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Y seguimos pidiendo la palabra: ANILLO

Escrito por Gabriel Rovira en Jueves, 03 Febrero 2022. Publicado en Cuento, Literatura, Narración, Y Seguimos Pidiendo la Palabra

Fuego, Llama, El Calor, Marca, Caliente, Anillo

En vez de un grito le salía silencio por la boca, su corazón llenaba todo de un ritmo angustiante. Por la falta de sonido y la ausencia de dolor supo que todo era un mal sueño y, por fin, abrió los ojos aturdida.

Él estaba dormido como siempre a su izquierda, entre el algodón azul de las sábanas, pero al sentirla incorporarse de pronto se despertó sobresaltado.

-Es que tuve una pesadilla -explicó ella-. Soñé que entraba por la ventana una gran serpiente de fuego que giraba tras de sí misma, tratando de morderse la cola y como era un presagio incomprensible, tú le arrojabas la almohada. Entonces vi que el resplandor del fuego crecía y que una llamarada me causaba estas quemaduras.

Al mostrarle la herida los dedos quebraban en mil pedacitos la piel carbonizada. Entonces él supo que estaba soñando y despertó sobresaltado.

— ¿Qué te pasa?—, preguntó ella

—Temía por ti —explicó él—  soñé que me contabas un sueño tuyo sobre una serpiente que te había quemado. Y vi tu herida y era horrenda.

-Una pesadilla —sentenció ella— no sería tal si tú supieras que es un sueño- y le mostró que un pedazo de su cuerpo estaba carbonizado. 

Entonces, él quiso gritar y el silencio de su voz le confirmó que seguía soñando. Finalmente, abrió los ojos desesperado y vio que ella estaba dormida como siempre a su derecha, entre las sábanas que, por fin, eran de satín rojo, pero al sentirlo desesperar y despertar, ella se incorporó sobresaltada.

— ¿Qué  pasó?

—Nada -dijo él— tuve un sueño en el que yo te decía haber soñado que me contabas un sueño.

—Qué raro, yo también soñé algo así.

Súbitamente, las cortinas se inflamaron y una serpiente de fuego entró por la ventana, girando en círculos para morderse su propia cola, y se quedó flotando sobre la cama. Era una joya bellísima aquel anillo con ojos de rubí y ellos se debatían entre el terror y la maravilla.

-Es un incomprensible augurio —dijo ella — y le lanzó la almohada.

Entonces, el resplandor del fuego creció y una llamarada lamió el cuerpo de él, quemándolo gravemente.

Él quería gritar y en vez de un grito le salía silencio por la boca, su corazón llenaba todo de un ritmo angustiante. Por la falta de sonido y la ausencia de dolor, supo que todo era un mal sueño y, por fin, abrió los ojos aturdido...

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