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MEDALLA AL MÉRITO EN PRO DEL DESARROLLO ARTÍSTICO Y CULTURAL DEL ESTADO

Escrito por Ramón Cuéllar Márquez en Sábado, 12 Diciembre 2015. Publicado en Literatura, Noticias

DISCURSO LEÍDO DURANTE EL OTORGAMIENTO

DE LA MEDALLA AL MÉRITO EN PRO DEL DESARROLLO

ARTÍSTICO Y CULTURAL DEL ESTADO

A RAMÓN CUÉLLAR MÁRQUEZ

 

 

Por: Ramón Cuéllar Márquez

 

La vida nos da y nos quita, pero nunca se equivoca, de eso no hay duda. Cuando llegamos a un punto, una meta, pocos nos detenemos a pensar que detrás de ese esfuerzo o logro, existe una interminable lista de personas que han estado de nuestro lado, ya sea permanente o temporal, pero que todos de alguna manera han contribuido para que cada uno de nosotros siguiera adelante, por mínima que fuera esa presencia. Nadie se hace a sí mismo, ni nadie tiene logros sólo por alguna condición física especial, o por su género o por su clase social o por su color, sino porque hay gente junto a nosotros que ha dado de sí sin esperar nada a cambio y por esos vínculos poderosos que son la amistad y el afecto familiar, que son justamente los mayores respaldos que podamos tener, como los que hoy me acompañan: mi esposa Alma y mis tres hijos, Mariana, Ramón y Ángel, además por supuesto de todos mis amigos, amigas y familiares, en especial al Prof. Juan Cuauhtémoc Murillo Hernández, que fue quien hizo la propuesta ante este Honorable Congreso.

Así que no es la discapacidad que alguien tenga la que nos saca adelante. No. Cada uno de nosotros es una persona, y a un lado hay otras personas, que a su vez apoyan a otros, y así infinitamente. Esto es cierto en la medida en que abramos los ojos para darnos cuenta de que existen esos otros y que gracias a eso podemos extender los lazos más allá de nuestros egoísmos y necesidades primarias. Es verdad que también hay un espíritu interior que nos hace individuos y que nos impulsa por sacar lo mejor en nosotros, aun en las condiciones más extremas y paupérrimas… Ese espíritu tan humano, frágil y fuerte al mismo tiempo, que nos hace tener caídas y levantadas, fracasos y éxitos hasta el fin de nuestros días. Porque eso no acaba nunca. Crecer no acaba ni un solo instante. Y por eso mismo podemos tener la certidumbre de que no existen el fracaso ni el éxito definitivo, por fortuna.

No hay pretextos para no ser felices. La felicidad no es una eterna sonrisa ni una explosión momentánea de alegría, si no la constancia con que nos empeñemos con aquello que amamos, porque si amamos lo que hacemos no habrá nunca conflicto en lo cotidiano, ni a corto ni largo plazo. Aunque nos faltaran las dos piernas o los dos brazos, aun así debemos seguir hacia adelante, porque nuestro espíritu no está amputado, ni ciego, ni sordo, ni en silla de ruedas. Ese espíritu que todo lo transforma y hace cosas extraordinarias. De eso estamos hechos todos.

Yo tengo esperanza de una Baja California Sur armónica, justa, equilibrada, honesta, sin corrupción, con funcionarios, funcionarias, legisladoras y legisladores con conciencia que velan siempre por sus ciudadanos y ciudadanas. Porque si la base de nuestra cultura fuera la honestidad, ni siquiera habría necesidad de ser importantes en los cargos públicos o en cualquier actividad humana, sino personas ayudándose mutuamente como la cosa más esencial. Yo aspiro a un México de verdad, con instituciones al servicio de los ciudadanos y no de particulares, con gobernantes de sentido humanista de la realidad y sensibles a las carencias de una población cada vez más pobre económicamente. Sé que podemos, porque somos más los que deseamos algo mejor.

 

Gracias.

 

Foto: EL INFORMANTE BCS/IVÁN GAXIOLA

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