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La reversa democrática

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Lunes, 27 Abril 2015. Publicado en Opinión, Política, Sociedad

 

 

Es evidente que la “democracia” en México va para atrás. Contradice el principio de No Regresión y pone en riesgo la estabilidad de un país asaz atribulado por las siete plagas de Egipto en su versión moderna. En el libro de Sociología del gran maestro Antonio Caso se decantó un principio que luego algunos conocidos plagiarios y chimpancés intelectuales lo repitieron como propio: “Lo que resiste apoya” y ello viene a colación porque de los nuevos partidos políticos que han venido a sumarse al desolador panorama de la lucha electoral, se encuentra el del Movimiento de Regeneración Nacional, MORENA, que preside Martí Batres pero que indudablemente lidera Andrés Manuel López Obrador.

El afán de sumar partidos va en proporción inversa al avance de madurez cultural de la democracia mexicana y la hace aún más inviable. Da la impresión de que los partidos tradicionales de amplia estructura: El Revolucionario Institucional, Acción Nacional y el de la Revolución Democrática tienen como propósito primigenio el de cerrar el paso al expriista y experredista Andrés Manuel López Obrador, cuya única culpa es haber obtenido cerca de 17 millones de votos en una elección presidencial y ello lo ha convertido no en el Fantasma de Canterbury, en el Fantasma de la ópera de Leroux, o en el Fantasma de Canterville del genio irlandés Oscar Wilde, sino en el fantasma de las elecciones del 2015/2018 (Son dos, se toman juntas, decía el anuncio medicinal de nuestra infancia).

Le he preguntado a amigos muy cultos en la ciencia y en la teoría política, e incluso he tratado de que mi secretario particular Don Google Yahoo, me lo responda y ni así hemos logrado descifrar cuántos partidos hay en México, pues a  los ya medianamente conocidos que, incluyen a los tres nuevitos,existen, nacen, crecen y se reproducen partidos locales que se las ingenian para sobrevivir como fauna de acompañamiento, dicho sea con el mayor de los respetos y que en realidad no son ni chicha, ni limonada.

En amor creen los más duchos, contra los que son más locos, que en vez de los pocos muchos, valen más los muchos pocos. Se nos enseñaba en la Prepa, pero parece aplicarse al fenómeno de la proliferación de partidos que no logra hacer que el número de votantes crezca en proporción para vencer el abstencionismo o el estreñimiento sufragal. En estas elecciones,  que no despiertan el menor entusiasmo con los mecanismos tradicionales que los candidatos utilizan, empezando por colocar sus fotos falsas y desangeladas, maquilladas y artificiales en cuanto pegote o manta se les ocurre, en estas elecciones del domingo7 de junio, sépanlo sus mercedes, el abstencionismo será superior al cincuenta por ciento.

Más de la mitad no votarán. A pesar de que la Constitución muy seria declare que los Partidos son entidades de Interés Público, la mayoría de los mexicanos, en edad de votar, no acudirá a las urnas ese aciago domingo siete, porque saben que les infligiremos el clásico axioma de más de lo mismo. Si el resto del macizo de votos, lo dividimos entre los partidos que contienden con esos repugnantes candidatos de toda ralea (desde luego con las honrosísimas excepciones que demuestran que no todo está podrido en Dinamarca), resultará que los candidatos que ganen, una Alcaldía, una Delegación o una curul e incluso una Gubernatura donde se rifan también este año, pues resulta que los llamados triunfadores, tendrán cerca del 80 por ciento de los votantes en contra. Lo logramos: somos una “democracia” de poquitos. No es representativa.

 

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Ramón Ojeda Mestre

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