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Pericuentos: La profesora cabeza de explosión.

Escrito por Martha Guadalupe Gutiérrez Sánchez en Lunes, 25 Noviembre 2013. Publicado en Educación, Humor, Literatura

 

En el salón de clases de la escuela secundaria Moisés Sáenz reinaba un caos total, los alumnos la mayoría de pie, con gran algarabía que simulaba a un centenar de torcasitas en una frondosa ceiba, aprovechaban la ausencia de la maestra en el mitote y mientras uno de los estudiantes se encargaba de arrojar aviones de papel al viento, otros jugaban con una cachora muerta con la que asustaban a sus compañeras que gritaban entre escandalizadas y divertidas, 
Repentinamente se escucha un grito : ¡¡Ahí viene la profe cabeza de explosión!!, ante la alerta los alumnos corren a sentarse de inmediato, como por arte de magia el ambiente se torna apacible y tranquilo, con un silencio que sólo es roto por el unísono saludo de "buenas tardes profesora", que los estudiantes dirigieron a la maestra Rosita cuando esta entró al salón enmarcado su pequeño y regordete rostro en una frondosa y enmarañada cabellera roja, que ciertamente le valía el apodo.
Después de pasar lista, Rosita se aboca a continuar con los ensayos del Himno Nacional, pues la fecha del concurso se acerca y tanto maestra como alumnos están conscientes de que la preparación es básica para obtener el triunfo, un triunfo que ya se ha hecho tradicional pues tienen cuatro años consecutivos ganando la competencia a nivel municipal.
Para los ensayos la profesora se hace acompañar de un teclado que aporta las notas musicales arrancadas con excelente ritmo y compás, ya que los años que dedico a estudiar música en la capital de la república aunado al talento natural que posee, la dotan de especial habilidad para ejecutar cualquier instrumento musical, aunque el piano se destaca como su preferido.
Antes de que concluya la clase de música empiezan a caer ligeras gotas de lluvia, que paulatinamente se incrementan hasta dar paso a una ligera aunque pertinaz llovizna que provoca los muchachos vean con inquietud y disimulo sus relojes, desesperados por escuchar el timbre de salida para ir a correr la lluvia, ya sin ningún interés por el Himno y su entonación.
También la profesora observa con inquietud la lluvia pues sabe que de continuar, su teclado corre el riesgo de mojarse, por ello decide adelantar la salida y caminar apresurada junto con sus alumnos hacia el exterior de la secundaria en busca de un raite que la lleve a su casa y evite la humedad para su aparato. Casi corre las cuatro cuadras que separan la escuela de la calle Morelos, porque esta por ser la única vía pavimentada, cuenta con una mayor afluencia de vehículos y por ende las posibilidades del anhelado aventón se incrementan.
Cuando llega a la calle Morelos, ve a lo lejos y reconoce un camión rojo ganadero que es conducido por un amigo de su esposo de nombre Jesús al que acompaña un ranchero local llamado Gonzalo, mejor conocido como "El Chalo" este último se destaca por su desmedida afición a las faldas y por los cuentos que relata al calor de las ballenas a las que es sumamente aficionado.
Taimado como pocos y ladino como muchos, cuenta historias fantásticas sobre las costumbres de los animales del monte de los que ciertamente tiene conocimiento, pero las exageraciones hacen que se llegue a dudar de sus palabras tal y como sucede con la historia acerca de la forma en que los coyotes se quitan las pulgas; asegura  "El Chalo" que este astuto animal se coloca una ramita en el hocico y se interna al agua de mar, conforme el coyote se va mojando las pulgas se van moviendo hasta que terminan todas refugiadas en el palito, mismo que es escupido para dejar a los bichos a la deriva.
De corazón poco compasivo para con los animales, hubo una época en que se dedicaba a ahorcar a perros mesteños bajo el pretexto de que atacaban al ganado a su cuidado, siendo destacable que igual pasión de exterminio empeñaba en sus conquistas bajo el argumento de: " ya de viejo y de salida lo que agarre es bueno". Al divisar a la profesora en la siguiente esquina, levemente mojada y haciendo señas para que se parasen, "El Chalo" inmediatamente se alborotó, comento con su compañero que de seguro la gordita pelirroja quería un raite, que había que recogerla, que posteriormente Jesús se fuera a su casa y dejara que el la llevara...., para hacerle la lucha.
Con una lujuriosa sonrisa en los gruesos labios donde sobresalían unos dientes prominentes, sus callosas manos saludaron desde lejos a Rosita que batallaba para mantener su roja mata de pelo en su lugar porque el viento insistía en convertirla en un mazacote y al ver como se acercaba el camión, sacudió vigorosamente unas gotas de agua de su ropa preparándose para pedir el ansiado raite con una urgencia que crecía al igual que la lluvia.
El camión se estacionó en la esquina, la pequeña y robusta figura de la profesora se apresuró a llegar al vehículo para hacer la petición misma que fue contestada afirmativamente, por lo que se aprestó a subir mientras que "El Chalo" alto y enjuto se bajaba con actitud de pachuco de rancho y sonrisa de lobo, al tiempo que expresaba con engolada voz, "sube preciosa y dime si me hago grandote o me hago chiquito", a lo que la maestra con total indiferencia y cierto gesto de desdén le contesto, "por mi puede hacerse como quiera, al fin y al cabo que ¡¡Yo me voy a hacer PENDEJA!!".

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