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La prensa vendida

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Jueves, 03 Septiembre 2020. Publicado en Columnistas, Columnistas BCS , Política, Ramón Ojeda Mestre, Sociedad

Bundle, Cuerda De Yute, Periódico, Periódico Viejo

El segundo periódico, publicado en la historia de la humanidad, fue el Aviso Relation oder Zeitung de la Baja Sajonia, el 15 de enero de 1609. El llamado Acta Diurna tiene cerca de 2138 años, pero no falta quien aduce que el Notizie Escrite que, sin comprobarse, podría venir desde 1556 y se pagaba con una pequeña moneda llamada Gazette por lo que, por extensión se llamaría después Gaceta a la prensa vendida. No olvidemos por favor al periódico semanario de Johann Carolus en Estrasburgo, Relation: Aller Furnemmen und Gedenckwürdigen Historien de 1622. Por cierto, en su número 37 apareció la noticia del Telescopio de Galileo. De nada.

Para que ningún mitotero me vaya a demandar por ocultar información clasificada, mencionaré al semanario Chino Kin Pau que se publicaba en 1361 y al periódico que Benjamín Franklin publicaba con el seudónimo de Silence Doggwood. En fin, en este artículo que seguramente nadie leerá excepto usted por morbo, cuando decimos prensa vendida aludimos genéricamente a periódicos, revistas, redes sociales, hojas parroquiales, radiodifusoras, televisoras, cinematografía noticiosa o publicitaria, pegotes en mobiliario urbano, et caetera.

 

 La Gazette - Wikipedia, la enciclopedia libre

Desde siempre, para mantenerse y mantener a sus dueños o editores, los medios de comunicación se venden. De allí que lo de prensa vendida, cuando no se utiliza con animus laedendi o peyorativamente, puede estarse describiendo a cabalidad el fenómeno o binomio casi inseparable o indisociable de publicación-comercio.

“Y tú te vendes, quién pudiera comprarte, quién pudiera pagarte, un minuto de amor”, diría uno de los tres grandes prolíficos mexicanos, Agustín Lara que recuerda la propensión del ser y sus productos a ser mercantilizados y la propia Biblia rememora el pasaje de un Jesucristo iracundo expulsando a latigazos a los mercaderes del templo. El comercio, es casi tan antiguo como la estirpe humana. En un principio vía trueque y luego utilizando como moneda cualquier objeto considerado valioso, fuera la sal como ha explicado Marius T. Alexianu en el Segundo Congreso Internacional de Antropología de la Sal o pagando con granos de cacao, más tarde o pepitas de oro o con ganado, de donde viene la palabra pecuniario. Pecus-pécoris latín.

La prensa se vende, toda, para sobrevivir. Cobra el director, los trabajadores del taller o del estudio para grabar, del diseño computarizado, de los criterios editorializados, que, aunque en ocasiones como en el caso de este tlacuilo y jarocho tecleador de veras, de todas maneras, hay una especie de precio de facto que se cubre con el espacio que se utiliza electrónica o periodísticamente para publicar. Es decir, aunque no cobre el editorialista, el editor tiene que pagar por el espacio electrónico, las computadoras, la electricidad, la “cargada” electrónica o acústica del material, andar mendigando anuncios o recibiendo “proposiciones que no puede rehusar” de poderosos o acaudalados, así, toda la prensa se vende.

En los periódicos impresos es muy claro: se compra el papel, las enormes maquinarias metálicas, el hardware o software, los trabajadores del taller, los redactores, formadores, reporteros, artistas, caricaturistas, genios y parásitos que nunca faltan, los editorialistas ya mencionados, y hasta en las estaciones de radio le cobran a usted por una simple mención de su empresa, de su producto o de su nombre o por omitir ciertas cosas o casos que a usted no le gusten o no le convengan. También el silencio es una mercancía asaz valiosa.

Como soy maestro universitario en derecho, bastante mediocre por cierto, sé que hay atenuantes, agravantes, o excluyentes de responsabilidad o de imputabilidad, e incluso lagunas de tipicidad, así que no me atrevo a decir que sea bueno o malo que la prensa se venda, que el escritor editorialice sesgado por consigna o que el reportero tergiverse los hechos o el cronista mienta deliberadamente o que todos se presten a recibir los pagos de la adulación o de “una buena imagen” a tal grado reconocido y aceptado oficialmente el “nauseabundo pecado” que en los presupuestos municipales, estatales, federales y empresariales privados se dan casos de partidas abiertas para cubrir “con foto y video porfis” los casos de la desinformación pagada.

Las redes sociales han caído en los mismos vicios que planteara Honorato de Balzac en su Comedia Humana cuando describe en el capítulo “Un hombre de provincia en París” cómo se va configurando el fenómeno de la corrupción periodística. Sin embargo, pensar o decir, que todo material publicado, impreso o digital, audible o visible, e incluso tocable vía sistemas Braille o similares, es vendido o torcido, resultaría no solamente erróneo sino imposible de comprobar.

Lo que sí podemos creer es que aún el más ecuánime de los filósofos o de los literatos, tienen creencias, convicciones o filias y fobias, que hacen casi imposible leer a alguno que no muestre sus inclinaciones por muy listo que sea, pues para los toros del jaral los caballos de allá mesmo o entre gitanos no se leen la buena ventura. Pero no hay duda de que a las mujeres periodistas al igual que a los varones o mixtos se les nota fácilmente cuando pecan por la paga de quienes pagan por pecar. Como dijo Manzanero el inmortal peninsular: Somos obvios.

Quienes escriben emocionadamente en las redes sociales con o sin recato a la ortografía, a la prosodia o a la sintaxis e incluso con o contra la decencia y las buenas costumbres, parecieran conmovedoramente auténticos y sinceros, pero vienen tan sesgados como todos los demás que pertenecemos al antiguo venero de la rupestricidad o del petroglifismo, ya que utilizaron los muros de las cuevas para publicar sus azañas, sus creencias, sus advertencias o sus descubrimientos científicos, como ese maravilloso antepasado que dejó su impronta cultural con la súper nova grabada en una piedra o los de San Borjitas en BCS que tanto han estudiado Gabriela Amao Búrquez y Tamara Montalvo Arce o los grandes de Altamira, Lascaux u otros de hace 40 mil años. No sabemos si era prensa vendida pues podría ser un arranque de inspiración del esteta, pero podría ser una orden del chamán o del Tlatoani para “comercializar” el temor, la reverencia o la identidad gregaria. No creo que fuera así, pero aquí no es mezquita para manifestar creencias.

Las redes sociales, como el resto de la “prensa vendida” cultivan con singular fruición el canibalismo y cuando se convierten en blogs exitosos o youtubers o influencers o como se vayan llamando estacionalmente, acaban comercializando de manera fina o burda, según el caso, sus productos. I usted paga a las plataformas, su nombre y sonrisa puede salir cien mil veces en un día, el Facebook era para verle la cara, pero acabó siendo un medio para ver el alma y el bolsillo o las dolencias y falencias de todos nosotros, los homo videns. ¿O qué cree que los Bots (aféresis de Robots) surgen por generación espontánea o son almas de la caridad?

Los médicos, venden sus conocimientos para curarnos y son pocos los que los llaman medicina vendida. Le voy a contar un secreto: ¿Sabe por qué se llama Bora el modelo de un coche muy vendido? En honor de Catalina de Bora, la esposa de Martín Lutero que clavó sus 95 famosas tesis en una iglesia de Wittenberg el 31 de octubre de 1517, para criticar que la iglesia católica “vendía” de todo. El comercio, pues, es una actividad legítima y reconocida por la constitución, por lo que decir prensa vendida no debe ser insultante u ofensivo, aunque haya una praterintencionalidad en espetarlo, hay quienes venden su pluma o su medio y hay quienes se los compran, tanto, como hay quienes compran esos medios o los espacios o pagamos los servicios de Google o de todo ese maravilloso enjambre de las TICs y sus nuevas formas, métodos o instrumentos de comunicación electrónica.

Si yo digo que Marcelo Ebrard es el mejor ministro del presidente Andrés Manuel López Obrador, puede ser: 1 Porque sea cierto, 2. Porque me pague él o alguien para decirlo, 3. Porque yo quiera adularlo o fregarlo, 4. Porque alguien me pague para adularlo o fastidiarlo, 5. Porque me equivoque, puesto que no es Ministro o 6. Por la razón que usted, que tiene la razón en ser sospechocista, pueda elucidar.

En un mundo ideal, nada se debería de vender y nadie debería de comprar. Pero hace 3,180 años ya el Código de Hammurabi regulaba el comercio, así que no nos extrañe que la prensa o los periodistas, o las estaciones de radio y sus locutores, o la televisión o las redes sociales y sus espacios o usuarios realicen actos de comercio abiertos o encubiertos, pues la compraventa de la prensa o de otros productos culturales como la música, la pintura, la literatura, la arquitectura o incluso el saber científico, tiene miles de años en el mercado. Piénsele y póngase abusada.

 

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Acerca del Autor

Ramón Ojeda Mestre

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