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Cultura empresarial: EL ROL DE ESPECTADOR

Escrito por Jorge Alberto Vale Sánchez en Sábado, 28 Octubre 2017. Publicado en Cultura, Cultura Empresarial, Cultura Empresarial, Desarrollo humano, Desarrollo organizacional

A veces resulta difícil entender la poca participación ciudadana en algunos procesos políticos de la comunidad. No se comprende que la desconfianza o la incredulidad lleven a alguien a abstenerse de votar, quizás pensando que con esta omisión se aporta una solución a los problemas políticos y sociales del entorno.

           Más grave todavía resulta constatar que en accidentes automovilísticos, secuestros y asaltos, hay gente que muere por falta de atención y apoyo de quienes, como espectadores, se limitan a observar el suceso y por temor, desconfianza o irresponsabilidad, deciden no ayudar a quienes padecen la crisis.

           Estas actitudes parecen tener un fondo en común con algunas posturas tomadas por miembros de una organización cuando éstos desempeñan, consciente o inconscientemente, el rol de espectadores, que es el término utilizado por algunos sociólogos para describir la tendencia a no intervenir en las crisis de los demás.

           El rol de espectador se manifiesta dentro de las organizaciones públicas a través de diversas actitudes, como por ejemplo la tendencia a actuar solamente cuando un superior lo solicita, o bien la de participar en la resolución de un problema sólo cuando éste hace crisis, es decir, no intervenir sino “hasta que la maquinaria se pare”. Otra forma de jugar el papel de espectador se manifiesta disfrazando la nula participación en los procesos de decisión argumentando un supuesto “centralismo”, que permite justificar la inoperancia y nula efectividad en las tareas asignadas al propio sujeto. 

          También se participa como espectador mediante el establecimiento de críticas fuera de la organización o del grupo de trabajo y no dentro de los órganos internos para la toma de decisiones.  En el lenguaje común y cotidiano, el rol de espectador es conocido como el clásico “lavarse las manos” y en términos generales conlleva la intención de evadir una responsabilidad para evitar alejarse de un estado de comodidad tendiente a que el desarrollo de las actividades permanezcan sin cambio, pensando erróneamente que con ello se logra la estabilidad de la propia organización.

            Es típico escuchar a algún funcionario negar un determinado trámite argumentando que “por instrucciones superiores no puede hacerlo”, dejando entender que si por él fuera dejaría de aplicar la norma o política institucional, y resolvería favorablemente la gestión mencionada.

         Tal como sucede en lo establecido por una de las leyes de la Física Newtoniana: un objeto permanece en reposo continuo hasta que una fuerza actúa sobre él de manera diferente.  Así también, quien juega conscientemente el rol de espectador sólo reacciona ante una fuerza externa, siendo la mayoría de las veces cuando ve peligrar su estatus o cuando se vuelve evidente la falta de responsabilidad individual.  El rol de espectador es una grave consecuencia de los juegos territoriales que se manifiestan en las instituciones públicas y constituye uno de los principales obstáculos para el establecimiento de verdaderos grupos de trabajo. 

           Promover pequeños grupos de trabajo y la interacción de sus representantes en otros grupos funcionales permite crear “carteras de habilidades” compartidas para el apoyo de dependencias o individuos en crisis dentro de la vida institucional. La promoción de lazos de amistad y compañerismo, y sobre todo de reconocimiento de las capacidades de los demás participantes en un grupo de trabajo, permite el aliento a la responsabilidad, el apoyo más allá de las palabras y la atención de las crisis antes de que aparezcan. Con ello se alimenta la eficiencia del trabajo institucional.

Acerca del Autor

Jorge Alberto Vale Sánchez

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