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Lo más honesto

Escrito por Justine Hernández en Miércoles, 01 Noviembre 2017. Publicado en Literatura, Narración, Poesía

Alguien me dijo alguna vez, que si quería escribir, el único requisito era ser honesta. He pensado infinidad de veces en esa frase, en esa “condición”. Y a la única conclusión a la que he llegado es que no es sencillo. Además del consabido reto que es para muchos enfrentarnos a una hoja (pantalla) en blanco, están las otras voces; nunca falta el amante en turno que cuestiona tus relatos, que se niega a leer tus poemas pasados porque asume que hablan de otro, de otra, o aquellos que piensan que las aventuras en tus cuentos, reflejan tus más calladas fantasías o que incluso las escenas de tu novela, son la proyección o narración de tus aventuras. Algunos incluso cuestionan el nombre de tus personajes. 
 
Detrás de eso está lo realmente difícil: ser honesto contigo, ponerle letras a lo que se trama en tu cabeza, llamarle vagina a la vagina, dolor al dolor, violencia a la violencia. Asumir que, si hablas de una familia, la tuya se te vendrá encima, si escribes sobre la soledad te dirán pesimista y si se te ocurre hablar de orgasmos seguro es, que has visitado muchas pieles. “Como si eso realmente fuese importante”. Habría que pensar, si ese es el tono, en todos aquellos escritores encarcelados o muertos, por su atrevimiento a expresarse.
 
En realidad, la honestidad a la que se refería mi amigo, (opuesta totalmente a la definición de Cicerón) es al acto de decir las cosas como las sientes, de no pensar mucho en las consecuencias, la congruencia, la veracidad, sino en la habilidad de sacarle a las palabras la capacidad de transmitir y reflejar; ideas, emociones e historias, en lograr como dijo Octavio Paz  refiriéndose a las palabras: “que chillen las putas”. Lo cual no es, tampoco, nada sencillo. Describir un amor, sin recurrir al cansado corazón palpitante o a una muerte como al silencio eterno, no es fácil. Además, ¿qué se puede escribir que no se haya escrito ya? ¿sobre qué? Somos tan elementales que nos movemos incansablemente en el mismo y repetitivo plano de emociones y vivencias. La magia y el reto, para el escritor es, que lo hacemos desde nuestra “persona”, con ojos únicos (no propios), y con palabras repetidas y gastadas, hay que atreverse a escribir.
 
No es fácil ser escritor en este mundo de apegos, de estructuras establecidas, de blancos o negros, de asumidas expectativas… y aun así, hoy lo entiendo, es lo más honesto…

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