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Y seguimos pidiendo la palabra: SOR JUANA TODO PODEROSA O EL EMPODERAMIENTO DE SOR JUANA

Escrito por Irma Y. León Cota en Lunes, 12 Noviembre 2018. Publicado en Literatura, Narración, Poesía, Y Seguimos Pidiendo la Palabra

Una serie de interrogantes cubren la figura de Sor Juana Inés de la Cruz, una de ellas, sin duda es el peculiar surgimiento de este personaje tan sui generis, con una sapiencia inexplicable aun para la ciencia de nuestros días, con esa claridad intelectual que desplomó a los eruditos de la época.

Sor Juana crece en un contexto donde la mujer ocupaba un lugar casi invisible. Su formación estuvo trastocada por una serie de vicisitudes: a los 3 años de edad aprendió a leer y más tarde inició su educación en las escuelas llamadas amigas, como dato curioso está el hecho de que su madre era analfabeta; sin embargo, su abuelo con quien mantuvo una relación muy estrecha poseía una de las bibliotecas más grandes y completas de su tiempo. Su formación fue en gran medida autodidacta, y se sabe que cuando no se aprendía un texto de memoria se cortaba un mechón de cabello como castigo, hay que recordar que las formas de acceder al conocimiento en esa época era por medio de la repetición y la memorización cosa que Sor Juana trascendió a procesos cognitivos más complejos como el análisis y la síntesis como se denota en sus escritos. Su temor o aversión a la ignorancia la hacían desde muy pequeña someterse a sanciones y correctivos severos para su edad, tales como no comer queso pues se decía que te volvías tonta, siendo que en el virreinato el queso era considerado una golosina exquisita.

Algunos autores ubican dos elementos característicos en la vida de Sor Juana que van a dar sentido a su naturaleza prodigiosa, uno es el saber natural y el otro, el saber cultivado; esto es,  la determinación natural que se trae desde el nacimiento y el otro, el saber cultivado es ese que se adquiere con el estudio y la disciplina y es responsabilidad de cada persona. Existen también estudios especializados que intentan determinar las redes neurológicas y lo que ocurría en el cerebro de Sor Juana, todo con la intención de encontrar una respuesta a tal incógnita.

Estos saberes naturales y cultivados se van tejiendo en el entramado intelectual de Sor Juana, sorteando las demandas y exigencias de la sociedad novohispana. Octavio Paz en las trampas de la fe recalca el enmascaramiento que hace Sor Juana en la respuesta a Sor Filotea, al apropiarse de éste en la autodefensa a partir del yo “hay una lucha constante por defender un enmascaramiento continuo que hace y le da la apertura para reproducirse verbalmente en la producción de discursos literarios”, hay pues, un yo qué defender, pero de quién se defiende Sor Juana, acaso de ella misma, del hombre? “Dentro de una estructura de poder a partir de un movimiento aparente de humildad” Sor Juana se achica en el discurso para resistir la contrariedad, para sostener un yo en situación de defensa, y en ese pronunciamiento de humildad Sor Juana crece.

Tomar a Sor Juana como estandarte de liberación femenina deja algunos hilos sueltos, ya que ella se concibe como una mujer especial, con hambre de saber, disciplinada, valiente, y no como cualquier mujer. Cuando se cita en lo privado habla de ella misma, de su condición de mujer siendo Sor Juana, no mujer como tal. Ella misma en la respuesta a Sor Filotea nos devuelve una imagen que muestra la diferenciación con el resto, la naturalidad de sus dotes la separa y diferencia de los rasgos superficiales que caracterizan a otras mujeres; habla por medio de la escritura y es ya un personaje público como tal. En esta defensa del derecho individual, del derecho de sí misma, del derecho al conocimiento, a aprender como mujer, de una promoción no colectiva como mujer sino de sí misma. En este orden de ideas nos topamos con una figura llamada empoderamiento, retomada actualmente por los estudios de género y que tiene su origen en los trabajos comunitarios y colectivos de Paulo Freire en los años 70 sobre las minorías. Encontramos entonces un empoderamiento en Sor Juana, en su condición, no como minoría o mujer, sino en su condición de intelectual, de mujer sabia, sustentada en las confrontaciones intelectuales que sostiene con los letrados de su época, un empoderamiento en lo personal, en el desarrollo del sentido del yo, de la confianza y de la capacidad individual.

En esa lucha continua por su defensa y empoderamiento, las interminables disertaciones intelectuales se tornan para Sor Juana espacios de poder, espacios que le permiten legitimarse, empoderarse, estar entre iguales. Dejando atrás las quejosas charlas cotidianas de las monjas que entretenían su pensamiento. Pascual Buxó nos habla de las academias literarias como espacios donde se trabajaba un tema, se profundizaba sobre un texto y se daban cita una serie de especialistas e intelectuales de diversos campos de conocimiento. Así debieron ser las extensas visitas de los intelectuales al convento, charlas interminables que sostenía Sor Juana entre teólogos y filósofos, encuentros incansables de buena pluma…

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