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El ignorante

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Lunes, 17 Julio 2017. Publicado en Arte, Columnistas, Opinión, Política

Lo primero que me vino a la mente fue un óleo maravilloso, de gran formato y calidad indudable, que se encuentra en el Salón de Recepciones de la Secretaría de la Defensa Nacional, que es, en sí mismo, también una obra de arte.

Esa pintura a la que aludo y que irrumpió de golpe en mi memoria aterida por el frío y la lluvia que atacaron a Amsterdam hace unos días, fue realizada por un pintor extraordinario del que sólo conozco su apellido y la inicial de su patronímico.  Es el cuadro llamado Rendición de Maximiliano en el Cerro de las Campanas, de A. Vent, en 1895, un óleo sobre tela cuya reproducción se encuentra en el libro de La pintura militar de México en el siglo XIX, editada por la SDN.  Me confieso de entrada ignorante, lo cual me entristece, porque la cultura es uno de los más preciados dones que nos brinda la civilización y la desperdiciamos inexcusablemente.

 

Lo que me hizo recordar a ese óleo magnífico fue una obra inesperada, sorprendente, de la que no tenía noticia y estoy seguro que la mayoría de los mexicanos, como usted inteligente lectora o usted libidinoso lector, tampoco.  Es un cuadro gigantesco que estaba en el Museo del Hermitage en Leningrado, hoy otra vez San Petersburgo, o quizá en el Museo de Arte Moderno Occidental de Moscú y que pertenecía a la colección del sabio y opulento Sergey  Tretyakov y que se llama “Emperador Maximiliano de México antes de su ejecución” y es de 1882.  El pintor de esa obra de más de tres metros por dos y medio, es nada más y nada menos que Jean-Paul Laurens, quién nació en la época de Juárez en Francia y murió allá mismo cuando la revolución mexicana ya casi había terminado.

 

Es increíble que esta obra fantástica no hubiera sido ampliamente conocida por nosotros los mexicanos y no es sino hasta ahora, en que el Museo Hermitage ruso ha abierto una especie de sucursal gigantesca en Amsterdam, Holanda, en virtud de que está en reparación el Museo de Van Gogh, que todas las obras impresionistas que albergaba dicho centro de cultura estética fueron alojadas generosa y cálidamente por este Hermitage holandés y así, cerca de Los Girasoles de Vincent Van Gogh, de sus morados lirios o de sus trabajos en Arles y de la Casa Amarilla que fundó con Gauguin, se encuentre ahora Laurens con Cézanne, Monet, Pizarro, Renoir y muchos otros pintores y escultores inmortales. 

 

El propio gran impresionista Edouard Manet había exhibido en Manheim, Alemania, su cuadro de la ejecución de Maximiliano, pero el de Jean-Paul Laurens es sin duda muy superior y por eso lo despliegan con tal orgullo.  Jean Paul Laurens se hizo famoso también por sus feroces críticas a la inquisición de la iglesia católica y por eso pintó el juicio a Bernardo Délicieux en cuatro diferentes momentos. Ese monje franciscano quien  lo único que alegaba era la pureza de la religión y de la estética en la vida monástica,  le costó ser acusado de herejía y fue arrestado en 1317 por orden del Papa Juan XXII y sentenciado a prisión perpetua en la que murió.  Los monjes de la Inquisición que interrogaron al padre Bernardo eran dominicos. 

 

Hay libros dedicados al proceso y muerte de este cura, pero Laurens logró captar su dramatismo al igual que en el caso de Maximiliano. Fue influido por la obra teatral de Alfred Gassier “Juárez en la Guerra de México” que estuvo censurada y prohibida hasta 1886.  La obra de Gassier se publicó en 1880 en el periódico La Linterna acusando a Napoleón III de ser responsable de la muerte de Maximiliano.  Laurens que era ferviente republicano hizo este cuadro como protesta contra la censura y había leído el diario del Príncipe de Salm-Salm, porque la escena se desarrolla en la celda del monasterio capuchino en Querétaro.

Dice Raymundo Ramos que todo lo sabemos entre todos, pero la mayoría somos ignorantes. A confesión de parte, relevo de prueba.

 

*Pintura de Édouard Manet. “Ejecución del Emperador Maximiliano de México”. (1868). Actualmente ubicado en museo Kunsthalle Mannheim, Alemania.

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Ramón Ojeda Mestre

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