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Cultura empresarial: ¡NO FUE LA SUERTE!

Escrito por Jorge Alberto Vale Sánchez en Sábado, 20 Octubre 2018. Publicado en Consultoria empresarial en BCS, Cultura Empresarial, Cultura Empresarial, Desarrollo humano, Desarrollo organizacional

Me gusta recordar frecuentemente un pasaje del conocido libro Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, en el cual Alicia corre buscando al conejo y se detiene ante un gran número de caminos, dudando cuál es el rumbo que debe seguir. En ese momento aparece el gato burlón —aquel que desaparece detrás de su sonrisa—, a quien Alicia solicita su consejo respecto a qué ruta elegir. El gato, burlándose, le contesta que eso depende a dónde quiera ir. Alicia responde apenada que no tiene ningún destino definido al cual llegar. El gato, sarcásticamente, afirma que entonces cualquier camino que tome la llevará allí.

            Efectivamente, cuando se desconoce hacia dónde se va, cualquier camino da lo mismo. Un claro ejemplo de ello lo encontramos en el necesario conocimiento del rumbo a seguir que se debe tener para una organización o incluso en el hogar. Por tradición familiar, desde tiempos de nuestros padres y abuelos, quienes administran las finanzas del hogar —por lo regular, las madres— hacen maravillas con el precario presupuesto familiar, asegurando alimentación, salud, vestido y educación, para lograr mantener a la familia en la estabilidad deseada. Al correr de los años este esfuerzo rinde frutos, hasta posibilitar la adquisición de una vivienda propia o el logro de mejores condiciones de vida gracias a una buena administración.

        Y es que el saber lo que se desea o hacia dónde se quiere llegar, obliga paulatinamente a la evaluación, planeación y organización de las actividades que permiten construir el destino deseado. Las familias que alcanzan dicho destino lo hacen gracias al esfuerzo, la organización y el conocimiento claro de lo que se quiere. Los buenos resultados no se deben a la suerte.

            Existe una gran similitud entre la familia, las organizaciones públicas y empresas, y también en el plano individual. En estos espacios, los administradores, los proveedores, los usuarios, beneficiarios o la persona misma son en cierta medida todos los miembros de la organización, quienes conviven y toman decisiones dependiendo del rol que cada circunstancia les lleva a jugar. Lo anterior, por otro lado, contrasta con lo que sucede en las empresas privadas, en donde hay una clara demarcación entre propietarios, administradores, proveedores y clientes, quienes desempeñan estrictamente el rol particular que su posición les obliga a desarrollar. La administración de una organización pública parte de principios totalmente diferentes a aquellos que fundamentan la administración de las empresas. Sin embargo personas, familias, organizaciones públicas y empresas dependen por igual de la claridad de la visión del rumbo futuro deseado para alcanzar plenamente el éxito esperado.

            Conocer el rumbo deseado para una organización no es una acción simple. Por el contrario, se logra mediante la suma de varias acciones que llevan a definir el qué, el cómo, el quién y  el cuándo. Esto  exige un claro conocimiento de la identidad institucional y su misión como organización publica, la visión de futuro, los principios y valores y los responsables de ejecutar las acciones estratégicas planeadas. Así, el rumbo institucional se construye como una suma de procesos que conforman la cultura organizacional y que provienen de un proceso constructivo, no de un conjunto de recetas de cocina que puedan seguirse para construir el futuro deseado. No fue la suerte lo que ha permitido a las organizaciones exitosas alcanzar el triunfo sino, al igual como ocurre en las familias, su capacidad para construir el futuro a partir del conocimiento del rumbo que se desea.

Acerca del Autor

Jorge Alberto Vale Sánchez

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