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Y seguimos pidiendo la palabra: MI PADRE PESCADOR

Escrito por Adrián Arce Patrón en Martes, 18 Septiembre 2018. Publicado en Aventura, Literatura, Narración, Y Seguimos Pidiendo la Palabra

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Una cara curtida por la brisa marina y los rayos del astro rey, manos fuertes y ásperas, brazos quemados por el sol, olor a agua salada y algas, a veces a pescado y otras veces oliendo a guano de ave acumulado en las lanchas de trabajo, un cigarro atrapado en los labios, una taza de café y la mirada perdida en el ancho mar, quizá recordando alguna aventura, preocupado por el estado del tiempo, quizá deseando que la pesca este buena o probablemente solo deseando traer algo para el alimento del día. Detrás de esta imagen de hombre rudo y fuerte, de viejo lobo de mar, aventurero, valiente e intrépido, hay un hombre responsable, un padre amoroso, un esposo respetable, un hijo agradecido, detrás de esa imagen hay un hombre que se levanta mucho antes que los primeros rayos del sol se vislumbren en el oriente, se levanta sabiendo que quizá su destino este marcado hasta ese día, con la incógnita en la mirada si volverá a la calidez del hogar horas más tarde, todos duermen en la casa, los niños hoy no tienen escuela, probablemente cuando regrese de la marea los encontrará chapoteando en la playa, jugando a ser buzos o pescadores, remando en los bonguitos o atrapando peces en los charcos al bajar la marea, cabe la posibilidad de que no regrese jamás, el mar es así, caprichoso, traicionero, inestable, pero bondadoso, rico y necesario, quizá cuando regrese, el hijo le ayude a lavar sus botas, impermeable o su traje de buzo, quizá pueda traerle de regalo un caballito de mar, algún caracol extraño o algún alimento preferido, puede ser un abulón, algún pez o una langosta, con suerte y en las redes salga algún coral bonito o alguna especia no conocida que todos puedan admirar y analizar. El mar se ve tranquilo, pero ya ha estado así antes y luego de unas horas se vuelve violento, el viento, viejo conocido de todos puede hacer su repentina aparición y complicar un tranquilo día de pesca, las corrientes marinas pueden andar cerca y no dejar al buzo que pueda hacer su trabajo, algo puede salir mal, no es un lugar seguro, muchos han tenido la mala fortuna de toparse con un día de esos y no han regresado para contarlo, pero al mal tiempo buena cara, hay hombres que no pueden darse el lujo de temerle al futuro o al destino, el dolor de espalda puede esperar, el cansancio de los hombros tendrá que esperar, hoy es día de pesca y tendrá que hacerse a la mar, por un momento lo asalta la duda si a su hogar regresará, pero eso no impide que recoja sus arreos, le dé un beso de despedida a la esposa, eche una mirada a los hijos aún dormidos y emprenda su caminar a la playa, donde poco a poco se reúnen los demás compañeros, entre los buenos días, los reportes del tiempo, bromas y platicas de un pescador, los miedos se olvidan, las dudas se disipan, la armonía por un día más de trabajo reina, cuando en la lancha partiendo el mar van, a su hogar una última mirada da, allá va el padre, el esposo, el hijo, el hermano, el amigo, allá va hacía su trabajo, hacia su forma de vida, a trabajar duro, a sufrir durante la jornada diversos contratiempos, caídas, golpes, espinazos de peces, mordeduras de anguilas, cortaduras de cuchillo, a rezar porque no se aparezca algún tiburón grande, pero va contento, va agradecido y sobre todo va convencido que lo que hace lo hace por su familia, por un futuro mejor.

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