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NEPOTISMO, JUNIORS, CACIQUES Y JUANITAS

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Miércoles, 13 Octubre 2021. Publicado en Artículos de opinión en BCS, Conoces a Nuestros Colaboradores, Escritores Sudcalifornios , Ramón Ojeda Mestre, Sociedad

Nepotismo en Poder Judicial Federal de Guanajuato

Digamos, en voz muy bajita y ronroneante, quasi lasciva, que hay varios tipos de corrupción: la primera es cuando un particular le ofrece algo a un funcionario a cambio de que se aparte de la legalidad para beneficiarlo. La segunda es cuando es el servidor público quien le solicita o propone al particular una dádiva o algo, a cambio de que le otorgue algo ilícito o legal con agilidad o extensión favorable. Do ut des, diría el derecho romano, pero también hay corrupción si en una empresa un empleado o funcionario solicita algo a cambio de una actividad de su función sin informarle o entregarlo al patrón. Y muchas otras por omisión, por acción, por colusión o por concusión (Cod. Penal Federal. Art. 218, Comete el delito de concusión el servidor público que con el carácter de tal y a título de impuesto o contribución, recargo, renta, rédito, salario o emolumento, exija, por sí o por medio de otro, dinero, valores, servicios o cualquiera otra cosa que sepa no ser debida, o en mayor cantidad que la señalada por la Ley).

 

"Do ut des" (te doy para que me des); "do ut facias" (te doy para que me hagas); "facio ut des" (te hago para que me des), y "facio ut facias" (te hago para que me hagas) y hasta el famoso “quid pro quo”.

Las causas esenciales del atraso y declive de México ya son históricas. La corrupción, el desorden, la ignorancia educativa y el debilitamiento mental colectivo por el alcoholismo, la desnutrición y la televización y el apoltronamiento, crónicos, se han potencializado con la pandemia y la crisis económica mundial que padecemos lerda y lentamente.

Es verdad que ya cumplimos doscientos años con estos filos estructurales, pero en estos cien últimos años, terroríficos, el empobrecimiento brutal del grueso de la población, la dependencia externa y la criminalidad rampante, nos han colocado en lo que la doctrina militar llama “la línea de máximo repliegue”.

En 1921, el profesor rural Álvaro Obregón Salido, ya como General y presidente de la República, afrontaba su realidad con un gabinete de utilería y pacotilla que incluía a Plutarco Elías Calles, a Alberto J. Pani, a José Vasconcelos, a Adolfo de la Huerta, a Francisco. R. Serrano y a Pascual Ortiz Rubio entre otros sustituibles de menor talla. Firmó los Tratados de Bucareli en 1923 y terminó su existencia como presidente reelecto asesinado en la Bombilla.

 

En verdad os digo que la corrupción no nació en 1921 ni todo el resto de los lastres purulentos que mencionamos, u otros que usted conoce mejor que yo, pero es un hecho reconocible que se han ido arraigando y calando hasta los rincones más íntimos de la patria.

Hay que ver cómo viven o cómo ostentan y afrentan con dispendio y soberbia esas mujeres y hombres corruptos de esta “dedocracia hereditaria” municipal, estatal y federal, ejecutiva, legislativa y judicial, que nos han endilgado. No inventamos en México el nepotismo, el juniorismo, el cacicazgo o la juanitización en la política, las empresas privadas y el gobierno, ¿y? da lo mismo, aunque los hayamos importado, tienen enferma a esta lacerada nación nuestra, que ya no puede más.

En 1639 se doctoró en Derecho Civil y en Derecho Canónico quien llegaría a ser el Papa Inocencio XI cuando tenía 65 años. Cuando tenía cinco de edad Benedetto Giulio Odescalchi, que era su nombre original, murieron Shakespeare y Miguel de Cervantes Saavedra.

El día de su elección, se negó a que se le rindieran honores, llegando a prohibir la cena fastuosa que le estaban preparando y dando la orden de donar a los pobres todo el dinero previsto para la grande bouffe.

Se negó a recurrir al sastre para que le confeccionase un nuevo uniforme papal, aduciendo que el de su antecesor le serviría de igual modo. Inútil fueron las demandas del clero de solicitarle hacerse un conjunto nuevo...ya que, el papa predecesor era de más baja estatura que él, y el pantalón ajustaba la valenciana por encima de sus tobillos, a lo que el flamante Papa respondió: "No está roto y seré yo el primero en demostrar las nuevas medidas de austeridad para todos los Estados Pontificios". Luego de un tiempo el nepotismo representó un gran problema, debido a su reiterada práctica, por lo que Inocencio XI publicó una bula condenándolo severamente.

Algunos definen como corrupción al fenómeno por medio del cual un funcionario público es impulsado a actuar de modo distinto a los estándares normativos del sistema para favorecer intereses particulares a cambio de una recompensa. Corrupto es, por lo tanto, el comportamiento desviado de aquel que ocupa un papel en la estructura estatal. La corrupción es un modo repugnante de ejercer influencia: influencia ilícita, ilegal e ilegítima. Esta se encuadra con referencia al funcionamiento de un sistema y, en particular, a su modo de tomar decisiones como explica Gianfranco. En "Corrupción" en Norberto Bobbio Diccionario de Ciencia Política.

En el viscoso y tóxico nepotismo, las o los funcionarios reparten cargos, prebendas y comisiones entre sus hijos, parientes y amigos cercanos, los funcionarios contratan ellos mismos o con sus allegados, a través de empresas ficticias, "socios" o "asesores".

El nepotismo ha llegado a extremos de burdo cinismo en los municipios, al grado de meter a los hijos de “aviadores”, es decir, a cobrar sin trabajar y a recibir prestaciones y antigüedad en posiciones que otros mexicanos deberían ocupar. Con ese tipo de nepotismo también se daña a la familia pues llevan la corrupción al núcleo fundamental, haciendo cómplices a todos los demás integrantes que se enteran y solapan o se refocilan, creando además una costumbre de ilicitud promiscua.

El “juniorismo” no es menos grave, es meter a los hijitos o hijitas a cargos o posiciones políticas y gubernamentales, sin tener la trayectoria, la madurez o los méritos para ello, utilizando cómplices o “compadres” en diversas instancias públicas y con escándalo y rabia contenida de la ciudadanía que se siente burlada o violada en sus valores de respeto o republicanismo y dignidad cívicos.

 

Así, desde hace años se tiene que tragar la píldora de ver y sufrir a los hijos y nietos de gobernadores, siempre vestidos o atildados como mandarincitos refinaditos ostentosos y onerosos que ocupan el cargo de sus antecesores sanguíneos y lo mismo sucede en el poder legislativo federal, Senado y Diputados, que en los congresos locales o, de manera ya inmisericordemente descarada, en las posiciones de impartición de justicia.

En simultaneidad, se van enquistando cacicazgos ruralones o suburbanos, sindicales o regionales y de manera evidente en los “partidos” políticos como se ha restregado y regodeado en la actualidad y contemporaneidad.

El cacicazgo es una forma de putrefacción del sistema de representatividad o de integración democrática de los componentes sociales, viciando la horizontalización territorial con un archipiélago de cotos de poder en veces omnímodo con truhanes de horca y cuchillo. Caciquillos de ranchos, haciendas, pueblos completos, municipios y estados. La Institución del Cacicazgo. fue creada por la Corona española dentro de las Leyes de India que estableció, entre otras cosas, que cualquier autoridad indígena sea denominada "cacique" (Real Cédula del 26 de febrero de 1538) sin importar diferencias culturales o lingüísticas. También se prohibía llamar "señor" a cualquier jefe indígena.

Pese a que la modernidad, los medios de comunicación tradicionales, las redes sociales y las vías de comunicación   terrestres, aéreas, marítimas o fluviales, han ampliado sensiblemente su entramado, la imparable depauperación o proletarización económica y cultural ha integrado un campo de cultivo ubérrimo para esas pústulas atávicas, sobre todo en los estados peninsulares y en las regiones de mayor concentración indígena como Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Veracruz y Edomex.

El fenómeno de “las juanitas” se ha convertido ya en un placebo vergonzoso y cada vez más socorrido en estas “dedocracias hereditarias” con una regresión contristante o enardecedora. Esta desviación consiste en poner a las parejas, amigos o valedores, a ocupar los cargos que en realidad van a ejercer los parientes empoderados y que por causas de las leyes o de las circunstancias jurídicas o sociales, no se pudieron incrustar abiertamente y entonces se disfrazan y así ad nauseam.

Todas estas patologías de la política, del gobierno, de la administración y la vida societaria, nos han colocado en el umbral del autoritarismo, del fascismo, de la militarización o del dominio extranjero y no deben tolerarse más. Los legisladores, los medios de comunicación, los dirigentes sociales auténticos y la comunidad académica, deben analizar esto con ejemplos y datos concretos para extirpar los tumores y su proclividad por la vía de las leyes, la información, la cultura y el liderazgo genuinos. Usted decide, yo cumplo con chillar.

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Acerca del Autor

Ramón Ojeda Mestre

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