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De la magia de la lectura

Escrito por Héctor Alejandro Narro Flores en Lunes, 14 Octubre 2013. Publicado en Literatura

 

"Quizá haya enemigos de mis opiniones,

 pero yo mismo, si espero un rato, puedo

ser también enemigo de mis opiniones".

 (Jorge Luis Borges)

 

Navegando por las secciones de Sudcalifornios.com, he podido notar, con gran alegría, que hay la referida a la literatura, a la recomendación de lecturas. En este sentido, yo sigo el ejemplo de uno de mis autores favoritos, Jorge Luis Borges quien dijo: “hay quienes se vanaglorian de las páginas escritas, yo de las leídas”, y con el permiso de la editorial de este sitio virtual, me permito compartir lo siguiente, esperando que siempre se den el suficiente tiempo para leer, no sólo este espacio y las noticias diarias, que si bien puedo estar equivocado, tengo mi razón para decir que, dentro de la lectura, se encuentra un espacio de libertad emocional y creativo que repercutirá siempre en su sentimiento al final de cada día.

Bien, como ya expuse, de expresar alguna opinión personal y citar algunas de mis lecturas, entre ellas la primera que comento en éste espacio, tomada en esencia de un texto de Felipe Garrido titulado El Buen lector se hace, no nace” del cual me atrevo a transcribir un apartado referente a la libertad de elegir, y no se relaciona de manera alguna al aspecto político, que conste:

 

“LA LIBERTAD DE ELEGIR”

En realidad, pero ¿qué es la realidad?, todo esto lo recuerdo sin un orden preciso y es más bien en el momento de escribirlo cuando me veo obligado a decidir una secuencia de acontecimientos y de sensaciones, o por lo menos de palabras, y digo entonces, pero no estoy seguro de que así haya sido, que papá bajaba conmigo los primeros peldaños y que, dos o tres escalones antes de terminar el descenso yo me deshacía de la suave presión de sus dedos y saltaba hacia el frente como me imagino que alguien debe saltar si se tira en paracaídas, con los brazos abiertos y la seguridad de que va a caer en una dimensión de la realidad que es diferente de todo lo que acostumbra recorrer día con día y, por supuesto, no me engañaba con esta previsión, pues allí donde los pies volvían al contacto con el piso, que era un damero de granito o de mosaico, según creo recordarlo, allí era un país diferente y recogido, un espacio encerrado y prodigioso, el reino de los libros.

            Por un amplio espacio de tiempo, que jamás supe medir en horas o en minutos, yo quedaba en libertad en un hipogeo encantado donde mis únicos vecinos eran los libros. Había, pues, que tomarlos en un arrebato de orgía, y había que hojearlos y acuclillarse en el piso, oculto tras algún murete formado por otros libros, y leerlos en desorden, tres a la vez, cinco en cada mano, y si alguno probaba ser de veras cautivante había que sentarse en él para que no fuera a extraviarse, para no perderle la pista, para que no fuera a disimularse entre otros que se le parecían pero que no eran el elegido. Y un rato más tarde, cuando mi padre se presentaba de nuevo, era hora de tomar entre los brazos los que había seleccionado y someterlos al escrutinio de su mirada que discernía tres o cuatro que, más que su voluntad tal vez su bolsillo señalaba como los que podía llevarme a casa.

            Entre las muchas cosas que debo agradecerle a mi padre, esos espacios de libertad en el sótano de la Librería de cristal, la primera, la que verdaderamente era de cristal, en la cabecera oriente de la Alameda, es una de las que recuerdo más desde el fondo de mi más profunda esencia. Muchas veces, después, en todos los años que han seguido, ese recuerdo más de la sangre y de los huesos que de la memoria, ha vuelto a mi conciencia y a mis afectos. Todo niño debería tener esa oportunidad de sentirse libre en un universo de libros. Todo niño debería ser así abandonado a su voluntad entre un exceso de oportunidades para elegir”.

Fomentar el hábito de la lectura en los niños, no se trata simplemente de entretenerlos para que los adultos puedan ocuparse en sus cosas, sino de incluirlos en esas cosas que posteriormente ayudarán a concluir.

En otras entregas bien les podré recomendar, si el espacio y el tiempo lo permiten (no digo Dios porque cada quien tiene el suyo) otros títulos entre los que destaco el de “Momo”, de Michael Ende, que trata de una niña que sabía, de lo que muchos nunca hemos entendido su importancia: “escuchar”. De igual forma, podré comentarles otros que influyen en la percepción de cada quien hacia sí mismo, como el de “Los cuatro acuerdos” tomados de la sabiduría tolteca, traducidos por el Dr. Miguel Ruiz, que nos explica, de forma por demás elocuente cuales son estos (1. Se impecable con tus palabras; 2. No te tomes nada personal; 3. No hagas suposiciones; 4. Haz siempre lo máximo que puedas) Habrá muchos otros libros, entre novelas de ficción, históricas, algunos mas profundos como Los Cuentos para Pensar del Dr. Jorge Bucay,  y tantos otros que me han acompañado y ayudado a entenderme y por tanto entender un poco más al prójimo... Lo más importante, independientemente de los libros que pueda recomendar, es que siempre tendrán la libertad de elegir entre esos o cualquier otro que por fortuna ya llegan constantemente a Los Cabos.

Lo que te deseo, lectora, lector, como un simple y pobre loco peligroso, irreverente, irrelevante, irremediable pero irresistible y real prófugo de la injusticia, es que puedan aprovechar el poder sumergirse en la magia de la lectura y elijan alguno, y otro, y otro...

 

“junto con el habla, leer y escribir son las operaciones básicas de la comunicación y la expresión; quien no puede leer y escribir no domina su propio idioma” (Felipe Garrido)

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Acerca del Autor

Héctor Alejandro Narro Flores

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