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Cultura empresarial: EQUIPO DE ALTO DESEMPEÑO

Escrito por Jorge Alberto Vale Sánchez en Sábado, 28 Septiembre 2019. Publicado en Columnistas BCS , Cultura Empresarial, Cultura Empresarial, Desarrollo humano, Desarrollo organizacional, Jorge Alberto Vale Sanchez

Una de las más emotivas experiencias personales sobre el trabajo en equipo me tocó vivirla en un momento crítico, de emergencia, durante la embestida de un huracán a Baja California Sur. Una multitud buscó refugio, como normalmente sucede en estos casos, siendo grato y sorpresivo ver el desempeño y  organización que al instante se desarrolló por parte de la gente refugiada para integrarse en brigadas de vigilancia, seguridad, alimentación y limpieza, entre otras, para enfrentar las dificultades de la situación. Coincidió que una joven mujer iniciara su proceso de parto en el albergue. La cooperación y el apoyo no se hicieron esperar. De igual forma que en las brigadas, sin burocracia, críticas discusiones, preguntas o comentarios como: “¿tiene derecho a servicios médicos?”, “¡este no es mi problema!”, o “¿a qué presupuesto lo aplicamos?”, vieron nacer con su apoyo organizado al nuevo ciudadano que contó con el grupo de médicos, paramédicos, enfermeras, etcétera, improvisado pero más efectivo y de gran desempeño que he visto en mi vida. En cuestión de horas esta inmensa fuerza colectiva resolvió tareas que normalmente a una empresa o institución pública le pueden llevar semanas o meses para organizarse, tomar decisiones y definir estrategias para alcanzar el fin deseado, o incluso para ponerse de acuerdo en qué, cómo y por qué hacerlo.

            Lograr un equipo de alto desempeño no es cosa fácil ni en la teoría ni, mucho menos, en la práctica. Una teoría matemática de optimización basa su fundamento en la siguiente idea, expresada en lenguaje coloquial: para optimizar una función que depende de varias variables, como por ejemplo X, Y y Z,  movemos nuestro “optimizador” en la dirección X hasta su mejor desempeño  y  cuando no sea posible una mejoría lo movemos hacia la nueva dirección Y hasta que alcancemos el mejor desempeño en esta dirección. Cuando no sea posible más aumento movemos nuestro “optimizador” hacia la siguiente variable, Z, hasta obtener el mejor resultado en esta variable. Después de los resultados de la segunda y la tercera variable es posible que se tengan nuevas condiciones de cambio para la primer variable y así sucesivamente, para todas las variables, en un proceso que nunca termina de seguir optimizando (búsqueda continua de la excelencia) o bien alcanza el mejor desempeño en las tres direcciones 
(calidad total).

            En la práctica, la integración de un equipo de alto desempeño requiere tiempo y un cuidadoso trabajo de integración, basado en tres variables significativas: misión, visión y alineación. De igual manera como ocurre con el “optimizador” matemático, debemos mejorar en cada dirección optimizando conceptos, estrategias y resultados, cambiando de dirección cada vez que sea necesario para seguir aumentando la calidad y el desempeño de cada participante y del equipo en su totalidad.

            El concepto de misión declara el fin para el cual existe la institución pública y los servicios que ahí se prestan, aportando claridad sobre el rumbo al que deben dirigirse las acciones organizacionales, dándonos la razón de lo que hacemos y el deseo de cumplirlo. La visión expresa a profundidad lo que queremos en la  organización. Es la declaración consciente del futuro que deseamos construir y una expresión optimista del desempeño esperado, planteando tanto nuestro punto de vista práctico como el aspecto idealista del mismo en su declaración. Es el sueño que construimos despiertos  y que nos guía hacia lo que queremos realmente hacer, tomando como marco de referencia la misión institucional. La alineación consiste en unificar compromisos y responsabilidades. Un equipo alcanza alineación cuando sus integrantes se involucran y comprometen tanto de forma individual como de forma colectiva con una misión común. La alineación asegura que todos los integrantes del equipo trabajan en la misma dirección, compartiendo misión y visión. Un equipo alineado avanza más rápidamente hacia la construcción de la visión compartida debido a que desperdicia menos tiempo y energía en discusiones, agresiones y problemas, ya que conoce y comparte los mismos objetivos personales y de la organización. Sus diferentes puntos de vista y experiencias vienen a ser una de sus más grandes fortalezas, ya que permiten construir soluciones de mayor amplitud y efectividad frente a las necesidades institucionales. La alineación permite desperdiciar menos tiempo en los distractores de la problemática cotidiana y enfocarse plenamente en el alcance del propósito y la estrategia de mediano y largo plazo planteada. No debe entenderse alineación con sumisión, dependencia o pérdida de la libertad individual de los miembros del equipo; por el contrario, se refiere al involucramiento consciente, por convicción, en lo que se desea construir y en la forma que se decide alcanzar dicho fin. No debe pensarse en un equipo alineado como aquel que sigue, hace o recita lo que el “jefe” decide sino más bien como el grupo de personas que conscientemente decide involucrarse en los procesos y propósitos que ellos mismos han tomado como misión y visión organizacional.

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Jorge Alberto Vale Sánchez

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