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Recomendación fílmica: Un elefante sentado y quieto

Escrito por Johnny Antu-Hap en Jueves, 30 Abril 2020. Publicado en Cine, Columnistas BCS , Cultura, Recomendación Cinefila, Recomendación fílmica por Johnny Antu-Hap, Recomendaciones, Sociedad

Hu Bo fue un joven cineasta chino que hace un par de años sorprendió al mundo por dos actos que marcaron al cine. El primero, su magnánima ópera prima, el segundo, su suicidio después de haberla terminado.
 
Dudé mucho si debía escribir o no sobre esta obra, eso fue mientras la veía y corrían las primeras dos horas de la película (la cual dura 235 minutos) pero al terminar de verla supe que había algo detrás de esta cinta y que el director nos decía sobre la realidad en la vida de los que reciben golpes todo el tiempo hasta culminar en una explosión.
 
La película narra la historia de cuatro personajes que se conectan en algún punto del camino que trazan a escapar de su realidad, de su vida, de su dolor, de su miseria, camino que se ve forzado por un hecho violento, ya sea que lo comenzaran ellos mismos o el azar que siempre se encarga de golpear al menos privilegiado, ninguno de los cuatro al comienzo del día tiene decidido cual será el destino de cada uno, ni que buscan terminar en el mismo lugar, en donde dicen que un elefante se sienta y permanece quieto y en silencio, pero nadie, ni el ser más fuerte, o el más noble, puede estar toda la vida quieto y en silencio buscando aparentar lo que los otros nos piden, o lo que debemos de hacer, llega un punto, en el punto de quiebre, o como la forma anunciada del final, en el que el elefante barrita.
 
Esta obra para muchos no podrá ser más que una larga película con planos secuencia bien trabajados en los que se muestran cuatro vidas que se ven marcadas por tragedias ya sean provocadas por ellos mismos o el destino, muchas veces ni siquiera provocada por ellos, mismos, sólo el hecho de conocer a un implicado de la miseria, o estar en el sitio equivocado a la hora equivocada. Para esos muchos no será nada que no hayamos visto antes (las películas a las que podría haberme referido no las mencionaré porque no creo sea necesario), pero si la vemos teniendo el antecedente de lo que fue la vida, o mejor dicho, el final del realizador, se puede dar una lectura completamente diferente.
 
Wei Bu, un joven de bachillerato que por defender el honor de su amigo acusado de ladrón sin querer tumba de las escaleras al brabucón de la escuela; Yu Cheng, un joven ya en los veintitantos que no es más que un vago y que presencia el suicidio de su mejor amigo luego de que este lo descubre con su esposa, y que además de eso tiene que encargarse de quien mandó a su hermano al hospital; Wang Jin, un hombre mayor que busca ser echado de su casa por su hijo y que pierde lo único que amaba y lo mantenía en ese lugar; y Ling, una chica que es arrastrada a ese torbellino por un video obtenido del celular robado y que su madre alcohólica no le muestra ni apoyo ni cariño; son los cuatro ángulos de este cuadrado, ángulos que por momentos podrían notarse como egoístas, mezquinos, egocéntricos, pero nada más alejado de la realidad. Ellos lloran, ellos creen, ellos ayudan, ellos aconsejan, así el destino y los "otros" sigan pateándolos y tirándolos al suelo, pero no pueden tolerar eso todo el tiempo. En realidad el título de la película bien podría ser la metáfora misma de estos personajes de la vida real que reciben golpes y golpes de la vida que siempre es igual, tan siniestra como hermosa, incluso para el más privilegiado, pero que para los que no lo son los ratos de agonía se aletargan, haciendo creer que la mejor salida es la huida, la emprendida en un autobús puede distraer un poco la pena y buscar a un elefante que se sienta y permanece quieto y en silencio, pero tarde o temprano la pena vuelve, no te deja superar, como Wang Jin le dice a Wei Bu, la única salida para estos seres parece ser, como la propia película lo sugiere al principio, como el propio director así lo perpetró, es el suicidio.
 
La realización de la película me parece por demás magistral, hay un control de la forma y su ejecución que uno se queda deslumbrado, prodigiosos largos planos secuencia en los que se sigue a este grupo de personajes por separado, y en cortos lapsos en par, o con demás personajes de relleno. La atmósfera que se crea a través de su nítida fotografía es una extensión tanto de lo tenso de la sociedad china en diferentes vertientes como el crecimiento en su población o el desmedido desarrollo industrial en varias zonas del país, del problema propio que atraviesan con la crisis climática, y el estado anímico y emocional de los cuatro azotados. De igual manera la presencia de la música es un recurso que deja perplejo hasta al más indiferente o insensible, pocas notas, presencia fugaz, pero que siempre llega en un punto climático, el punto exacto entre salto y salto de personaje, hacen aún más potente el recurso de los planos secuencia, hay una sola parte en la que el recurso falla y se sustituye por una secuencia con muchos cortes en la que se da el encuentro entre Wei Bu y Yu Cheng, encuentro que hace que ambos se den cuenta que bien podrían ser el reflejo del otro, años antes o años después, como Ye Chung se lo decía a Wei Bu en su primer encuentro cuando no sabía que era él. Ese encuentro hace que Ye Chung no pueda llegar al destino deseado, y el amigo ladrón de Wei Bu se una al destino marcado por el realizador.
 
Tan podría ser la metáfora del elefante la vida de estos personajes que la primera mitad de la película los vemos sometidos por los ataques perpetuados en sus existencias, y que aunque reniegan de la misma, ya lo ven como un estado natural, en lo que, si bien los vemos desplazarse durante todo el día de un lado a otro, en realidad están estáticos, por más que se mueven y hablan, no se mueven de donde están, hasta llegada la segunda mitad en la que de alguna manera hay una explosión de cada uno, hay un revelarse ante sus condiciones, a cada uno le llega de manera diferente, ya sea a través del perdón, a través de un grito desgarrador, a través del hurto, o a través de la propia violencia de quien nos arruina nuestra vida con actos de rechazo cuando deberían de ser de amor. Incluso, si usted así lo quiere interpretar, como a mí se me ocurrió al final, la metáfora del elefante sentado y quieto podríamos ser nosotros mismos, por las cuatro horas que nos deja la película observando el fatídico desenlace que algunas vidas tienen, sólo por no adaptarse a un mundo muy complejo, y en el que no sólo nuestros buenos actos o deseos lo rigen.

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