¿Y si somos sólo las moléculas
de la gota de brisa en una piedra de la playa
que rueda, explota y se recrea eternamente?
Las generaciones se reponen y transforman
pero reposa intacto el mismo elemento.
Hojeaba un atlas histórico mundial:
historias viejas nunca resueltas,
historias nuevas sin respuestas,
conflictos sepultados por otros conflictos.
Como si cada veintena de años volviera de nuevo la mar
a recoger favores y malestares y renovar la arena.
O cada cien, quinientos, mil años, resucitaran
problemas, héroes, villanos y sus circunstancias.
Y cada que algo suceda, algo habrá
como condición para amar,
para rebelarse o estar desnudos
en el espacio laberíntico que tiene
por final —inesperado—: ¡LA NADA!
Irnos y volver en la eterna sorpresa de encontrarnos
los mismos seres maravillados por la existencia.
