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Cultura empresarial: TODOS: JUNTOS Y UNIDOS

Escrito por Jorge Alberto Vale Sánchez en Sábado, 30 Noviembre 2019. Publicado en Columnistas, Columnistas BCS , Cultura Empresarial, Cultura Empresarial, Cultura empresarial , Desarrollo humano, Desarrollo organizacional, Jorge Alberto Vale Sanchez, Jorge Alberto Vale Sanchez

Siempre me han sorprendido gratamente los circos. Recuerdo que en las diferentes ciudades pequeñas donde he vivido, la visita temporal de un circo llenaba de energía y magia los pocos días de su estancia. De niño me encantaba la magia, el vestuario, los riesgos, las transformaciones y las risas que en cada variedad encontrábamos con la presencia de los trapecistas, los payasos, los grandes hombres que con sus dientes jalaban pesados elefantes y, desde luego, la bella domadora de fieras temibles: leones, tigres o panteras.  En el momento climático, el asombro y la expectativa nos llevaban a sentir que el miedo recorría nuestro cuerpo y que nuestras carcajadas liberaban la energía acumulada durante todo el espectáculo.

            Sin dejar de admirar la variedad circense, desde otro punto de vista me sorprenden especialmente elementos maravillosos de esa actividad tan singular. Por la mañana, al manejar hacia mi trabajo paso por algunos lotes baldíos que son utilizados por los circos cuando visitan nuestra ciudad y es sorprendente observar que el terreno que por la mañana se observa vacío, para la hora de la comida refleja una gran actividad de hombres y mujeres trabajando con sus grandes camiones, jaulas y lonas. Incluso ese mismo día por la noche, al pasar de nueva cuenta de regreso a casa, es grato ver un circo completamente instalado con sus luminarias, sus altavoces y la gran afluencia de niños y adultos comprando globos, palomitas, máscaras, haciendo largas filas para ver el mágico espectáculo. Impresionante es ver la función, cuando quien era el conductor del camión de las jaulas actúa ahora frente a nuestros ojos como trapecista, llenando de emoción nuestro cuerpo con cada uno de sus movimientos. De igual forma sorprende ver que quien por la tarde alimentaba a los animales por la noche, vestido de gala, conduce el programa, amenizando y guiándonos a lo largo del espectáculo. Sorprende todavía más que en la función de cierta noche, cuando la estrella principal no pudo presentarse, la modificación del programa sea imperceptible gracias al trabajo que todos los artistas entregan en sus actuaciones.

            Reflexionando sobre lo anterior uno se logra dar cuenta, que un trapecista solo, o un payaso solo, o bien un electricista o cargador de jaulas, por sí mismos no son el circo. Por el contrario, es la suma de esfuerzos, el trabajo conjunto en los diversos roles y actuaciones los que colectivamente generan la magia alrededor del gran espectáculo. Y que, además, el enfoque y claridad de lo que cada persona debe realizar dentro del trabajo en equipo permiten que de la mañana a la noche podamos apreciar la aparición del espectáculo con todo su brillo, sus actores, sus animales, etcétera.  Gracias al trabajo que todos juntos y unidos realizan es como la variedad puede realizarse, bajo una organización donde algunos hacen ciertas funciones específicas y otros actúan en una diversidad de ellas.

            Algo semejante sucede en nuestras organizaciones públicas, ya que en el momento en que todos, juntos y unidos, dirigimos nuestra energía hacia un mismo objetivo, alcanzamos en un corto plazo los retos planteados. Es común que en las organizaciones existan personas que actúan bajo un rol específico y también algunas otras que participan con roles múltiples, e incluso algunas cuya actividad parece imperceptible ante los demás. El trabajo dentro de la organización de un solo individuo es de vital importancia para la misma, pero su fortaleza llega con la suma de todos y cada uno de los participantes, independientemente de su posición, rol o actividad. Ello se debe a que dentro de la organización no hay quien haga todo y tampoco hay quien nada haga, aunque a los ojos de cada quien su trabajo y su rol pueda parecer el que más actividad representa o cuya falta pueda poner en peligro a la institución. La fortaleza de un equipo de trabajo disminuye en la medida que cada uno de sus miembros orienta su trabajo individual exclusivamente desde su visión y misión particular o personal. Por el contrario, cada vez que logramos unir nuestro enfoque y energía todos, juntos y unidos, hacia el mismo objetivo, tanto la institución como cada individuo incrementan su productividad.

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Jorge Alberto Vale Sánchez

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