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Y seguimos pidiendo la palabra: UNA PLÁTICA DEMASIADA CERCANA

Escrito por ¡Y seguimos pidiendo la palabra! en Lunes, 04 Septiembre 2017. Publicado en Cuento, Literatura, Y Seguimos Pidiendo la Palabra

Autor:  Félix Alberto Barrera Osuna

 

1

— ¿Lola? —dijo extrañado al ver al gato blanco de orejas negras y ojos azules. Llevaba enterrado quince años en el  patio trasero de la casa de sus padres.

Xavier no creía lo que sus ojos observaban en ese momento; se encontraba tirado en medio del pavimento, un lugar el cual no reconocía.  Trató de incorporarse poco a poco. Echó una mirada torpe alrededor; todo parecía normal, casi todo. Empezó a caminar lentamente.

No alcanzaba a ver a más de cincuenta metros de distancia. Después de caminar algunas calles se percató de que la ciudad o el “mundo” en el cual se encontraba era muy similar a su antiguo lugar de residencia; siguió caminando y caminando, hasta ver –a lo lejos- a unos niños  que saltaban la cuerda.

Mantuvo el paso hasta que sus risas empezaron a darle escalofríos.

—Niños, ¿dónde estoy?

Xavier quedó paralizado. Al momento de escuchar su voz, los niños pararon sus risas, se quedaron estáticos, lentamente voltearon sus cabezas hacia él.

—¿Qué haces aquí? Sigue caminando…

A Xavier se le paró el corazón en el pecho. Dio un paso atrás, y otro paso atrás. Los niños no tenían rostro.

Entonces salió corriendo sin detenerse un momento para escuchar las risas que volvían a sonar.

Conforme avanzó, el entorno se fue construyendo poco a poco: primero eran sólo los contornos de los objetos, luego tomaban entera presencia; pero lo que dejaba atrás iba borrándose, como cenizas en el viento.

Junto con el entorno, algunas siluetas aparecieron. Eran personas que caminaban mirando al suelo. Primero fue uno el que apareció, luego diez y luego tantos que no pudo contarlos. Todas caminaban hacia una misma dirección:al horizonte que todavía no se creaba.

—O…oi…oigan—dijo, al sentirse rodeado.

Al verse alcanzados por la voz de Xavier, las cosas se sentaron y se taparon los ojos con su mano izquierda. Todo quedó en silencio; Xavier decidió continuar, a pesar de que se sintió abrumado por la presencia de aquellos que solamente se quedaban ahí sin moverse.

            “No mires ojosss”, escuchó que le susurraban al oído con voz de ultratumba.

            —¿Quién dijo eso? —preguntó Xavier, mientras volteaba para todos lados.

            Después de haber pronunciado aquello, las personas se quitaron las manos de sus ojos, revelando iris sobre iris, sobrepuestas unas de otras.

            Xavier miró con miedo todo eso; sentía que la vida se le escapaba y tuvo que cerrar  sus propios ojos para no sentir que perdía contacto con el mundo.

            Todo se hizo más oscuro, y creyó que iba a morir cuando aquellas cosas que estuvieron tan cerca de él que podía escucharlas respirar.

            Comenzó a caminar sin rumbo alguno, sin su vista. Las respiraciones se hacían cada vez más fuertes, su mente estaba inconsciente, sentía una abrumadora presión a su alrededor. Se detuvo. Un silencio ensordecedor se propagó por todo el lugar, hasta que se escuchó el sonido de una voz que lo llamaba, como si él  estuviera debajo del agua y alguien lo llamara desde la superficie:

            “¡Joven! ¡Joven! ¿Está bien? ¡Llamen a una ambulancia!”

            Eso fue todo. Abrió los ojos.

—¿Lola? —preguntó extrañado al ver al gato por segunda vez. Llevaba enterrado quince años en su patio trasero.

            Xavier no se había dado cuenta que había vuelto al mismo lugar donde comenzó en un inicio, era como si su memoria se hubiera borrado y todo comenzara otra vez, sólo que esto ya había pasado cuatro veces para ese entonces.

          

 

 

2

—¿Vivirá?

            —No lo sabemos, ya hicimos todo lo que está en nuestras manos, Xavier se encuentra en un estado de coma, una condición clínica en que la persona no da ningún signo evidente de conciencia de sí o del ambiente que lo rodea, tal vez pueda escucharnos, tal vez…—le dijo el hombre de bata blanca que se encontraba presente en la habitación—; le seré sincero señorita… hay cuarenta porciento de probabilidades de que su novio despierte.

            La mujer estaba llorando desconsolada, tomando la mano de Xavier, éste se encontraba sereno en una cama de hospital.

Sólo el sonido del respirador opacaba el llanto de la mujer.

Xavier tenía una intravenosa clavada en su brazo izquierdo, el pecho repleto de electrodos, que transmitían las señales de su cuerpo inmóvil. Los electrodos se conectaban por medio de cables, que inundaban la cama donde estaba. Los cables llegaban hasta una máquina que convertía las señales eléctricas provenientes del corazón, en líneas onduladas que salían impresas de otro aparato.

 

Catorce números que daban información de catorce cosas distintas se veían en el monitor de frecuencia cardiaca, la línea que marcaba los latidos de corazón, subía y bajaba, creando trazos irregulares que seguían el mismo patrón; eso decía que Xavier aún estaba vivo, en teoría.

            Xavier no podía escuchar a las personas que lo rodeaban, pero de fondo, un tambor sordo y seco marcaba el ritmo que indicaba que la cadencia seguía un curso estable.

            Estaba en el tercer grado de coma.

            Xavier no estaba ahí en ese momento, al menos físicamente; su esencia estaba en otro lugar fuera del alcance terrenal mientras se disputaba una y otra vez su salida del limbo, pero cada vez que erraba se alejaba más de lograrlo.

            —Lo que si es muy extraño —exclamó el doctor— es su accidente.

            —¿Por qué?

            —Según los primero reportes de los peritos, Xavier tuvo un accidente automovilístico, pero no fue choque o volcadura, ni siquiera hubo otros autos involucrados. Su auto se encontraba bien, con él adentro. Pero su cabeza no lo estaba tanto: le escurría sangre como si fuera una gotera que llevara muchos días de haber llenado el balde.

—Entonces —preguntó la mujer—, ¿qué fue lo que de verdad sucedió?

—No lo sabemos, señorita.

—Y ¿qué pasará con él ahora?

            —No sabemos concretamente qué sucede en el estado de coma, algunos dicen que es como un largo sueño, otros que es como una aventura, otros, bueno…

—¿Otros qué?

—Otros piensan que el estado de coma es donde se toma la decisión de vivir, si de verdad se desea.

Ambos miraron al mismo tiempo al hombre.

            Ella dijo:

—Solamente espero que esté bien —le dijo al de bata blanca, luego se dirigió a su novio—.Por favor mantente vivo, mi amor.

—Creo que es mejor que lo dejemos descansar, ya terminó la hora de las visitas.

            La novia de Xavier, después de concluir la conversación, volteó a ver una vez más a su amado, quien seguía postrado en la cama y sólo vivía gracias a las máquinas.

 

 

 

3

 

—¿Lola? —preguntó por sexta vez Xavier.

Se encontraba tirado en medio del pavimento de un lugar el cual no reconocía después de tantas veces. Pero la voz fue nueva:

            —Llevas mucho tiempo dando vueltas, Xavier, y todavía no te das cuenta.

            Una extraña mujer apareció frente a él, sólo pudo ver que era vieja y que fumaba como una chimenea.

            —¿Quién eres tu? —preguntó Xavier muy desconcertado.

            —¿Tú? Deberías de hablarme de usted, porque ya sabes quién soy ¿cierto?

            —La verdad no, de hecho no sé ni dónde jodidos estoy y me estoy desesperando, necesito salir de aquí.

            —¿Salir dices? Pero cariño, si acabas de llegar, ¿no te gusta lo que ves a tu alrededor?

            Xavier no respondió nada.

—Vamos, vamos, sé que recuerdas —le dijo la mujer acariciándole la mejilla.

            De pronto comenzó a recordar, poco a poco…

            —Había algo…una calle y… recuerdo haber estado frente a un volante, luego parpadeé un segundo; cuando volví a abrir los ojos, me encontraba aquí… en la nada.

            —¿Nada dices? Todos tienen una percepción diferente de la nada, Xavier,ésta es la tuya. Todo lo que pasa aquí, es por ti y para ti.

            —Entonces ¿estoy muerto?

            —Eso no depende de mí, corazón. ¿Estás muerto? Dime, con todo lo que has visto, ¿crees que estás muerto? ¿Dónde crees que estamos?  

            —No lo sé. Este lugar es aterrador, quiero irme… —dijo Xavier sin saber cómo seguir su discurso que al parecer no ablandaba en nada a la señora— por favor…

            —Xavier, dime ¿por qué quieres vivir? Si es así que lo deseas.

            Silencio. Xavier recordó aquella vez que leyó sobre un relato griego de Edipo y la esfinge. Sintió que era una pregunta engañosa y que su vida dependía de su respuesta.

            —Yo…

            —Ten cuidado, millones han tratado de contestar esa pregunta, todos han fallado. Todos tienen deseos egoístas de seguir viviendo por sus propios intereses, yo puedo ver el corazón de las personas. Yo tengo que juzgarlas¿Viste a  las personas que estaban caminando?

            —Sí…

            —Supongo que no quieres terminar como ellos ¿verdad?

            —No, sólo quiero saber dónde estoy.

            Xavier se encontraba más que confundido; aquella mujer lo miraba con curiosidad.

            —Te daré una pista: ¿has visto algo familiar por aquí? Piensa duro, lo que sea.

            —A mi gata…

            —Entonces creo que tienes la respuesta, cariño. Lleva alimentando a los gusanos ya varios días, ¿no es así?

            Entonces lo supo: estaba tan muerto como Lola, Orión y Cuchara, sus tres gatos a lo largo de su vida.

            —Estoy muerto, ¿no es así? Pero ¿qué me paso? ¿Por qué no puedo recordar casi nada?

Y de repente, como para tragarse sus palabras,  volvió  a recordar. Eran flashazos borrosos que poco a poco se pusieron nítidos hasta volverse una serie de imágenes completas.

            —Yo… traté de esquivar, yo iba en mi automóvil, yo…

            Las fuerzas lo abandonaron. Sintió como si llevara varios días yendo de un lado a otro sin descansar.

            Las cosas volvieron a repetirse en su cabeza del mismo modo que su cuerpo las llevó a cabo ahí en ese mundo.

            Más pesado, más pesado, más pesado.

            Y entonces cayó desmallado. De su nariz brotaba sangre, al igual que de sus oídos y cada orificio de su cara.

            “Despejen, despejen. De nuevo. Una vez más. ¡Una vez más!”.

            Y entonces todo se volvió blanco.

 

 

 

4

 

            —Despejen, despejen. De nuevo. Una vez más. ¡Una vez más!

            En la pantalla  que mostraba la frecuencia cardiaca de Xavier se vio de nuevo  una pequeña señal de vida.

            Xavier despertó. Echó una mirada torpe a su alrededor; se había dado cuenta de que se encontraba en una cama de hospital. Trató de pronunciar un par de palabras…

—    ¿Do…n…de…?

—    Xavier, por favor no hables. Sólo respira.

Se vio segado por la pequeña lámpara del doctor que examinaba sus pupilas.

—Tu cuerpo reacciona a la luz, esto es un…— dijo el doctor, antes de ser interrumpido por la voz de la mujer.

—Mi vida, amor mío ¿cómo te sientes? ¿Necesitas algo? —dijo la mujer, al momento que irrumpía en el cuarto de Xavier.

—Yo…quiero vi…vir —susurro Xavier, con una voz que apenas se escuchaba.

—Claro que vivirás mi amor, pero ahora guarda silencio, necesitas recuperarte.

            La pesadilla de Xavier había terminado, aparentemente.

            Sus funciones motoras se vieron seriamente mermadas, a pesar de que había estado en coma solo por seis días  y medio; apenas podía hablar.

            Sin embargo, Xavier tenía aún muy presente lo que había sucedido en el tiempo que había estado en coma.

            Había ido al limbo, a la nada, a las puertas del infierno, su voluntad y su alma fueron puestas a prueba pero, no era su tiempo, no aún.

            —Doctor, ¿qué pasara ahora? —preguntó Violeta.

            —¿Podemos hablar en privado señorita?

            Los dos salieron de la habitación, se acercaron hasta las pequeñas bancas de espera.

            —¿Gusta un café? —dijo el doctor.

            —No, simplemente quiero saber qué pasará con Xavier.

            —Iré al grano señorita, la recuperación de Xavier, será larga y tal vez pueda tomar hasta años que pueda moverse con libertad y hablar fluidamente…

            —Eso no importa, quiero estar a su lado.

            —Está bien, solamente necesito que se quede unos días más para aplicarle unas pruebas y unos estudios.

            —Volvamos con él. Quiero hablarle.

 

 

5

 

—Xavier —le dijo Violeta—, sabemos que tuviste un accidente de auto pero no sabemos qué pasó en realidad, porque tu auto no estaba chocado ni nada ¿Recuerdas algo?

            Xavier se quedó pensando unos minutos. Violeta pensó que ya no le respondería cuando lo hizo:

            —Recuerdo haber visto un gato en la calle. Le saqué la vuelta para no atropellarlo. Pero había algo extraño en él.

            —¿Qué tenía de extraño?

            —Era Lola.

 

 

Fin

 

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