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DE DIOS Y OTROS VIRUS

Escrito por Gabriel Rovira en Viernes, 22 Mayo 2015. Publicado en Literatura, Religión

Las pequeñas piezas de la mente

No soy uno, siempre lo supe, que dentro de mí se libra una batalla a muerte, un drama de supervivencia.

Un sin fin de demonios compiten por sobrevivir y no ser olvidados, demonios formados a su vez por nudos electroquímicos, voces fantasmales con sustancia física. Esos nudos son las piezas, y las piezas se reproducen, viajan, compiten, me hacen actuar y promueven que las difunda, son pequeños virus que termino regando en otros cerebros.

Para mayor virulencia, soy profesor de la universidad y mis alumnos confían en mí, doy conferencias, escribo, decido, argumento, promuevo, dictamino...un verdadero foco de infección.

Un día los nudos se enlazan como sin querer, de pronto se copian y se instalan en nudos de neuronas desprevenidas. Se juntan se asocian, se organizan y forman los demonios.

Los demonios de vida fugaz que llamamos ideas. ¿Cuántos viven dentro de mi?, es decir, ¿cuántos me conforman? ¿Acaso soy algo más que esas confusas redes vibrando al unísono?

Sólo somos testigos de la sombra y el resplandor, lejanos ecos de feroces batallas y a veces vemos surgir fortalecido algún sobreviviente, dispuesto a convertirse en mensaje, en acción, en artefacto y salir al mundo para infectar otros cerebros.

Para que repetir lo que va diciendo Dawkins, los he llamado demonios para no sentirme títere, para conservar la magia y la ilusión de libertad.

No me queda más que confiar, no en su bondad, sino en el hecho indiscutible de que les conviene que yo siga vivo y escribiendo...

 

Módulos, esquemas y filtros.

Si miro al cielo en una noche estrellada, en mi ignorancia yo sólo veo puntos blancos temblando en el fondo oscuro. Un astrónomo o un marinero me diría “esa es Marte, un planeta y no una estrella, una estrella es aquella: Aldebarán y allá tenemos a la Osa Mayor, y aquella es la Osa Menor y si te fijas, verás que la luna atraviesa Tauro"...el sabría cómo encontrar la estrella polar y cómo orientarse sin brújula. Yo en cambio estaría perdido. No tengo el esquema, el mapa mental que me permitiría distinguir una constelación de otra. Para mi la hierba es sólo hierba y toda es igual, para un botánico un prado del monte es algo así como una farmacia.

No vemos sino aquello que sabemos ver. Porque organizados al fin en redes más complejas, algunos de los  memes que nos habitan conforman  módulos funcionales que nos ayudan a descifrar nuestras percepciones y darles sentido, o más bien que determinan el modo en que lo hacemos según su conveniencia.  Constituyen nuestros marcos conceptuales, nuestra visión del mundo, nuestra perspectiva, esas opiniones previas a las que llamamos prejuicios, y por lo tanto condicionan todas nuestras opiniones y todos nuestros actos.

Dependemos no sólo de nuestros sentidos para descifrar el mundo, sino de estos filtros que agregan contenido y orden a las caóticas percepciones que obtenemos de la inclemente minucia de las cosas.

Estos filtros actúan también como protocolos que convierten la compleja estructura de relaciones de los memes en esquemas y nos mueven a reflejarlos en símbolos, pinturas, música, movimiento, texto, palabras...en fin mensajes.

Los mensajes son siempre pobres, comparados con su origen, aquella red de nudos electroquímicos, siempre dispuestos a saltar y estimular las neuronas para replicarse en ellas, siempre increíblemente activos, aquellas relaciones infinitesimales y multitudinarias que conforman una sola idea, una sola sensación que quiere ser descrita. Los mensajes son sólo esquemas o pautas que apuntan a una ejecución mental mucho más compleja.

Es gracias a los filtros o protocolos que otros cerebros pueden interpretar mis mensajes y replicar en sí mismos los memes que les dieron origen.

Es así como viajan las infecciones meméticas y es así como se reproducen en otras mentes, así se conforma la cultura y así dominan nuestra única vida, nuestra vida mental.

Esos virus son nuestra vida mental.

 

 

Dios existe: es un virus

No es nada nuevo. Hesiodo dijo que los dioses fueron inventados por los poetas para explicar lo que no podían entender los hombres.

O sea que siempre se ha sabido la verdad, pero muy pocos la han aceptado: Dios es un personaje literario, eso sí, el más influyente de la noosfera.

Es decir, que desmiento enfáticamente a los que dicen que no creo en Dios. Sí creo en Dios. Dios sí existe, existe en la cabeza de cada uno de los creyentes y de algunos no creyentes, es el meme más fuerte; el que mejor se reproduce; el que se asocia a los filtros más exigentes y mas complejos; el más arbitrario; el que controla mejor nuestros actos; el más difícil de refutar y de olvidar...

Como refutar algo que se plantea como intangible e invisible y que sólo se manifiesta al que se lo merece.

 

Dios es el meme más infeccioso.

Los síntomas son el fanatismo, la intolerancia, la sagrada violencia, la noción de pecado, cierta paranoia y también la solidaridad, la sed de justicia, la disposición al sacrificio...Dios es una compañía segura, aunque algo peligroso.

No es omnipresente, sólo vive en la mente de los hombres. Los límites de Dios son los límites de los cerebros humanos asociados, en ellos vive y sin ellos no es nada, es tan mortal como la humanidad, por eso necesita de nosotros y nos exige fidelidad. No es principio ni fin de nada, no es el creador de nada que no hayan hecho los hombres. No sabe nada, porque no es conciente de sí mismo, por eso siempre calla; en cambio produce filtros oscuros, oculta evidencias que lo desmienten, cambia los hechos a su conveniencia y nos hace sentir culpables de estar vivos.

 

Dios existe: es un virus.

 

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