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El asesinato de Sor Juana Inés

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Lunes, 13 Noviembre 2017. Publicado en Columnistas, Literatura, Opinión, Política, Sociedad

Ayer, 12 de noviembre, fue el aniversario del nacimiento de la más prestigiada mexicana de todos los tiempos. Y con justeza. Ya todos los que deben saberlo, recuerdan que fue en un doce de noviembre de 1655, treinta y cinco años después de que Cervantes y Shakespeare murieran el mismo día, cuando vino a dar grandeza a México y al mundo Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana. La más dulce y talentosa, sagaz y cultísima, astuta y genial mujer que ha dado la literatura mexicana.

No me atrevo a declararla la mexicana más grande de todos los tiempos, en este empobrecido país nuestro, porque mi ignorancia es mayúscula, como bien lo saben las mujeres y lo sospechan los varones. Sin embargo, si no es la de mayor dimensión holística, sí ha de ser una de las tres más refulgentes. Usted ponga las otras dos y quedaré satisfecho.

En el libro de homenaje a Martínez Cachero de Universidad de Oviedo y que deberían hojear y ojear lo mismo los grandes escritores sudcalifornianos Sofía Chiquetts que Bruno Lojero o María de Jesús Ceseña, que usted y yo que amamos la palabra que camina en busca de lo oculto, o Vico Caballero o Luis Domínguez Bareño el cronista, al igual que Gabriel Fonseca Verdugo el indomable o el Cronista de todas las Californias Eligio Moisés Coronado, se recuerda que Sor Juana habría leído al propio Quevedo, a Shakespeare y a Cervantes. Yo lo dudo, porque soy dubitativo, ergo cogito, ergo sum, pero una lectora como usted no puede titubear si ya se arrojó en esos brazos que tanto daño le hicieron.

En fin, para qué tantos brincos estando el suelo tan parejo, si este es un articulejo de nota roja, sí, de crimen organizado, desorganizado y reorganizado como  closet de quiceañera. El hecho concreto es que Sor Juan Inés de la Cruz fue asesinada por el Obispo de Puebla Manuel Fernández de la Cruz al utilizar cobardemente un pseudónimo femenino para atacar a la que presentaba en una obra imperecedera.

Sor Juana Inés de la Cruz, la hija “bastarda” de, Pedro de Asbaje e Isabel Ramírez de Cantillana, no pudo resistir un embate como el de un obeso y avieso obispón verde y poblano como camote, cuando le dejó caer la aplanadora en ese libelo que intituló “Carta de Sor Filotea de la Cruz” dándole el avión a la hermana Juana la novohispana, pero debilitándola tanto espiritual, moral y físicamente, que bajaron sus defensas, ya no resistió las enfermedades y murió. 

El obispo Fernández de Puebla, había publicado en 1690 una obra de Sor Juana: la Carta Athenagórica, en la que ella criticaba al «sermón del Mandato» del jesuita António Vieira sobre las «finezas de Cristo». Pero el ladino obispo añadió a la obra una «Carta de Sor Filotea de la Cruz», es decir, un texto escrito por él mismo bajo ese pseudónimo en el que, aun reconociendo el talento de Sor Juana, le recomendaba que se dedicara a la vida monástica, más acorde con su condición de monja y mujer, antes que a la reflexión teológica, “ejercicio reservado a los hombres”.

Ella a su vez, en la “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz” (es decir, al ovispoblano), cuenta su vida y reivindica el derecho de las mujeres al aprendizaje, pues el conocimiento «no sólo les es lícito, sino muy provechoso». La Respuesta es además una bella muestra de su prosa y contiene abundantes datos biográficos, pletórica de rasgos psicológicos de la gran escritora.

Pero, a pesar de la contundencia de su réplica, la crítica del obispo de Puebla la afectó profundamente; tanto que, poco después, Sor Juana tuvo que vender su biblioteca y todo cuanto poseía, destinó lo obtenido a beneficencia y se consagró por completo a la vida religiosa. La causa de la causa es causa de lo causado, dicen los juristas. Véalo como quiera, la mató o la obligó a suicidarse.

 

Usted entiende mejor las cosas de las mujeres intelectuales y sensibles. Acuérdense también de por qué murió Pablo Leocadio Martínez Márquez, lo forzó tanto en su campaña política Luis Echeverría que su pobre cuerpo no resistió y murió ese mismo 1970 a la joven edad de 72 años, como recordó nuestro amigo Miguel León Portilla recientemente. En fin, no me haga caso a mi sino al sabio artículo “Sor Juana y la Inquisición: Las paradojas del poder” de Virginia M. Bouvier en la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, Año 25, No. 49 (1999), pp. 63-78

Publicado por el  Centro de Estudios Literarios "Antonio Cornejo Polar"- CELACP. No quiero ahondar más en la llaga, pero recuerde que los obispos no se mandan solos. Sólo me queda una duda: ¿Por qué el gobernador Mendoza de BCS desprecia tanto a la ciencia? ¿Leyó usted su informe?

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Ramón Ojeda Mestre

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