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Cultura empresarial: ANÁLISIS DE SENSIBILIDAD

Escrito por Jorge Alberto Vale Sánchez en Sábado, 12 Mayo 2018. Publicado en Cultura Empresarial, Cultura Empresarial, Desarrollo humano, Desarrollo organizacional

En diferentes ocasiones he escuchado decir: “Estoy pasando por una racha de buena suerte; todo me está saliendo bien”. También hay frases para situaciones negativas como: “¡Cuando no me llueve, me llovizna!” o alguna equivalente. De lo anterior se desprende que es común que una etapa de éxitos venga acompañada de más aciertos. De forma análoga, una temporada de fracasos se ve acompañada por más dificultades que oportunidades. Sin embargo, también es real que en la medida en que más se avanza hacia una meta pareciera que una minúscula perturbación nos desvía fuertemente del objetivo y, no obstante, cuando pasamos por una etapa crítica se vuelve muy complicado encontrar una salida exitosa ante la suma de desaciertos que provoca tal situación. ¿Qué tan sensible a las diferentes perturbaciones es nuestra vida o trabajo?, depende, fundamentalmente, de la capacidad aprendida de cada persona para poder enfocar y reenfocar su energía, empeño, trabajo, etcétera., hacia los objetivos deseados en cualquier circunstancia ya sea de éxito o crisis.

            Los cambios tecnológicos que caracterizan esta nueva etapa de la humanidad nos han llevado cada vez más a una mentalidad perfeccionista  de poca tolerancia frente al error, es decir, ponemos poca atención a los logros o aciertos que cada persona encuentra diariamente y dirigimos la mayor parte de nuestra atención a cualquier error cometido. Una consecuencia de lo anterior es que esperamos, en cualquier situación, resultados a muy corto plazo, prácticamente inmediatos, como si todo pudiera darse de forma instantánea ante un “clic” o un “doble clic” de nuestros deseos.

            Las instituciones públicas presentan gran sensibilidad en sus procesos de desarrollo y consecución de su misión organizacional. Es muy fácil impactar negativamente a una organización publica: basta con una amenaza de huelga, una disminución presupuestal, una reorganización estructural, una reforma normativa, un rumor, una declaración en prensa o bien el mal desempeño de un directivo para llevar a un abrupto cambio de enfoque desde lo positivo hacia lo negativo. Cuando alguna de estas situaciones ocurre, los miembros de la organización o del equipo empiezan a preguntarse por lo que está mal y a preguntarse a sí mismos: ¿Cómo me afecta o me hace daño, en lo personal, esta situación? Para el grupo directivo es importante contar con herramientas que le permitan evaluar la sensibilidad organizacional ante dichas circunstancias.

            La tasa neta  de energía constructiva (TNEC) que resulta de la división de la energía constructiva entre la energía reactiva de nuestras acciones, tal como fue expuesta en nuestro articulo anterior, nos da gran información sobre el grado de sensibilidad que nuestra institución presenta ante cualquier situación coyuntural.

            En el caso de que la energía que utilizamos de forma propositiva, proactiva o constructiva sea igual a la energía desperdiciada, es decir, energía reactiva o no constructiva, tendremos una TNEC equivalente a 50%/50%= 1 correspondiente a una institución que sobrevive enfrentando y resolviendo problemas  pero con pocos avances significativos en calidad.

            En el caso de que la energía reactiva sea mayor que la energía proactiva tendremos una tasa TNEC menor que uno, por ejemplo 20%/80%= 0.25 que corresponde a una situación crítica dentro de la organización. En este caso cualquier perturbación negativa, por pequeña que sea, impacta de manera muy importante en el deterioro de la calidad de los servicios que presta la institución.

            En caso de que la energía constructiva sea mayor que la energía reactiva  se tendrá una tasa TNEC mayor que uno, por ejemplo 80%/20%=4 y que  corresponde a una institución pública de creciente desarrollo y aumento de su calidad. Si observamos, en este caso, una tasa TNEC de 90%/10%= 9 deja ver que una perturbación positiva, es decir, aumento del 10% de la energía constructiva nos lleva a aumentar la tasa de 4 a 9, lo cual evidencia el gran impacto que este enfoque permite. Aumentar  continuamente la energía constructiva, hasta llegar al 100%, nos lleva a una tasa TNEC infinita que coincide con la concepción moderna de la mejora continua en la búsqueda de la excelencia.

Acerca del Autor

Jorge Alberto Vale Sánchez

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