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Eduardo Chillida B. ¡Qué lección!

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Martes, 04 Noviembre 2014. Publicado en Anécdota, Noticias, Opinión, Política, Sociedad

En medio de los acontecimientos traumáticos que vive nuestro país, que dejarán marcadas para siempre a las generaciones de hoy y que tanto daño le han hecho al Gobierno y a la sociedad en general, pero sobre todo a los jóvenes a los que el grito, la violencia y las palabras muerte, sangre y desaparición los volvieron adultos prematuramente, ellos tendrán que aprender también un vocablo que el diccionario ha aceptado ya en sus añejas páginas. 

Esta palabra es "Resiliencia". Tiene dos connotaciones o variables: en Psicología, es la "Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas" y en las Ciencias mecánicas la "Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación". Se estila también hablar de resiliencia de las comunidades, pueblos o ciudades que han sufrido fenómenos devastadores como ocurrió con el Huracán Odile en Los Cabos y que tardarán años en lograr la plena resiliencia como sucedió al DF con el temblor del 85.

Me vino a la mente este término al ver un amplísimo reportaje que publicó este jueves el Diario Vasco, donde aparece el extraordinario artista Eduardo Chillida Belzunce sentado en una banqueta junto a su hermano Luis y Pedro Hernández en una foto a todo color en plena playa de San Sebastián, que parece surrealista u onírica. Vuestras mercedes lo definirán. El hecho es que ese pintor, escultor, diseñador Eduardo Chillida es un ejemplo vivo, una lección conmovedora y brutal para todos los que han afrontado adversidades de las duras, porque de las "light", todos nos las hemos despachado.

Hoy, quienes compran un cuadro o una escultura de Eduardo en NY, en Frankfurt, o en Sotheby's de Londres por 300 mil o medio millón de euros no se imaginan la vida de leyenda que ha tenido el prestigiado artista. Hace unos treinta años, el jovencito Chillida Belzunce, la pasaba bien como estudiante diario e informal de las artes porque había heredado la vocación y genes de su padre homónimo y éste le transmitía de manera paradigmática sus habilidades. El gran pintor vasco quien había sido brillante también como portero del más famoso equipo de futbol le compró una veloz motocicleta a su hijo predilecto. Ya se imaginará usted.

El joven Eduardo Chillida Belzunce que era un fortachón, simpático y apuesto que se la pasaba pintando, esculpiendo o haciendo ejercicio en las paralelas o con las pesas y aprendiendo matemáticas y demás en "el Cole" se puso un soberano trancazo en la motocicleta que lo dejó paralítico y sin habla durante meses y meses, que parecían teñidos de dolorosa infinitud para su madre la preciosa y noble Doña Pilar. A partir de ese día, ella no se le despegó y con la magia y milagro que el amor da, lo fue reconstituyendo psíquicamente mientras los osteólogos, los ortopedistas y todo jaez de Esculapios de Epidauros se encargaban de la parte física. La resiliencia de que hablábamos. 

Tú volverás a pintar, le animaba Doña Pilar a un joven que quedó inutilizado de su brazo derecho, con el que matizaba lienzos o moldeaba yesos para fundir en bronce. Empezó a intentarlo con el brazo izquierdo, sin decir muchas palabras, pues quedó también con grandes dificultades para hablar. Qué tesón de años para volver a mostrarse como el genial artista que es y hoy al verlo en esa foto y reportaje a dos planas junto a una maravilla de pintura que plasmó sobre la camioneta que correrá en el Rally de Buenos Aires, Argentina, el día de mi cumpleaños en el 2015, me llevó a pensar que veremos correr la obra Edu  Chillida Belzunce a cien kilómetros por hora en un vehículo piloteado por su hermano Luis. Agreguemos algo de justicia: el apoyo de su esposa Susana Álvarez y de los hijos de ambos, ha sido la razón de su vida plena.

Ojalá México tenga el temple y talante para lograr su plena resiliencia y los niños y jóvenes de hoy nos perdonen por haberles dejado tanta violencia carmesí.
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Ramón Ojeda Mestre

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