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LOS TRES PRIMEROS

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Lunes, 30 Julio 2018. Publicado en Columnistas, Cultura, Escritores BCS , Opinión, Política, Ramón Ojeda Mestre, Sociedad

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Lo mismo que usted inteligente, científica y sensual lectora, e igual que usted, agudo, ventrudo y sesudo leyente, no creo en la numerología, sin embargo, como dijo Oscar Wilde: “puedo resistir todo menos la tentación”. Y cuando leí el apasionante libro de Simon Singh: “El último Teorema de Fermat”, nunca más pude volver a ver los guarismos con la misma indiferencia y distanciamiento de los que hemos estudiado la filosofía del derecho o la ontología. El hecho es que ustedes nunca olvidarán “el primero”.

Así, varias veces, a media noche, despierto sobresaltado buscando las señales exegéticas de “los tres Primeros” que han cambiado esta historia de México de la postmodernidad. Sí, ustedes ya lo adivinaron, me refiero al Primero de julio, al Primero de septiembre y al Primero de diciembre. Esos tres días primero nos señalan la fecha en que el pueblo de México dio el volantazo sufragal para calar una vez más la fórmula axiológica de la Revolución Mexicana, el día primero de septiembre regalarle a la institucionalidad un Congreso apabullantemente mayoritario, alineado con el Ejecutivo inminente, y que, a querer o no, le succionará el oxígeno, la sístole y la diástole al ejecutivo saliente durante estridentes noventa días de septiembre, octubre y noviembre.

Pero habrá de ser el primero de diciembre del 2018, el día más emocionante de la historia política de México del siglo XXI al llegar por la vía de las urnas, sin violencia, falencia, pendencia o dolencia a la Presidencia de la República, el primer mandatario que más intensidad esperanzatoria, cuantitativa y cualitativa, ha acumulado en toda nuestra historia desde Acamapichtli hasta la fecha.

Quizá sea demasiado lo que nos recargamos en sus capacidades, talantes y talentos todos los mexicanos, pero no nos quedaba de otra, cientos de miles murieron en la pobreza o por la pobreza y millones de hombres y mujeres se frustraron en las últimas generaciones creyendo en falsarios y vivales y el “ahora o nunca” de Lerdo de Tejada se hizo realidad.

Yo no sé si Andrés Manuel sea o vaya a ser el presidente más moreno de nuestra historia, pero estoy seguro, porque lo he visto muchas veces en los últimos quince años, que su color de piel, su forma de hablar y de mirar transparente hipnotizó los corazones, las emociones, las mentes y las experiencias de las grandes masas populares y de las inteligencias más sanas y ensanchadas de las clases medias o encumbradas. Por alguna razón, quizá comunicacional, de la era del conocimiento, o por los brujos de Catemaco, si usted quiere, pero el pueblo siente que ya está gobernando. No Andrés Manuel, sino el propio pueblo, como si el día primero hubiera sido su verdadero día de la Independencia, de la Reforma, de la Revolución o el del despertar de una pesadilla espantosa que empezó el trece de agosto de 1521 con la caída de la gran Tenochtitlán, que para nosotros fue peor que la caída de Babilonia narrada en el Apocalipsis.

La verdad es que muchos, de mi generación o similares, (atención INAPAM) nunca imaginamos que llegaríamos a ver el día del nacimiento de la democracia moderna. El primero de diciembre es el trescientos treinta y cinco (tricentésimo trigésimo quinto) día del año en el calendario gregoriano o el trescientos treinta y seis, en años bisiestos, que no es el caso.

Trescientos treinta y cinco suma once y dos mil dieciocho suma once, es decir cuatro unos, por lo que quienes creen en esas chifladuras numerológicas, pueden pensar que esos cuatro

números apuntalan la llamada “cuarta transformación”. Pero más allá de estas vaciladas, son dos los aspectos clarísimos que tenemos que atender: uno es lo que el elegido y sus colaboradores hagan para reivindicar a México, para regenerarlo, para curarlo y ponerlo en el verdadero carril de la justicia y otra cosa, el segundo aspecto toral, es lo que cada uno de nosotros tiene que emprender con tesón y entusiasmo para ayudar a que todo esto mejore y la corrupta zahurda se asee y sane. Nunca más pueblo sin gobierno, ni gobierno sin pueblo. El peor de los paternalismos sería que todos nos apoltronarnos vaquetonamente a esperar a ver que hace papi López por nosotros. Creo en su frase fundamental: sólo el pueblo puede salvar al pueblo.

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Ramón Ojeda Mestre

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