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Y seguimos pidiendo la palabra: DESPERTANDO

Escrito por Erick Omisis Beltrán Orozco en Domingo, 17 Septiembre 2017. Publicado en Cuento, Literatura, Y Seguimos Pidiendo la Palabra

       O.OOO

 

Mientras recibía energéticamente, con un frenesí insuperable, apenas  imaginado; en el punto donde la madera se raja, la piedra se agrita y la piel se convierte en lumbre, pensaba: ¡ya valió verga! este es el ocaso, el principio del abismo, después de esto sigue mi desmembramiento en una plaza pública (gesto de probabilidad) o la violación de un caballo. La menonita me vomitó la verga tres veces y en la tercera se la metí por el culo mientras la ahorcaba y le trituraba un pezón. Ella nos dejó unos segundos cuando se materializó agua por cuarta ocasión,  cuando  pudo sostenerse, yo me había ido. Era fuego retenido que lo malquistó de las miradas de la comuna incrementaba en furor.  Los días anteriores lo había metido por cualquier sitio retorcido, me dejase: Hombres tullidos, mujeres ciegas, mudas, gallinas sábanas de la madrugada, ninfillas rabiosas; carcajes del crepúsculo, policías corruptos, negros inmigrantes, alvinos como rosas secas del desierto; lácteos, embutidos; melones psicotrópicos, sandías petrificadas; estofados cortados y completos. Haberme acercado a ese  amplio universo pornográfico de la red me había volado la cabeza tanto que la realidad no soportaba esos parámetros… Lo había probado todo hasta la menonita famosa esa que había crecido siendo monja toda su vida…  En realidad este era mi suicidio. El contrato social al que estaba sometido dejaba mucho que desear y de mierda era mi limosna. Estaba dispuesto a tener no una pequeña muerte, sino algo que me dejase suspendido perpetuamente en otro plano…   Se sabía que  esta comunidad era una de las más conservadoras y radicales. Todos estaban enterados de lo que había hecho; había poseído brutalmente a su sacerdotisa o ¡no sé qué carajo!, ocurrió de una forma muy sonora. No caminé ni dos cuadras cuando una banda de Batos güeros con escopetas y hachas en las manos se plantó en mi horizonte…

Me putearon.

 Al final ya cuando mi cuerpo parecía una sábana que envolvía algo rojo que chorreaba; me vine, al mismo tiempo que uno de ellos con una escopeta y me disparó.

 

                                                      O.OO

Desperté sin saber qué día era, ni mes, ni año; estaba en un cuarto antiguo; era de noche y la habitación estaba iluminada por velas. ¡Carajo! pensé ¿Dónde estoy? Me levanté sigilosamente tras escuchar voces a lo lejos. Me fui acercando a ellas. Vi por entre la puerta y su marco, que apenas abierta estaba. No los conozco pensé. Al regresar a la cama  me senté queriendo comprender las cosas, me agarré la cara y sentí muchas cicatrices, me vi las manos, los brazos, las piernas… en ellas también había. Clavé mi mirada en cualquier lado intentando pasar todo por la razón y cuando no pude comprenderlo, me di cuenta que estaba viendo una caja extraña que sudaba. Creí que habría algo frío dentro que pudiera tomar, así que la abrí para investigar. La sangre se me helo y sentí que me asfixiaba, me bajé el pantalón, después desmayé.

 

                                                       

 

                                                       O.O

Desperté, frente a mí había un rostro conocido; era una chica que me pasaba por la frente un trapo con agua tibia. Giré la cabeza viendo de nuevo la caja, entré en pánico. Ella me calmó y me dijo que era su esposo, que esa era nuestra casa, que yo estaba a salvo y que efectivamente ese de allá era mi pene. Apenas le entendía. El pánico surgió de nuevo, pero intenté controlarme sacando la conclusión de que estaba en un sueño. Asalté el plato de comida que tenía a un lado y me enterré el tenedor en un brazo. Grité como poseído ¡ni madre! no despertaba; fui a donde estaban las velas y me quemé la cara  ¡nada! Ella asustada me dijo que si qué pretendía, yo le dije que despertar a la verga, de este puto sueño… volví a perder el sentido cuando me dijo que no estaba soñando…

Así desdibujado pasaron varios meses hasta que me acostumbré a estar soñando; aprendí hacer queso y mantequilla.  Yo sentía que mi estancia allí no era natural: todos en ese sitio eran güeros, y hablaban una lengua incomprensible… pero lo que más me cagaba era que me veían feo…

                                                 

                                                            O

Desperté, ella cosía cuero con cuero a la luz de un quinqué, yo estaba amarrado y desnudo boca abajo. Me la metió por el culo después de azotarme 20 veces con un pedazo de cuero con nudos mientras me trituraba un pezón y me asfixiaba con un cinto… extravié la vida por un descuido; cuando abrí los ojos una boca me soplaba por dentro seis veces seguidas… Paró. Tomó viada para golpearme tres veces ferozmente en el pecho.  –“Pero qué carajos te pasa”- le dije con el infierno en la mirada y entonces… la reconocí...                                                                                                                                               

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