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Crisol internacional: "Georgia: la otra cara de la moneda"

Escrito por Andrea König Fleischer en Viernes, 08 Junio 2018. Publicado en Turismo, Cultura, Sociedad

En estos días pre-primaverales y  muy soleados en La Paz, resulta verdaderamente admirable ver a través de las transmisiones desde Socci, Rusia a mujeres y hombres volando, patinando, esquiando  y compitiendo en la nieve y el hielo,  equipados con coloridos uniformes, trineos, esquís y múltiples artefactos, aplicando su maestría en todo tipo de disciplinas en las Olimpiadas de Invierno 2014, como el “curling”, “los aerials y bobslide” y sobre todo, compartir momentos de mucha adrenalina, emoción, gloria para unos y tristeza para otros. Bajo este escenario tan impresionante por su belleza natural, como por los talentos observados, y sin tratar en ningún momento “agüitar la fiesta deportiva” vale la pena reflexionar que, a menos que 300 kilómetros de distancia del maravilloso escenario natural de las montañas y bosques se encuentra un país del que relativamente conocemos poco: Georgia.  Esa nación antes pertenecía a la URSS y  a partir de 1991  forma parte de la Comunidad de los Estados Independientes. Es un país realmente lleno de contrastes del ayer y del hoy, es una de las civilizaciones más antiguas de la región, históricamente ocupado por el Imperio ruso, y posteriormente por la Unión de las Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS). Geográficamente se sitúa en un punto estratégico, entre Europa y Asia y literalmente, un limbo  entre la tradición religiosa ortodoxa tanto cristiana, secular como islámica y además de una modernidad vertiginosa. Sin embargo, pocos saben que por la Olimpiada, las mujeres musulmanas de esta región tienen restringido salir de sus casas durante los días del evento, para evitar cualquier contacto con Occidente y literalmente para impedirles el respirar aire internacional. Este ominoso detalle, a los que nos enteramos por las noticias nos causo indignación y provoca el recuerdo de un pasado marcado por la “cortina de hierro”, discriminación y sin duda, la violación de los derechos humanos de la mujer, dándonos motivos suficientes para investigar y actualizar los conocimientos sobre aquel país tan alejado de México. Ahora bien, viajando hacia Georgia,  precisamente llegando a su porción sur, se encuentra Batumi,  una ciudad que hace diez años no era más que un rincón pobre y triste de la antigua Unión Soviética, hoy  se ha convertido, a pesar de los credos tan estrictos que la rodean,  en un centro de juegos con luces brillantes y ostentosos casinos. La BBC bautizó a la ciudad  como “Las Vegas del Mar Negro” y al parecer, en el mundo de las apuestas, es algo así como la más reciente encarnación de las aspiraciones ultra capitalistas: dinero rápido, regulaciones laxas y grandes riesgos. Curiosamente esta zona de Georgia alberga también la mayor comunidad musulmana de esa región que habita ahí desde el siglo XVI, cuando la zona formaba parte del Imperio Otomano. Después del colapso de la Unión Soviética en 1991, la Iglesia Ortodoxa de Georgia se convirtió en una parte importante del nuevo Estado independiente y de la identidad nacional georgiana. Muchos georgianos musulmanes se convirtieron al Cristianismo, argumentando que este acto de conversión significaba  el retorno a la fe de sus ancestros.

No obstante, hoy día, el 30% de la población es todavía musulmana, conservando tradiciones y costumbres y la mayoría de las  mujeres  cubren sus cabezas con velos  del tipo Hyab, mujeres cuyas bodas se dan bajo arreglos prenupciales a temprana edad entre familias, mujeres que no tienen el derecho a la libre asociación en público, en otras palabras, un lugar en donde  los derechos de la mujer están como en otros pueblos del mundo, muy lejos de ser respetados integralmente.

Paradójicamente a los dogmas religiosos muy estrictos  que allí  aún prevalecen, y después de la Revolución de las Rosas que vivió el país en 2003,  en la que se establecieron muchas reformas democráticas y económicas siguen prevaleciendo otros contrastes alarmantes como los numerosos sitios web, escritos en las principales lenguas extranjeras que anuncian a mujeres de esta región como mercancía de catalogo, hecho que a su vez destapa otra problemática  latente sobre las redes de tráfico de mujeres desde Oriente al mejor postor. Georgia como muchas naciones, no solamente del Sur de Europa, sino también del Este, han vivido momentos de crisis y desaceleración económica, provocando crecientes tasas de desempleo, endeudamiento, flujos migratorios forzados de las zonas marginadas en búsqueda de una mejor vida y problemáticas sociales como violencia intrafamiliar, adicciones y prostitución. Sin embargo, en  su renovación política y social, Georgia ha firmado o ratificado su permanencia en  siete organismos de la Carta Internacional de Derechos Humanos, y oficialmente  existen  casi 200 organizaciones registradas en apoyo a los derechos de las mujeres, de las cuales apenas la mitad puede trabajar activamente, debido a los mismos tabús culturales,  la falta de recursos  económicos y humanos, así como las mismas restricciones políticas. Estas organizaciones luchan contra la pobreza, trata de personas, migración laboral, violencia doméstica y abogan por la  creciente participación de las mujeres en la política que actualmente representan una absoluta minoría en los curules. A pesar de todo, resulta reconfortante  saber que apenas hace una semana  la protección y promoción de los derechos humanos  de los georgianos será incorporado a una Estrategia Nacional y un Plan de Acción  apoyado por la Unión Europea y  la Agencia de Desarrollo de las Naciones Unidas, así como la Oficina de la ONU en  aquel país para hacer eco a los Objetivos del Milenioplanteados por las Naciones Unidas. En fin,  Georgia tiene escenarios socio culturales contrastantes también vistos en otras zonas del mundo y que se repiten como letras de una canción o de un poema y que requieren de muchos oídos y labios para ser escuchados, pronunciados y comunicados para superar la ignorancia y la indiferencia al respecto… y poder ver así con claridad la otra cara de la moneda.

                                                                                                                  

P.S. El sitio www.ungeorgia.ge/ cuenta con algunos documentos interesantes sobre la realidad en este país.

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