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Denuncia ambiental

Escrito por Alejandro Daniel Álvarez Arellano en Lunes, 17 Octubre 2016. Publicado en Opinión

fuga

Como ha ocurrido con los ejecutados cotidianos, los delitos ambientales de tan rutinarios acaban por ser vistos como algo “natural” en nuestras vidas en la ciudad. Diariamente cientos de fugas de agua potable y aguas residuales fluyen por calles y avenidas como pintorescos riachuelos que tenemos que brincar para no mojarnos los zapatos. Distinguir unas fugas de otras no es empresa difícil, a la primera olfateada se identifican las pestilentes aguas escapadas del drenaje municipal aunque no broten necesariamente de una alcantarilla.

Haré referencia a una fuga que por sus dimensiones puede ser que sea merecedora de una medalla de oro –ahora que están de moda las olimpiadas-. Para quien viaje por el boulevard Santa Rosa de la colonia Santa Fe hacia la colonia Miramar encontrará al final de dicha calle un inmenso pantano hediondo casi continuo en una longitud de aproximadamente quinientos metros. Esa fuga de aguas negras es longeva, su edad ronda los cinco o seis años pero se había mantenido en dimensiones de unos treinta metros de largo a todo lo ancho de la calle de terracería a unos pasos de la entrada del rancho San Rafael. Duraba de tres días a una semana y luego se reparaba. Hoy es diferente, de su tamaño ya he hablado, pero en esta ocasión tiene un mes de duración hasta el momento de escribir esta nota.

Los ingeniosos trabajadores municipales construyeron un canal al margen del camino de terracería para conducir el apestoso flujo hasta un arroyo natural que se encuentra entre el fraccionamiento Brisas del mar y la colonia Pitahaya a lo largo de un tramo de casi un kilómetro. Como todo canal construido improvisadamente las aguas estiercoladas se desbordan en varios puntos lo que explica que el pantanal ahora sea de una longitud extraordinaria. Apenas hace unos diez días por ese mismo arroyo fluía otro río de estiércol urbano proveniente de la ruptura de tubería de un drenaje de mayores dimensiones en las inmediaciones de la colonia Diana Laura. Esta fuga era de un caudal mucho mayor, probablemente de más de sesenta litros por minuto. Ambas fugas son como hermanas gemelas tanto en edad como en comportamiento y unen sus destinos precisamente en el cruce del camino que llamaremos prolongación Santa Rosa y el arroyo ya referido. Es obvio que ambas tienen como causa un mal estructural de las instalaciones captadoras de aguas residuales, mal que es atendido con aspirinas cuando debiera ser atendido con cirugía mayor. El gobierno municipal es el responsable en primera instancia de este delito ambiental por omisión, incompetencia, indiferencia o irresponsabilidad, al final el resultado es el mismo. Pero al ser el arroyo un territorio de competencia federal la Comisión Nacional del Agua debiera intervenir dado que se están vertiendo sobre un cauce aguas completamente fuera de la norma de calidad.

En un recuento breve de las consecuencias de este delito ambiental se pueden citar:1. Contaminación de las aguas subterráneas por filtración a profundidad, 2. Contaminación del suelo. 3. Contaminación del aire al secarse el suelo y levantarse en forma de polvo las colonias de bacterias dejadas por las aguas negras. Estas bacterias en el aire producen enfermedades infecciosas de piel, ojos, garganta y del tracto digestivo por parasitosis. Debo insistir que este problema tiene varios años de manifestarse como un padecimiento crónico de esa región del área urbana o suburbana de la ciudad paceña. 4. Contaminación del agua potable como se ha visto en varios sectores de la ciudad dado que la saturación del subsuelo con aguas negras permite que éstas se filtren a la tubería de agua potable cuando se encuentran vacías –varios días a la semana, por cierto- .

Por último, destacaría tres hechos singulares. Uno es la indiferencia de las decenas de organizaciones dizque ambientalistas que parecen atender sólo aquellos asuntos que les significan ingresos financieros. Dos, es la indiferencia de partidos políticos que no consideran de su incumbencia los problemas ciudadanos. Tres, la indiferencia de la Semarnat y de las direcciones de ecología estatal y municipal tan ocupadas en sus grillas internas. Por lo anterior realmente no sé bien a quién está dirigida esta denuncia. Estamos fregados, pero ahí está.

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