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La Cratofobia

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Miércoles, 18 Octubre 2017. Publicado en Columnistas, Literatura, Opinión, Política, Sociedad

Pobre Miguel de Cervantes Saavedra que en el Quijote de la Mancha dejó sus consejos políticos en el diálogo fantástico con Sancho para ir a gobernar la ínsula Barataria. Pobre Nicolás Maquiavelo que no puede escapar de esa preciosa tumba de mármol que guarda sus restos en la Basílica de la Santa Croce de Florencia y que dejó un legado impresionante de sabiduría política en el Príncipe. Pobre también Ortega y Gasset y no menos desdichados  Azorín o Tomas Hobbes que tan bien explicaron las cosas en el Leviatán del siglo XVII y así pudiéramos llenar esta mísera cuartilla de sabios textos, cuyos ilusos e ilustres autores, pensaron que iba a llegar el día en que tuviéramos gobernantes que supieran leer y escribir, pero sobre todo leer y entender y, desde luego aplicar.
 
No ocurrió así, estamos en manos del poder inculto, del poder arrogante, insensible y patibulario y a ello se debe que los ciudadanos, el pueblo llano les ha ido despreciando, ignorando y odiando y ello es muy peligroso como lo enseñan todos los textos de historia política y nuestros periódicos de estos dos siglos. Hay una cratofobia que se revela segundo a segundo, que se refleja minuto a minuto en todas las redes sociales, en todos los corrillos, en todos los hogares. Sí, nunca tuvo tanta razón Rafael Hernández, el Jibarito, se oyen los lamentos por doquier desde nuestra desdichada Borinquén, metafóricamente hablando. El odio es lo más ígneo que hay, lo más combustible, lo más contagioso, sobre todo porque ya ha permeado toda la taxonomía del tejido social, está ya, se ve, se oye, se siente, se huele, en todo el territorio nacional y no les satisface ya ni a la élite cebada y sebada, ni al populacho seboso y sabroso del que formamos parte, que nos estén aventando trozos de políticos, defenestrados como si el meter en prisión preventiva y efímera a esos infelices truhanes hiciera el milagro de purificar a los que todavía despachan en todas las capitales de México.
 
Es inútil, le echa más gasolina al fuego y más sal a la llaga, el hecho de que junto con las raterías y trapacerías todavía quieran burlar más aún a todos los resentidos pagando publicidades laudatorias en technicolor o todo tipo de truculencias incluso digitales, las 24 horas del día. Ya podrían estar día y noche todos los gobernantes juntos o por separado diciendo que, sí son buenos, simpáticos, inteligentes y sencillos, eficientes, laboriosos y austeros, pero son tan torpes que lo único que hacen es exhibir más su petimetrismo, su pirrurismo, su oligocracia, su lucroteísmo, su boato, su ceguera y chatez, su oquedad craneana.
 
Es cierto que puede haber excepciones, es seguro que las haya, pero recordemos una de las muchas frases que plagiara y repitiera Reyes Heroles:  lo que resiste apoya. Pero la corrupción y la ineficiencia campean ya, desbocadas y pestilentes, vertical y horizontalmente, adobadas con la peor de las salsas de la historia humana: el tejido carmesí de la violencia, del crimen y la impunidad. 
 
Se nos fue el tiempo. Culpa no es de los tiempos sino de España, por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa y nos damos golpes de pecho, de techo y de lecho, pero el hecho es que esto ya no tiene remedio. 
 
Claro que va a haber un cambio y pronto, pero será para empeorar, la violencia y el odio recíproco entre el pueblo y gobierno sólo tiene una desembocadura que usted ya sabe, porque usted sí ha leído la historia de las dictaduras y de los fascismos, de las represiones y de las noches de los cuchillos largos. No, Jan Valtin, la noche no quedó atrás. Apenas empieza. Huele a miedo. Huele a horror. Ojalá no sea así, pero incluso acá, en B.C.S., donde me dieron asilo poético, ya están convocando marchas públicas para el próximo sábado. Atrás los fielders.
 
 
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Ramón Ojeda Mestre

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