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THE BEATLES, ESOS ESCARABAJOS QUE INVADIERON AMÉRICA

Escrito por Ramón Cuéllar Márquez en Lunes, 05 Enero 2015. Publicado en Literatura, Música

Los afroamericanos inventaron desde su sangre africana el rhythm and blues, éstos inventaron a Elvis Presley, y Elvis inventó a Los Beatles. Cada uno fue consecuencia del otro, por reacciones raciales, políticas, musicales y sociales, pero todos, como en efecto dominó, influyeron sobre el otro para su propia existencia. Esta asociación de efectos logró que la historia musical del mundo se viera invadida por la novedad y por las consecuencias musicales que tuvieron Los Beatles en particular, cuando arribaron a Estados Unidos en 1964.

Los Beatles llegaron a América, el continente, siendo ya famosos en Gran Bretaña, donde ya se había constituido la beatlemanía como resultado de su éxito musical. Muchos han tratado de explicar lo que social y antropológicamente sucedió con la banda ante multitudes de jovencitas histéricas que se desgreñaban y gritaban con la sola aparición del cuarteto de Liverpool. Algunos dicen que fue una especie de liberación emocional y psicológica de la posguerra y otros un ardid publicitario manejado desde las raíces del poder económico y político. Lo cierto fue que el impacto que tuvieron en su país de origen los llevó a Estados Unidos, que recién había sufrido el asesinato de su presidente John F. Kennedy, donde también sintieron los efectos de la beatlemanía. Fueron decenas de ciudades a donde dieron concierto, donde los jóvenes desbordaban los lugares masivos gritando también histéricos con la música de aquellos cuatro jóvenes llamados The Beatles.

Estas giras por los Estados Unidos fueron el principio de la beatlemanía en el planeta entero y el inicio de la más grande influencia no sólo musical, sino cultural que se produjo en la segunda mitad del siglo XX. A partir de ahí, la vestimenta, los peinados, las bandas musicales, el arte, el concepto de conciertos, se vieron trastocados y evolucionaron hacia distintos caminos, entre ellos la parte comercial fundamentalmente y un cambio de actitud en los jóvenes del mundo. De eso modo podemos hablar de un antes y después de Los Beatles. Nadie escapó a su seducción ni a su música pegajosa, como fue al principio, pero después conceptual, como muchos lo pudieron constatar en el Sargent Pepper.

¿Cómo llegaron Los Beatles a mi vida? Creo que tenía alrededor de catorce años cuando vi por primera vez un 8 track, de aquellas antigüedades de las que sólo los viejitos nos acordamos, y en cuya portada estaba la famosa imagen donde se asomaban desde un edificio. Ese track lo tenía mi hermano José, quien oía esa música, además del grupo Kansas, Credence y Pink Floyd. Pero ninguno de ellos causó el impacto profundo que Los Beatles lograron en mi personalidad. Después supe, cuando me vi invadido por completo, que ése primer track se trataba del disco azul: The Beatles 1967-1970. La primera canción que escuché, fue “across the universe”. Hasta el día de hoy es una de las que más me siguen gustando, junto a “Here comes the sun”.

Después de esa primera experiencia, seguí buscando más música del grupo, pero también, como un obsesivo, todo lo que tuviera que ver con ellos, desde afiches, revistas, fotos (y eso que no había internet). Incluso hasta imaginé la posibilidad de ir a La Caverna (una especie de templo musical donde iniciaron) para robarme un ladrillo. Me había convertido en un beatlemaniaco y en un beatlémano de corazón. Esta idea del ladrillo me vino de un amigo que conocí en la Casa del Estudiante Sudcaliforniano en México, Nelson Hage, quien era un seguidor de la banda y que su afición era escandalosamente marcada. De inmediato nos hicimos amigos. También en esa casa me hice amigo de músicos extraordinarios como Juan Carlos Gutiérrez (El Pinky), los hermanos Ruelas (El Ruelas y Hélder) y Edmundo Cota (El Mundo), que también coincidían en el gusto por los Fab Four.

Imagino que lo que provocó en mí es lo mismo que impactó a toda América, pero no lo que debe haber sido para quienes vivieron en ese tiempo, el cómo cambiaron las modas y el cómo Los Beatles se veían hasta en la sopa. Yo nací en 1966, cuando ellos dejaron de dar conciertos en vivo y se metieron a componer al estudio de grabación; no obstante, puedo decir que nací en una época emergente, donde la rebeldía no se reducía tan sólo a cortar con el cordón umbilical, sino a una profunda crítica de la sociedad que marcó esa generación, con los movimientos estudiantiles en todo el mundo, particularmente en 1968. La literatura latinoamericana se vio también impactada con Los Beatles, pues muchos escritores comenzaron a jugar literariamente con ellos en sus textos y otros más los veían como los nuevos clásicos del siglo XX, como Gabriel García Márquez:

Por toda la ciudad, a toda hora, se escuchaba un grito de muchedumbres; "Help, I need somebody”. Alguien volvió a plantear por esa época el viejo tema de que los músicos mejores son los de la segunda letra del catálogo: Bach, Beethoven, Brahms y Bartok. Alguien volvió a decir la misma tontería de siempre: que se incluyera a Bosart. Álvaro Mutis, que como todo gran erudito de la música tiene una debilidad irremediable por los ladrillos sinfónicos, insistía en incluir a Bruckner. Otro trataba de repetir otra vez la batalla a favor de Berlioz, que yo libraba en contra porque no podía superar la superstición de que es […] pájaro de mal agüero. En cambio, me empeñé, desde entonces, en incluir a Los Beatles. Emilio García Riera, que estaba de acuerdo conmigo y que es un crítico e historiador de cine con una lucidez un poco sobrenatural, sobre todo después del segundo trago, me dijo por esos días: “Oigo a Los Beatles con un cierto miedo, porque siento que me voy a acordar de ellos por todo el resto de mi vida”. Es el único caso que conozco de alguien con bastante clarividencia para darse cuenta de que estaba viviendo el nacimiento de sus nostalgias. Uno entraba entonces en el estudio de Carlos Fuentes, y lo encontraba escribiendo a máquina con un solo dedo de una sola mano, como lo ha hecho siempre, en medio de una densa nube de humo y aislado de los horrores del universo con la música de los Beatles a todo volumen.

Supongo que cada uno de nosotros podrá hablar de cómo cambiaron nuestra vida, nuestra visión y nuestros gustos, de tal modo que si todos lo pudiéramos sintetizar de algún modo, entenderíamos el impacto psicosocial que tuvo en su generación y en las posteriores como nosotros, e incluso en las actuales. Yo mismo he escrito algunas cosas donde Los Beatles tienen una fuerte huella: en mi libro de poesía de 1991, Los cadáveres siguen allí, en mi novela de 1990, pero publicada hasta 2006, Los cuerpos, y en una inédita, que es la segunda parte de mi novela Indagación a los cocodrilos, llamada Sonrisa de cocodrilos, donde retomo la canción “across the universe”.

En fin, hablar de Los Beatles es hablar de influencias, de enconos, de amores, de gustos, de conspiraciones (como la de que Paul murió en 1966 y fue sustituido). Algunos los amamos por su música, por el efecto positivo que tuvieron en nuestras vidas y otros más se aprovecharán no sólo de su fama, sino de su leyenda para sobresalir en este mundito azul que gira alrededor de una estrella amarilla mediana, en un extremo de una galaxia menor, en un universo finito que se va expandiendo como el globo de un niño.

 

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