo de que una persona llena de contradicciones e incoherencias se vuelva menos confiable para los demás.
Nuestras acciones son parte de nuestra esencia como humanos y se vale equivocarse, pero no querer admitirlo y corregirlo convierte el terreno de la interacción humana en algo fangoso y difícil. Pongamos el ejemplo sencillo de ostentar ser un ferviente defensor del medio ambiente y despilfarrar el agua o tirar basura por doquier. También conocemos escenarios donde algunos líderes de opinión hablan constantemente de respeto y, lamentablemente, lo invaden al hacer públicas situaciones privadas, o dan cátedra sobre la pobreza, marginación e inclusión cuando su estilo de vida es de puro lujo, extravagancia y vacuidad. No se trata de expresar una crítica mordaz, sino vernos en el espejo y de tratar de encontrar una nueva perspectiva sobre el tema y, con ello, una mayor y mejor conciencia sobre nuestras acciones.
Como ocurre con muchos temas cotidianos, las contradicciones pueden llevar al crecimiento personal e incluso a la autenticidad de la persona y, si se dedica al arte, otorgarle mayor creatividad y vivacidad. O, como bien expresaba el artista vanguardista español Ángel Orcajo: "En el arte como en la vida, la síntesis de contradicciones habrá construido un hecho nuevo". No obstante, siempre cabe la interrogante de cómo gestionamos nuestras propias contradicciones, porque cuando abundan y se dejan demasiados cabos sueltos, podemos caer en la irracionalidad y, tal vez, en un bloqueo tanto mental como social, ocasionando efectos negativos a nuestro alrededor y, sobre todo, en nosotros mismos.
Entonces, surge en este mismo contexto el planteamiento: ¿podemos convivir con las contradicciones? La respuesta sencilla y clara es que sí, pero se aconseja aprender a compartimentalizarlas; es decir, ordenarlas y separarlas en diferentes secciones o compartimentos para que nuestra mente esté más clara y coherente. Tal vez esto no ocurra, como prescribía el estoico griego Plutarco, en "perfecta concordancia entre las máximas de los hombres y su conducta", pero es perfectible en todo momento, ya que somos juglares con nuestras argumentaciones, buscando justificaciones que excusen nuestras contradicciones. Así abundan los ejemplos como: "quise decir...", "me malinterpretaste", "no era mi intención", etc.
Es más, estudios antropológicos recientes han revelado, acerca de las aparentes contradicciones, que "los humanos adoran entidades con propiedades incompatibles". Así, no nos debe sorprender que aparezcan zombis, que pueden estar vivos y muertos a la vez, o que los robots revelen cada vez emociones más humanas. Definitivamente, a pesar de una cierta noción polémica, las contradicciones en el mundo actual parecen ser el ingrediente necesario para motivar la creatividad intelectual, las discusiones y, por supuesto, la reflexión, incluso la que profundiza en la interpretación del lenguaje corporal, los gestos y los tonos. Sea como sea esta historia de "Ser y no ser", las contradicciones "no son ni buenas ni malas". Son "las contradicciones tumultuosas...", hábiles para poner nuestro mundo por instantes al revés y recordarnos que somos HUMANOS, con todos nuestros defectos y virtudes, y ojalá capaces de corregir el error y pedir perdón.


P.S.: https://www.sapiens.org/culture/human-contradictions/
https://www.journals.uchicago.edu/doi/10.14318/hau6.1.002

 

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