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Said the raven, never more

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Martes, 17 Noviembre 2020. Publicado en Artículos de opinión en BCS, Escritores BCS

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Al igual que usted, tengo ganas de que esta maldita pesadilla termine, quizá también, como yo, tenga problemas de dinero, de exceso de trabajo, de claustrofobia, o de nostalgia de escuchar su risa loca y sentir junto a mi boca como un fuego su respiración como cantara el inmortal Carlos Gardel en su tango Nostalgias, o tal vez extraña salir a ver el mar, la montaña o el café con las amigas o un buen mezcal de Tobalá con los amigos envidiosos y divertidos siempre, pero lo que usted no puede extrañar es su íntima relación con la computadora o el celular, porque aquí está para recordarnos que es equivalente de la inmortalidad.

 

Non omnis moriat, decían los latinos y eso aplica ahora más que nunca, porque desaparecerán los USBs o los CDs, como se esfumaron los diskettes, pero algo nuevo y sensacional vendrá a reemplazarlos para guardar la memoria del mundo de los siglos a partir del XX. Y así, por los siglos de los siglos, amén.

 

Y, ¿a qué viene toda esta espesa y tal vez fútil parrafada? se preguntará la insaciable que esté viendo su pantalla. Pues a que, gracias al internet y sus dinamismos científicos y tecnológicos, un idioma importantísimo como el Náhuatl ya no podrá morir, porque se puede grabar en audio, en video, escribirlo, adornarlo con viñetas o con imágenes de pirámides o de textiles multicromáticos. Y si hoy, hablan fluidamente

este idioma maravilloso más de millón y medio de personas y hasta por whatsapp se mandan textos y mensajes en el idioma de los aztecas o meshicas y de muchas otras “etnias” la cultura universal podrá registrar esas construcciones intelectuales de una de las más grandes culturas de la humanidad desde los siglos XIII y XIV en adelante.

 

Eso comentábamos en clase sabatina de la UPN con el extraordinario y sapiente maestro Héctor Gasparillo Zapoteco y le pedimos permiso a una compañera para publicar una frase de Karina Escobar Lagunas que dice mucho de lo que viven las mujeres de Guerrero en esta pandemia casi imposible de comprender: Yo lloro en mi cama Nejua nichoka ajua kochpan.

 

Sí, será el fin de quienes creyeron que lo pasado nunca regresaría, como el sensacional Edgar Allan Poe en nuestro poema imperecedero El cuervo en cuyo pesimismo trata de dejar sin esperanza a un ser humano atormentado cuando escribe Said the raven ¡Never More!

 

Uno puede estar en la finca de Trino Gastélum en la Ribera o en Zongolica, Veracruz, o en Garralda con Ángel Mari Loperena y allí saca uno su celular, por modesto que sea, y puede uno escuchar y ver al familiar que murió o al amor que nos dejó, o recordar las mentiras y sinvergüenzadas municipales del nepotismo rampante. ¿No me cree? Hace bien, a creer a los templos, pero para probarlo ponga usted este lazo o liga https://www.youtube.com/watch?v=23dpnByHFOA del

que era tal vez el fragmento preferido de Miguel León Portilla cuyo nombre llevará el Museo de BCS.

 

Lo que hoy se llama la nube o the cloud, es ya el archivo más grande de la humanidad, me alegro por usted o lo lamento por ella, pues ya es imposible que no se sepa lo que pasó realmente. Busque la música que más le guste, la película o el cuadro y escultura que más le emocione, o si es masoquista busque el retrato del que peor le caiga y allí está, allí está, mirando pasar la gente, como la Puerta de Alcalá, sin embargo, ¡o témpora o mores! ¿Cuándo inventarán el dispositivo tecnológico o científico que nos pueda traer un maravilloso queso de La Purísima en un dron cibernético y se materialice en nuestro plato?

 

Said the raven: never more. Como decía mi hermano querido Vic el caricaturista, lo que no se puede, no se puede y, además, es imposible.

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Acerca del Autor

Ramón Ojeda Mestre

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