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Revista Tamma Dalama: PROBLEMAS Y DESAFÍOS PARA LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA, escrito por Paolo Savarese

Escrito por Tamma Dalama, Universidad Mundial. en Lunes, 13 Noviembre 2017. Publicado en Revista Tamma dalama, Revista Universitaria Tamma Dalama, Tamma dalama, Tamma dalama, Universidad Mundial, Universidad Mundial, Universidad Mundial BCS, Universidades, Universidades en BCS, Vinculación Universidad Mundial

Paolo Savarese

Profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Teramo.

Dr. en Filosofía.

Profesor del Doctorado Internacional en Ciencias Sociales y Políticas de Universidad Mundial.

 

Para abrir el debate sobre un tema tan difícil, es necesario identificar los problemas y desafíos que se encuentran en frente de la universidad de nuestro tiempo.

Está claro que el contexto es que la fragmentación del conocimiento, que ahora parece haber alcanzado el punto de no retorno.

Es igualmente claro que la referencia a la interdisciplinariedad es casi siempre una llamada nominalista, porque no hay una idea clara de lo que es el conocimiento y el papel que las universidades pueden y deben desarrollar sobre él. Pero esto se hace más difícil por las condiciones actuales, en los que, por un lado la humanidad tiene que lidiar con la globalización y, por otro lado, tal vez no del todo consciente, con la digitalización y lo que representa en un horizonte no muy lejano, como un tsunami digital cerca del futuro.

Todavía sucede, inevitablemente, en el curso del trabajo, o mientras estamos inmersos en ese gran proceso que es la historia humana y en la que, inevitablemente, hemos sin duda resuelto los problemas de respuestas básicas y fundamentales, o encontrar las preguntas fundamentales y decisivas de la humanidad sobre sí misma y sobre su condición.

Hablar sobre el humanismo es difícil, ya que el punto de unidad del conocimiento y el proceso histórico, que es o debería ser el hombre, parece cada vez más marginados y abrumado en su propia capacidad para la auto-comprensión y la de los procesos en marcha. La gran pregunta que se cierne en el horizonte, las notas, ya ni siquiera quién es el hombre, pero si hay y cuanto más todavía será un lugar para él no marginal, es decir, para nosotros, en la historia y en la sociedad.

Problemas inmensos, sino también los problemas que todo el mundo que vive en y para la universidad, y en la investigación rigurosa, que transmita a la juventud herramientas culturales y científicas para ser líderes y no empleados o apéndices o repetidores pasivos de camuflaje de lo que ocurre fuera de ellas, en los grandes lugares adonde se maneja la supertécnica actual y reproducir el perfil actual de sobre-civilización, no preguntan. Y pregúntate a ti mismo con valentía, yo diría que con cierta crueldad, sabiendo que aquí se juega nuestra dignidad y nuestra nobleza de seres humanos. Sabiendo que no se puede esconder la cabeza en la arena, porque de lo contrario nuestro destino futuro cercano será el de la fragmentación de una forma mortal de la alienación, nos guste o no, lo sepamos o no.

Trato de destacar algunas cuestiones básicas, algunas de las cuales ya he mencionado:

 a) La fragmentación del conocimiento que profundiza la brecha entre las ciencias “duras” y las humanidades. Los que aparecen más cerca de las grandes preguntas de la humanidad, realmente luchando en una crisis epistemológica y metodológica que les ve persiguiendo las ciencias duras, sin darse cuenta de que, así, pierdan o se arriesgan a perder su objeto y sus propias metodologías;

b) La globalización, que es la globalización de la circulación de los bienes y servicios, pero la mayoría de los contactos y la comunicación, que implica un fluidificación acelera cada vez más los procesos de formación de la identidad, con el riesgo real de una generalizada erradicación;

No es la solución ni la neolengua de lo políticamente correcto; esta es una noche oscura en la que todas las vacas son de color negro (pero donde ninguno debe encender la luz para no molestar a la condición universal de la ceguera producida), ni el conocimiento de los reglamentos apropiados, las instituciones, las mismas relaciones humanas, se pone rígido y muere en una especie de preformación la capacidad y la creatividad y la responsabilidad humana.

No es la solución llamarse nominalisticamente a la dignidad y a la trascendencia del hombre, tal vez calificado como una persona, pero reducida a vaciar el centro de la atribución y sin saber nada de la complejidad y la riqueza del concepto y su impacto en la situación histórica y los contextos institucionales en los que el hombre vive tiene que pasar su vida.

Sólo he tocado algunos puntos, que creo que califican a la situación actual, con sus desafíos más quemantes para la universidad. Con estas observaciones me gustaría señalar la extrema dificultad de la situación actual y, juntos, para llamar la atención sobre el riesgo de enfrentarse a los problemas planteados por los instrumentos, si no las recetas fáciles, forjados cuando algunas cuestiones no eran siquiera imaginables. Por otro lado, estos desafíos no se tratan simplemente tirándose en el vórtice de la novedad, aprendiendo a flotar más o menos por la fuerza en los nuevos métodos de interpretación y construcción del mundo y compartir lo que está en la cresta de la ola. No es, en mi opinión, tratando de aprovechar sin sentido crítico las oportunidades que ofrece el mundo virtual, que podemos ver las muchas capas de la inteligibilidad de lo que está pasando, algo para captar su significado y siguiendo a poner nosotros como dueños de nuestra humanidad. El crecimiento de la tecno-ciencia, inimaginable no hace mucho tiempo, de hecho plantea cuestiones de importancia capital sobre el significado de ser humano en este mundo. La cuestión de la frontera entre lo que podemos técnicamente hacer lo que no es lícito moralmente hacer, afecta a aspectos cruciales de nuestra auto-comprensión y parece llegar al punto a donde la pregunta misma está, con sus parámetros más básicos, está ya fuera del juego.

 La misma distinción, a primera vista sencilla y directa, entre los seres humanos y las cosas se pone en tela de juicio, lo que, en fin, invalida un parámetro básico de la lectura y la construcción del mundo. Ahora, esa distinción es la piedra angular de cualquier humanismo! Brutalmente, la pregunta es:

¿Podemos utilizar, sin discriminación alguna, a todas las posibilidades que la tecnociencia nos da, y más nos promete, y seguir siendo hombres? Quién hace la pregunta, sin embargo, esta en la difícil situación de los que saben, sin embargo, que esas capacidades son y serán, con toda probabilidad, exploradas, perseguidas y realizadas. Por otro lado, si el potencial destructivo de las armas de destrucción masiva no parece plantear demasiados problemas all’autocomprensión de la humanidad (sea en vivo o morir), la posibilidad de intervenir en el perfil biológico y psicológico, la capacidad de producir una nueva humanidad sino un nuevo mundo con la ayuda de la ciencia y la tecnología, plantea un problema mucho más profundo, urgente y quemante.

La distinción entre el hombre y las cosas no parecen ayudar mucho, porque la distinción intuitiva entre los seres humanos y las cosas o, si se quiere, entre lo espiritual y los procesos naturales, no está más tan clara. La pregunta, por tanto, a la luz del conocimiento contemporáneo, debe ser al menos reformulada, pero no se puede omitir. En cierto sentido, hay, literalmente, todo el juego con ella.

De hecho, si no nos preguntamos, con la fuerza y las herramientas adecuadas, estas preguntas, sin embargo, no son nuevas en cuanto al fondo, pero en la nueva forma de ser, corremos el riesgo de convertirse en meras variables dependientes del progreso técnico / científico. Yo diría que, más bien, que es descubrir cómo las preguntas deben ser colocadas en frente de la subida decisiva del mundo digital y científico, debido a que el tamaño del nuevo nos desplaza y amenaza con hacernos inconscientes del hecho de que lo que está en juego es nuestra propia humanidad. Nadie, por sí solo, ya no puede dominar el aparato instrumental y ni lo hará en el futuro; ese aparato, sin embargo, no sólo es probable que este fuera de nuestro control, pero se podía emancipar la medida en que nos gobiernan. Y lo que se avecina no es un dominio cuantitativo sino también cualitativo, ya que el crecimiento del instrumental es tan grande que amenaza con imponer la gramática básica con la que se está dibujando nuestra identidad.

Tenga en cuenta que la cuestión de cómo y en qué medida el impacto de la ciencia y la tecnología afecta a la manera en que entendemos a nosotros mismos, antes de que surja la cuestión de si es bueno o malo para seguir el flujo y aprovechar las posibilidades que ofrece la tecnociencia. Estoy totalmente convencido de que ese aspecto estructural preceda y guíe del nivel axiológico de la pregunta misma. El problema es aún más difícil de formular y hacer frente al hecho de que, sin embargo, muchas de las posibilidades abiertas por la tecnociencia también serán implementadas a gran escala. Intereses económicos y políticos enormes están en juego. El problema del sentido de las posibilidades técnicas, sin embargo, permanece y hay, en primer lugar, está el problema de que espacio se mantendrá para los seres humanos.

Se puede reformular la pregunta más o menos de la siguiente manera: ¿bajo qué condiciones puede estar un hombre dueño de sí mismo y del mundo, por encima de todo el equipamiento e instrumental técnico en la expansión de sus facetas digitales y otros de la ciencia y la tecnología? El mundo digital y virtual que está emergiendo, el poder de los sistemas de inteligencia artificial que un lado podría incluso gobernar el planeta, sin embargo, admitir a un lugar y un papel importante para los seres humanos. ¿Y el Superman biológico o psicobiológico, si no biónico, que podría ser justo debajo de nuestro horizonte, nos impone como una nueva superespecie? Marginando, por lo que el hombre tal como lo conocemos hoy en día ¿O dejar sobrevivir como una especie de especie subyugada y marginados? Preguntas que parecen ser la pesadilla y el desastre, pero tal vez son más graves de lo que parece. En cualquier caso, antes de tan enormes problemas sólo pueden ser notas provisionales en los márgenes, pero hay que destacar que, al final, hay problemas técnicos y no se puede resolver, pero no se establece, siguiendo sólo parámetros cuantitativos. Estos son problemas que involucran la filosofía.

Alivio sólo un par de cosas: En primer lugar, creo que, en este contexto, es esencial la integración de nuevos procesos de formación de la identidad humana. En forma complementaria debería revisarse la epistemología y la filosofía de la ciencia, tanto en general como, en particular, en lo que respecta a las humanidades y las ciencias sociales. La única manera de hacer frente a la derivada de los nodos inferiores de la relación entre la ciencia y la tecnología entre el conocimiento humano y sus aplicaciones, incluyendo la ciencia han nacido de ella.

Para volver a centrar el lugar del hombre en la vida real, es necesario volver atrás y reflexionar sobre los fundamentos de la identidad humana, individual y colectiva, individual y social; debe, en mi opinión no simplemente aclarar las presuposiciones e implicaciones de nuestra identidad relacional, pero volver a la cuestión de la persona humana y de lo esencial en su personalidad. No puede haber contenido a llevar a la persona como centro de imputación sencilla de las intenciones y acciones, idénticos en sus múltiples formas y asumir la responsabilidad por su impacto en los demás y el mundo. Este enfoque es formalista y en última instancia, llega a reducir a la persona a un postulado, que es un axioma función. Igualmente atributo axiomático se convierte en una dignidad sin especificar. La confianza en este se convierte en un ejercicio nominalista y nuestras leyes, que se refieren precisamente a la dignidad, quedan como probabilidades de tener residual, así como ficciones. Trasladado en los procesos que involucran seres humanos, esa suposición no tiene relación con su desempeño real y no puede ayudar a caracterizar la especificidad de la presencia y de la acción en ellos, del hombre. Reducido a volver axiomática, la dignidad es una cláusula delgada, demasiado delgada, demasiado débil para defender al ser humano en su concreción y, sobre todo en la cara a la realidad de los procesos de transformación en los que participa. A lo sumo, la dignidad reducida a principio axiomático puede inspirar protecciones formalistas, pero no podrá proteger a los humanos. El punto entero de esta impotencia no es, una vez más, cuantitativo, no se debe a la falta de poder, sino que es la incapacidad de discernir lo que constituye al hombre concreto y único en el mundo. Si usted no acepta esta explicación, demasiado teórico sé, pensamos que la historia ampliamente da fe de la declinación axiomática que la dignidad humana no es una defensa eficaz de los seres humanos en el rostro de muchas formas de intimidación y violencia que los amenazan. No puedo ir más allá de esta línea de pensamiento, pero aquí se abre un mundo de consideraciones.

La cuéstion personológica, sin embargo, no puede ser separada de la relectura de algunas especies clave en la epistemología y las ciencias humanas. De lo contrario, el discurso axiológico es genéticamente y metodológicamente separado de la realidad de las cosas y de las relaciones humanas. La realidad y las calificaciones del hombre como persona, que entran en vigor en los principios que tienen los procesos culturales y sociales, tiene que estar conectados con las herramientas que tenemos para leer y para intervenir en esos procesos. En mi opinión y tomando una línea de pensamiento muy antigua, esto supone que el conocimiento humano pueda redescubrir, en proporción al progreso de la ciencia, su estado epistémico. Con la posibilidad de acceder al estatus epistémico, es decir que está involucrado en la cuestión de la verdad, la ciencia juega su relación con el hombre. El título del Simposio, que conecta la universidad y un humanismo renovado, se puede encontrar en esta línea una manera, no diría de fundación, pero con una sólida ilustración y comprensión. La revisión del anillo entre el estatus epistémico de la ciencia y el personal de la vida y el trabajo de seres humanos, entre el conocimiento y la esfera de las relaciones humanas, que sabe a cuestión obsoleta de nostalgia por un pasado perdido. Creo, sin embargo, que este es un tema crítico y si es sólo tan inactual, distanciándose de la superficie de los fenómenos en curso, puede entender algo. Creo que sólo aceptando la inconveniencia de tal irrelevancia, podemos sentar las bases para construir y gobernar los espacios y las instituciones públicas en ajuste a la dignidad personal de los seres humanos. De lo contrario, los espacios y las instituciones públicas son simplemente áreas en las que la riqueza de los procesos humanos está polarizada de acuerdo con los parámetros cuantitativos que pretenden medir el hombre y decidir su bienestar y felicidad.

Y aquí el desafío a la comunidad universitaria es enorme. Es en esta línea de investigación, desafiando y no caminos y resultados evidentes, que pueden ser la base para repensar el papel de la universidad, sobre todo si se interpreta en términos de un humanismo renovado. La universidad, sin importar el modelo institucional que tiene el privilegio (es decir, si se entiende principalmente como un lugar de investigación o como una comunidad intelectual o de otro tipo) es, en primer lugar, el lugar donde se mantiene, cultiva y transmite conocimiento y no sólo conocimientos técnicos y científicos. El conocimiento, incluso el aparentemente más técnico y de protocolo, nunca es plano y, estructuralmente implica el ser humano también en sus dimensiones personales e implica siempre, por su constitución, el problema de la episteme. Si el conocimiento y los modos de su transmisión, pierden de vista esto, que yo diría ser su dato primario, se desgastan rápidamente y, al final, pierden su efectividad en la línea también de la aplicación. En esta dirección, la primera dimensión ética de la universidad no es para unirse a un modelo específico o código de la ética; esta no es la tarea (misión) de la Universidad y las tablas de valores no son aún, en mi opinión, por su propia cuenta y competencia. La universidad es ante todo un lugar donde desarrollar y transmitir el conocimiento, es fundamental la comunidad de hombres y mujeres que se dedican al conocimiento, cualquiera que sea su especificación u declinación; que les gusta, con pasión, el conocimiento de su valor y dignidad de episteme. La universidad más rica y aparentemente innovadora en términos de conocimiento tecnocientífico, si se amputa esta apertura y conciencia, no puede tomar el canal de la decadencia. Hacer caso omiso de esto, es hacer de la institución un lugar universitario y una herramienta para el alejamiento y desvío del hombre de sí mismo, con todas las consecuencias del azar en la vida cultural, social y política.

Para aprender más, de nuevo en busca de pistas en esta línea de pensamiento, que yo llamaría un problema identificado por la fenomenología, pero más en general en la epistemología en el siglo pasado. El desarrollo y la práctica de la ciencia lleva al hombre a la fuerza de los límites del mundo de la vida (Lebenswelt), el mundo en el alcance directo de nuestros sentidos y nuestra conciencia, y abrir un nivel diferente, o tal vez sólo más amplia y completa , para acercarse a la realidad. En la terminología de la tarde de Husserl es el mundo de las cosas verdaderas en sí mismas. Aquí las cosas hablan un lenguaje de interconexión entre ellos, comprobable, incluso aparte de su referencia o relación con la forma en que percibimos y los tratamos. El acceso al mundo de las cosas reales en sí mismos es abierto por un estricto y complejo trabajo intelectual, sobre todo hoy, pero no exclusivamente atribuible a varias disciplinas científicas, y está separado de nuestro mundo cotidiano. De hecho, este “mundo” puede parecer incompatible con el mundo cotidiano. Basta pensar en el mundo de las partículas subatómicas, ya que está siendo investigado por la física contemporánea. A menos que lo constantemente revisable de las afirmaciones y los horizontes de la ciencia, esto nos abre la comprensión de la realidad que es más sorprendente, y más allá de nuestras capacidades imaginativas. Yo diría que este enfoque, que se refiere a menudo como “contrario a la intuición” es mucho más allá de nuestra capacidad de leer y ajustar directamente, incluso a través de los procesos intelectuales refinados y complejos, los datos sensoriales, que es lo que nos da el mundo de la vida. Este paso no sólo confunde a los profanos, pero la dificultad se presenta como estructural en las ciencias que se mueven en el mundo de la vida, y hacen uso, mientras que refinarlo, de un lenguaje no formalizado o axiomatizado. El nodo es teóricamente además de complejo, pero no se puede ignorar por completo y también necesitamos tener una sencilla conciencia de los problemas que plantea el desarrollo, en el mundo de la vida cotidiana, del acceso a una lectura más amplia del mundo en sí mismo.

 Este nivel de conciencia es indispensable para cualquier persona que desee disfrutar el aprendizaje universitario. Para ir sin traumas excesivos en el mundo que se avecina con el tsunami digital y otras adquisiciones de la ciencia y la tecnología, es necesario saber cómo dirigir este conjunto de cuestiones. La alternativa, en mi opinión, es estar en un subordinado, es decir, los marginados y excluidos. Es por ello que las universidades no puede prepararse, en primer lugar, culturalmente, si quieren ofrecer a sus estudiantes una formación al nivel de los días. Debe, sin embargo, tener en cuenta que no es sólo la ciencia, con el fin de garantizar la transición hacia una comprensión más completa de la realidad. Un papel fundamental es desempeñado por inespungibile, no puede no jugarlo la filosofía y la filosofía en estrecha cooperación con las humanidades. El nivel y la forma en que entendemos el mundo se abrió por las ciencias duras, de hecho, debe ser traído de nuevo e integrado en el mundo de la vida, el único en el que se plantean la preguntas fundamentales para nuestro ser en el mundo de la vida, el único donde se hace presente, por ejemplo, la maravilla y la experiencia de la belleza. Ciencia, de hecho, sus procedimientos y sus normas de verificación y evaluación, o permanece en particular, o incluso cuando se dibuja una teoría completa para unificar un campo de estudio en particular, puede proporcionar patrones de integración sectorial. En la medida en que pretende explicar todo acerca de todo, lo hace de manera ilegal y termina por caer en esquemas simplistas. La importancia y el alcance de la investigación científica no es, sin embargo, limitada, como se dice a menudo, con el fenómeno. El examen de lo particular, lo de un flujo de datos que se da dentro de un campo restringido y polarizado, también puede acceder al rango epistémico, pero puede llegar allá, sólo si la persona que realiza la búsqueda es capaz de hacer uso, incluso en el conjunto tácito de su investigación, de las categorías latentes en su campo de investigación, las cuales son necesarias para organizar los datos y también para manipular sus objetos. Creo que, por ejemplo, no sólo la distinción entre cantidad y calidad, sino también la necesidad de distinguir, sin embargo, un nivel de discurso en el que la complejidad de la investigación pone en cuestión inevitablemente no sólo la distinción entre lo funcional en todo el sistema y el medio ambiente, categorías del entendimiento, pero mucho más sólido, como el del todo y las partes. Basta decir que esto ocurre todo el tiempo en la biología, cuando se trabaja en la funcionalidad de cualquier órgano o la integración de una serie de funciones vitales (totalidad de las partes) en un organismo (todo). Las distinciones categoriales están implícitos en el discurso científico, pero su tematización es una cuestión de filosofía. El tema de la complejidad, por ejemplo, ahora central para la filosofía de la naturaleza, no sólo en ella, toque en el estatuto de la realidad en todas sus formas y se reúne con algunas de las preguntas más centrales de la filosofía.

Aquí es donde el trabajo científico puede y debe, en mi opinión, ganar dignidad y rango epistémico, sin sufrir, sin necesidad, una ‘invasión del campo por los estudiosos de la filosofía completamente inexpertos en el campo específico de la investigación del científico. Aquí, de nuevo, que se debe practicar un modo auténtico y de alta interdisciplinariedad. Obviamente se trata de una forma totalmente para ir, pero no podemos empezar a practicar hasta que haya aclarado teóricamente sus contornos.

El problema es, por sí mismo, en el progreso de la ciencia y la tecnología y su impacto en nuestra comprensión de sí mismo. La conciencia de las articulaciones de la práctica epistémica de la ciencia y la tecnología, es una especie de condición previa para el debate abierto y fructífero sobre sus implicaciones en la vida humana en su conjunto. El cambio hacia un horizonte más amplio de conocimiento, compartido en distintos pero complementarios a los que están inmersos en la investigación científica y en la vida universitaria, ayudaría a hacer frente a los desafíos del presente de una manera más eficiente y adecuada y tal vez menos influenciada por prejuicios ideológicos.

La actualización de herramientas metodológicas, por ejemplo, parece requerir, en un plazo razonable, la capacidad de traducir en el medio digital los contenidos y los métodos de otros campos del conocimiento. La formación ofrecida por universidades no pueden ignorar estos cambios de paradigma. El filtro operado por una axiomatización rigurosa de los contenidos, sin embargo, será fructífera, en mi opinión, sobre todo en las humanidades y las ciencias sociales, si va a unirse con el redescubrimiento de un instrumento categorial actualizado, que es estrictamente una cuestión de lo que Aristóteles llamó la Primera Filosofía.

Tal desarrollo del conocimiento y su práctica dentro de las universidades no pueden, sin embargo, desarrollarse independientemente de la colaboración entre diferentes disciplinas, entre los estudiosos de las ciencias exactas o “duro” y los versados en las humanidades y las ciencias sociales, entre científicos y filósofos. Si las universidades no estarán equipadas en este sentido, riesgan de convertirse en lugares de riesgo de transmisión del conocimiento desarrollado en otro lugar, tal vez en los laboratorios de las grandes corporaciones. Y éstas, como bien sabemos, casi no se puede escapar de las leyes de hierro de beneficio. Afrontar con valentía el reto que pueden poner los profesores y los estudiantes, o la comunidad de conocimiento que se materializa en las universidades, en condiciones de volver a ser maestros del conocimiento, para descubrir su belleza y disfrutar de ella, para que sea un tiempo integral de la construcción y el cuidado de el bien común. Los estudiantes, en especial, se les daría la oportunidad de dominar los procesos de aprendizaje, teniendo, por así decirlo, en el umbral de la episteme y, no menos importante, para descubrir su belleza. Esto les daría una seguridad apreciable en el vórtice del cambio que está teniendo lugar hoy en día y los pondria en una posición adecuada para hacer frente a los desafíos de hoy. La alternativa es que no sólo el conocimiento, sino que toda la visión del mundo, sean residuos derivados como función del conocimiento tecno-científico, mientras que el ser humano se aplana en el aspecto impersonal del usuario de los productos del progreso tecno-científico.

Para acercarme a la conclusión, escenarios, fascinante e inquietante juntos, los que nos da el mundo de hoy en día, reintroducen como central en la búsqueda de un perfil humanista de la universidad, el problema de la virtud, del hombre virtuoso. Es redescubrir ese nivel de integración del humano hecho posible, y en concreto, la práctica de la virtud dianoéticas o intelectual e inseparablemente de éstos, aquellas éticas y políticas. Y es en esta línea, exigente y rigurosa, puede acercarse el problema del bien y del bien común y el papel que, según él, puede cumplir con la universidad.

La lectura de la complexidad, de hecho, si no se quiere estar en un nivel cuantitativo, admitiendo sólo las formas de gestión como resultado de factores cuantitativos y todo en conjunto imaginarios, sólo es posible si el hombre tiene, como se mencionó anteriormente, el acceso al nivel categorial, es decir, si se pueden identificar y explorar los problemas filosóficos involucrados en todas las dimensiones de la vida. La relectura, por ejemplo, del problema anteriormente mencionado del todo y las partes, la diferencia ya se ha informado por Platón entre el todo y la totalidad de las partes, puede contribuir a la tematización y la custodia del significado y el orden correcto de la realidad. En definitiva, sólo el hombre como ser metafísico, tal como se puede acercarse al real según el eje epistémico, puede investigar y mantener el sentido y el orden correcto del mundo en el que está inmerso y que es en gran parte, pero no del todo integral, solidario. Es esta una tarea enorme que requiere la cooperación de muchos hombres humildes, experimentados en muchas disciplinas diferentes, y, asimismo, requiere marcos institucionales adecuados.

Y esta es la función principal, rediseñada y actualizada la universidad. Una última nota: Redescubriéndose a sí mismo, en el contexto del progreso tecno-científico y digital, como el único ser metafísico, el hombre puede responder a las acusaciones que hacen el cáncer de la Tierra. Sólo de esta manera, el hombre puede reclamar, con humildad, le digo, y la prudencia, la singularidad que hace que sea lo único ser metafísico presente y operante en el mundo. Esta singularidad tiene uno de sus puntos fuertes en la episteme propia del hombre, lo que le permite discernir y describir las muchas suposiciones y niveles de orden de la realidad, y por eso, gracias a su implicación personal, cultivarlos de manera responsable y custodirne fecundidad.

 

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