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Sicarios Pecadores

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Martes, 07 Noviembre 2017. Publicado en Columnistas, Opinión, Política, Sociedad

Hay dos tipos de sicarios: los profesionales y los “amateurs”. Es un oficio muy antiguo y muy duro. La mayoría de los sicarios viven atormentados pues se declaran católicos, apostólicos y romanos y esa religión los señala con mucha dureza. Recordemos que los pecados capitales eran: Lujuria, Pereza, Gula, Ira, Envidia, Avaricia, Soberbia y que ya son el “pan nuestro de cada día” de los políticos y de las familias de clase media alta como parte del libremercadismo obligatorio y vertiginoso que padecemos, pero los diez mandamientos son muy claros al respecto y “allí es donde la puerca tuerce el rabo”.

Estos mandamientos fundamentales son: Amarás a Dios sobre todas las cosas, No usarás el nombre de Dios en vano, Santificarás las fiestas, Honrarás a tu padre y madre, No matarás, No fornicarás y No hurtarás. Perdonen si trastoco algo, pues cito de memoria lo que me enseñaron las guapas monjas de la Congregación Vicente Guerrero en Río Blanco, Veracruz, en donde pasé mi primera infancia. El hecho concreto es que los sicarios cometen la peor falta que hay contra el decálogo de Moisés, que establece el NO matarás. En inglés You shall not kill. 

No hay que confundir al sicario con el sicofante. Este último es el presidente municipal que todos conocemos, en cambio, el sicario es también un empleado de los empresarios de la iniciativa privada llamados capos y que tienen por cometido y función ultimar o cortar la vida violenta y alevosamente a quien le ordenen y que normalmente es un empleado menor de grupos contrarios dedicado al expendio o distribución de productos tóxicos, salvo casos excepcionales como el que se vistió de payaso y fue a Los Cabos en Baja California Sur a matar al mayor de los hermanos Arellano Félix, Rafael,  allá por Los Tules en el Hotel Marbella hace exactamente cuatro años.

El sicario no puede dormir tranquilo, no solamente por su formación católica, sino porque está sometido a demasiadas tensiones y tiene que consumir todo tipo de estimulantes o tranquilizantes. Pero tampoco anda sosegado en el día. Sabe que “alguien” conoce de su/s homicidio/s y que tarde o temprano irán por él. Está fregado. Mientras mejor haga su “trabajo”, más asesinatos le encargarán y se va llenando de fantasmas. Lógico. Ningún sicario se va a tratamiento psicológico y se sienta en el chaise longue a contarle sus cuitas al psicoterapeuta, así que siempre anda con el Jesús en la boca y con tanto alcohol y todo lo demás que “se mete”, acaba “soltando la maruchán” donde no debe y ciao bambino.

Etimológicamente la palabra sicario está formada a partir del latín sica, que era el nombre de un puñal de punta muy aguda y filo curvo usado en la antigua Roma. El nombre de esa arma se formó a partir de secare 'segar, cortar'.  El origen de la palabra "sicario" se remonta a la ocupación romana en Palestina.

La secta judía de los “sicarios” también conocidos como “Celotas” fueron los primeros en utilizarlo durante la ocupación romana a Palestina, el sicarii era la persona que escondía un puñal llamado “sica” entre sus ropas y apuñalaba a romanos o simpatizantes de los mismos durante las asambleas públicas. Aunque ese vocablo ha perdurado y hoy tiene un significado distinto, que es el de denominar a asesinos a sueldo, simples mercenarios, que pueden actuar en solitario o en grupo logrando sembrar el miedo entre sus enemigos.

Con malicia, sobre la palabra sicario, se dice que el segundo nombre de Judas Iscariote es una deformación de la palabra sicario. Esta versión es muy discutible, se cree que Judas tomó su nombre de Kariot, el pequeño pueblo donde había nacido.

La policía busca más a los sicarios que a quienes dan las órdenes. Además, los sicarios no tienen IMSS, ISSSTE o prestaciones. Usted, sensual antropófaga, piénsele.

 

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Ramón Ojeda Mestre

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