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Crisol Internacional: “Un paisaje espiritual: Isla Rotuma”

Escrito por Andrea König Fleischer en Viernes, 09 Octubre 2026. Publicado en Andrea König Fleischer, Conoces a Nuestros Colaboradores, Crisol Internacional


Bien expresaba el periodista y dramaturgo inglés Douglas William Jerrold que «la religión está en el corazón y no en las rodillas», para ilustrar que la religión no consiste en fingir o mostrar arrepentimiento, ni tampoco en practicar determinados rituales; lo importante es lo que se cree de verdad. Este precepto puede ser retomado para los tiempos modernos, cuando las diferentes creencias, dogmas y doctrinas religiosas están tambaleándose y lo único que probablemente haya sobrevivido a través de los siglos es la fe.
Ahora bien, hay lugares muy lejanos que han podido conservar sus tradiciones y también sus prácticas espirituales. Uno de estos lugares es, sin duda, la muy remota Isla de Rotuma, en medio del Pacífico Sur, ubicada entre las Islas de Fiyi, Wallis y Futuna. Se trata de una isla que desafía muchas ideas sobre cómo las sociedades humanas se han organizado e integrado culturalmente.
Hay que mencionar que Rotuma cuenta con apenas 13 kilómetros de largo y 4 de ancho y, según los estudios geológicos, es de origen volcánico. Además, está identificada como un grupo de pequeñas islas y arrecifes, de los cuales la isla principal es la única habitada permanentemente; su capital se llama Ahau y justo ahí parece que el tiempo se detuvo, ya que se han conservado los edificios coloniales que recuerdan a un pasado europeo remoto. Cabe agregar que su población actual es reducida y cuenta con menos de 1.600 habitantes, aunque se estima que cerca de 10.000 rotumanos viven en otras islas del grupo de las Islas Fiyi.
En particular, esta geografía volcánica y sus arrecifes extensos jugaron un rol central en la vida y supervivencia de sus habitantes, buscando su sustento en las montañas bajas, bahías protegidas y corales que forman un ecosistema sustentado por la pesca, la agricultura de subsistencia y la cría de cerdos.
Curiosa y sorprendentemente para muchos, esta singular isla pasó siglos sin una religión organizada o claramente pronunciada; tampoco había templos, ni dioses que venerar, ni rituales que cumplir, y mucho menos se creía en la vida después de la muerte. Según algunos estudios antropológicos recientes sobre la isla, su mundo se regía por la comunidad, especialmente la sabiduría de sus ancestros y la increíble naturaleza, en particular el Océano Pacífico que la rodea. Sin embargo, para principios del siglo XIX, en 1824, hubo cambios sociales relevantes cuando un misionero francés llegó a bordo del Coquille y presentó por primera vez a los rotumanos conceptos cristianos como la vida después de la muerte, el pecado y la redención.
Preguntándonos acerca de la cultura rotumana, la respuesta se encuentra en su legado polinesio puro, ya que sus raíces se extienden hacia las islas de Tahití, Samoa, Tonga y Rapa Nui, siendo su idioma y costumbres un claro reflejo de esta herencia. Rotuma mantiene un sistema administrativo de siete distritos tradicionales y cada uno cuenta con sus propias jefaturas; es decir, una relativa autonomía al tomar las decisiones sobre la comunidad.
Interesantemente, en la localidad de Faguta se llevan a cabo algunas prácticas socio- religiosas; es justo ahí donde la fe católica francesa se mezcló con prácticas locales tras la llegada de los misioneros. Cabe señalar que, antes de eso, los conceptos de dios o vida después de la muerte, como ya se mencionó, eran perfectamente desconocidos.
Según la tradición oral, Rotuma fue colonizada por pueblos de Tahití Nui, Marquesas y Rapa Nui. Entonces la isla se llamaba Siria, en referencia a la estrella que brillaba sobre su ubicación. Es más, en aquellos tiempos sus habitantes nativos adoraban a Tagaroa Siria, una figura mítica, y mantenían vínculos ceremoniales con sus ancestros a través de una especie de alga marina, traída por la princesa Teura de Bora Bora. Así, esta alga se consideraba como un símbolo de lazos familiares y políticos con Tahití y constituía uno de los pocos elementos rituales de la isla, reflejando sin embargo con claridad su profunda espiritualidad.
Con el paso del tiempo arribaron migrantes de Samoa encabezados por un hombre llamado Raho y disputaron la posesión de la isla. Asimismo, las fuentes documentales revelan que también hubo ocupaciones tonganas durante el siglo XVII; no obstante, los rotumanos lograron expulsarlas en una rebelión relámpago que apenas duró una noche. Antes del arribo de los franceses en 1824, sus creencias eran locales y centradas en la memoria histórica, los ancestros y los rituales de vínculo comunitario y, por esta misma razón, la noción de un dios omnipotente y omnipresente no existía. A partir del momento de la llegada de los colonizadores, los nativos empezaron a vivir entre las disputas y competencias religiosas de católicos franceses y protestantes británicos, e incluso una relativa influencia política de los marxistas franceses que también pretendían reformar a los polinesios. A pesar de las presiones externas, sorprendentemente para muchos, la esencia polinesia de Rotuma siguió intacta, ya que los rituales adoptados se fusionaron con las costumbres ancestrales, creando un mosaico espiritual único y ejemplar en el mundo, reflejando un auténtico «paisaje espiritual» que ha perdurado, convirtiéndose en un auténtico laboratorio de antropología y sociología, un lugar donde la religión llegó tarde y la comunidad se sostuvo unida y fuerte, manteniendo su identidad polinesia ancestral.

P.S.: https:/ www.britannica.com,
https:/www.rotuma.net
https://www.labrujulaverde.com/2025/11/

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