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UN GOBIERNO SIN PUEBLO

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Lunes, 26 Mayo 2014. Publicado en Política, Redes Sociales, Sociedad

La bendición del Internet, de las redes sociales y de la digitalización vertiginosa de documentos, o de testimonios videograbados, han creado un nuevo fantasma para los intentos de gobernar a las masas que andan por la libre. De por si se fue desmoronando el propósito legitimador de las estructuras del poder institucional a raíz de que se desacreditaron los procesos electorales organizados por y desde el gobierno, que luego vinieron a rematar los medios de comunicación cuando se decidió rescatar la credibilidad metiéndolos en el baile "ciudadanizado".

Ahora estamos en un mundo virtual en donde todos los días y a todas horas se postula una idea o corriente de ideas y todos los demás las compramos o rechazamos una a una si se nos viene en gana y tenemos tiempo aire o de plano pasamos sin ver. Los desplegados en los periódicos tienen que entrar a internet para que cumplan su función primigenia, pero finalmente es una masa anónima la que se mueve a sus propias sístole y diástole.

Todo sería muy simple, de no ser porque hay verdaderas inteligencias sorprendentes entre los cibernautas. Creativos, ingeniosos, agudísimos, súper informados y con una capacidad de razonamiento superior, con mucho, a la totalidad de los gobernantes de cualquier partido y de cualquier nivel federal, estatal o municipal y es que esas inteligencias superiores jóvenes y frescas, no se tomaron el trabajo de intentar una incorporación tradicional a las instancias o brazos del poder público, con sueldo, celular y charola o credencial, sino que entraron de golpe al poder real aduciendo una idea o desmoronando otra con alguna información o silogismo creíble y a todo color.

Lo que no pasa por internet es que no ha ocurrido, le pese a quien le pese. La información y el conocimiento científico están allí. La plática de café o de tertulia familiar se mueve con paso de tortuga mientras que el chateo, facebook o el whatsapp se desplazan a millones de targets y a miles o millones de kilobytes por hora. Hemos llegado a ver como los altos gobernantes se ven forzados a meter sus comentaritos o sus chistezuelos a los twitters para comunicar algo rápido, el problema es que reflejan siempre su mismo estilo pastoso, espeso, viscoso u opaco, nada fresco o sintonizado con la taquicardia festiva de la infinita parvada ciberespacial.

Se ha quedado sin pueblo el gobierno, lo cual es bastante deprimente y riesgoso y se ha quedado el pueblo sin gobierno lo cual no deja de ser al menos insólito. Se dice que el poder no cae al suelo, es decir, que siempre alguien lo cacha, pero en este caso el poder no cae al piso sino que sube a las redes que lo distribuyen con un macabro sentido pokarístico, al grito virtual de cómo veo doy. La premisa digital de desacralizar todo tiene un tufillo de anarquismo o de acratismo si se me permite la posición de kalijuga y eso también abraza y abrasa a los geniecillos y duendes de las redes que ven siempre junto a un pronunciamiento ingenioso u orientador, una procacidad y chatez intelectual que desalienta al más pintado. Ni modo. Culpa es de los tiempos y no de España.

Cada vez que se lanzan a poner fotos o discursos en el internet, la pamba colectiva no se hace esperar, el abucheo y la denostación operan como deporte o diversión y al menor desliz de los gobernantes o de sus hijos y familiares se deja venir una millonada de aguijoneantes avispas dolorosas que no les dejan hueso sano. 

Es urgente pues, que el pueblo, que incluye ahora a los que no son ciudadanos con menos de dieciocho años, y que marchan en las redes con sus bombas molotov virtuales quemando puertas o rompiendo cristales, decimos que es urgente pues, que el pueblo encuentre a su gobierno y que el gobierno real encuentre sus medios de comunicarse y sustentarse en las bases que lo han hecho a un lado.

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Ramón Ojeda Mestre

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